22/02/2016, 12.24
RUSIA-VATICANO
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Francisco y Kirill: después de Cuba, es hora de dar pasos concretos

de Sergei Chapnin

El abrazo entre el Papa y el Patriarca de Moscú muestra el deseo del testimonio común. Las fuertes resistencias de los conservadores ortodoxos, que acusan al patriarca de “herejía”. La mediación sobre la cuestión de los “uniatos”. Profundizar el diálogo teológico y la colaboración en “proyectos comunes”. Que se vuelvan regulares los encuentros entre Roma y Moscú.

Moscú (AsiaNews) – El significado simbólico del encuentro entre el  Papa Francisco y el Patriarca Kirill se interpreta sin dificultades: es la aspiración a colmar la brecha entre las Iglesias de Oriente y Occidente y el testimonio común de la unidad del mundo cristiano. Para dicho testimonio, el hecho mismo del encuentro es absolutamente suficiente. No se precisan palabras, bastan los abrazos fraternos. Sin embargo, ocurrió algo más: el Papa y el Patriarca firmaron una declaración conjunta, que contiene intenciones serias por parte de las dos Iglesias, y que abre perspectivas para la futura colaboración.

Quizás, ésta fue la cosa más inesperada. Parecía que el encuentro de dos horas en el aeropuerto cubano no podía conducir a resultados significativos. Fue hecho de todo para rebajar el estatus del encuentro: ni  líderes ni políticos, ni religiosos de semejante nivel, jamás llevaron a cabo un encuentro en un contexto tan declaradamente casual y “técnico”. El protocolo eclesiástico implica el desarrollo de los encuentros de alto nivel en catedrales o grandes monasterios, en las residencias, en santuarios o en lugares de peregrinación.

En cambio, de improviso, el patriarca Kirill rompe con el abordaje habitual y elige para el encuentro un sitio inesperado: Cuba. Además, el encuentro se desarrolló como si fuese en un lugar neutral, un aeropuerto, pero también en este caso no puede rehuirse de la carga simbólica. El aeropuerto lleva el nombre de José Martí: el poeta cubano modernista y revolucionario, líder del movimiento de liberación. Todavía hoy lo llamamos “el apóstol de la independencia”. ¿Es una coincidencia o el patriarca ha querido decir algo? Tal vez en América Latina un gesto semejante suscite más comprensión y empatía, pero para los ortodoxos en Rusia resulta cuanto menos extraño.

En los comentarios de los representantes oficiales, en la vigilia del encuentro, más de una vez fue subrayado que el Papa y el Patriarca no habrían de tener plegarias en común y que no discutirían acerca de cuestiones teológicas. Por una parte, esto es comprensible; las partes han decidido no molestar a los fundamentalistas ortodoxos, que en todo esto ven un apartarse de la ortodoxia y una desviación rumbo a la herejía.  De cualquier modo, es una posición débil: es extraño e innatural  que los primados de las Iglesias, que profesan una única fe en la Santa Trinidad, que se manifiesta, y no en último término, a través de la plegaria, hayan rechazado, de manera anticipada, rezar juntos durante el encuentro.

Sin embargo, al inicio de la declaración conjunta, las partes “deploran la pérdida de la unidad” y, con disgusto, hablan del hecho de que, no obstante la Tradición común de los 10 primeros siglos, católicos y ortodoxos, desde hace casi 1000 años, son privados de la comunión en la Eucaristía. Este problema es tan sólo constatado, no se prevén pasos sucesivos de ningún tipo, pero el claro reconocimiento de la falta de comunión eucarística entre las Iglesias es una declaración importante y en la misma hay un evidente contexto teológico. En esto veo una alusión precisa al hecho de que la problemática teológica en el diálogo católico-ortodoxo sigue en pie y no puede ser ignorada.

 

La Declaración común y los uniatos

La declaración adoptada es un documento complejo y más amplio de cuanto podía esperarse. En la misma se observa un equilibrio de intereses, y es evidente que las Iglesias han hecho concesiones recíprocas para alcanzar un acuerdo sobre el texto.  

La primera cosa para destacar es la suave e incluso hasta ambigua respecto a la Iglesia greco-católica ucraniana (UGKC). El Patriarcado de Moscú señaló, durante muchos años, el conflicto entre ortodoxos y greco-católicos en Ucrania occidental como uno de los principales obstáculos para el encuentro entre el Papa y el Patriarca.

El Patriarcado de Moscú tuvo una posición rígida y, en efecto, no constructiva, pretendiendo la condena no sólo del uniatismo como instrumento de unificación, sino también de la actividad de la comunidad greco-católica. Para el Vaticano era inaceptable, siendo que la Iglesia greco-católica forma parte del catolicismo romano y es difícil imaginar cómo podría condenarla.

La lista de las acusaciones contra la UGKC  es bastante larga: proselitismo entre los ortodoxos, retórica anti-rusa, contactos con los cismáticos del ‘Patriarcado de Kiev’ y la intención de reconocer su bautismo, la declaración unilateral de volverse Patriarcado, etc.[1]

 Sin embargo, el Patriarcado de Moscú suavizó notablemente su posición: el prolongado conflicto entre ortodoxos y greco-católicos fue llamado, de manera más soft, “tensiones”. Las partes reconocieron que el método del uniatismo (la obediencia de las comunidades ortodoxas al obispo de Roma, si bien manteniendo el propio rito y las propias instituciones jurídico-eclesiásticas) no representa el “modo para restaurar la unidad”. Como ha hecho notar justamente el pro-rector de la academia espiritual de Kiev, Vladimir Bureg, se trata prácticamente de la repetición, palabra por palabra, del acuerdo de Balamand de 1993. [2]

Más adelante en el texto se encuentra otro importante reconocimiento, también éste asociado al documento de Balamand, pero que no era repetido desde hace tiempo: “Las comunidades eclesiales aparecidas en estas circunstancias históricas tienen el derecho a existir, y a emprender todo aquello que sea necesario para satisfacer las exigencias espirituales de sus fieles”. Este párrafo ya ha suscitado la insatisfacción para ambas partes: tanto para los ortodoxos fundamentalistas en Rusia, como para los greco-católicos en Ucrania. Sin embargo, en esta fórmula de compromiso se puede hallar el potencial para la cooperación. Se contienen en él tesis importantes en relación al testimonio de los cristianos en el mundo moderno.

Lo que une a las Iglesias no es sólo el pasado, sino también el presente. Y en primer lugar, se trata de los modernos mártires cristianos. El testimonio de Cristo en el mundo contemporáneo está vinculado a un estar dispuesto a morir por la propia fe. Es terrible, pero lamentablemente es una formación totalmente justificada.

Un discurso aparte amerita el análisis de los temas puestos de relieve en relación a la situación en Ucrania y en Medio Oriente. Es digno de remarcar el hecho de que no haya mención de las acciones militares como posible método para la solución de los problemas. Anteriormente, la Iglesia ortodoxa rusa se había expresado apoyando las acciones militares de Rusia en Siria. Aquí, no se hace mención de ello, en tanto se habla solamente de ayuda humanitaria. Se puede decir que el patriarca aprueba la posición del Papa. Al mismo tiempo, sobre el Conflicto en Ucrania, se habla en términos significativamente más suaves y vagos.

Los problemas de la familia, la justicia social y la bioética son resueltos de un modo tradicional y son reclamados, muy probablemente, para garantizar el espacio para un ulterior diálogo.

 

¿Patriarca “hereje”?

¿Cómo describir la nueva configuración de las relaciones entre católicos y ortodoxos? Actualmente, al hacer estimaciones se requiere prudencia. El Papa ha llamado al documento carta pastoral, no obstante el hecho de que en ella se hayan afrontado problemáticas tanto sociales como políticas.. El encuentro del Papa Francisco y el patriarca Kirill a algunos ha dado esperanza,  mientras que para otros de ha convertido en símbolo de la “derrota” de la ortodoxia rusa, e incluso el pretexto para acusar al patriarca de herejía.  Las voces de éstos últimos, que se han expresado contrarios al encuentro del Patriarca con el Papa, y en contra de la declaración conjunta, resuenan de una manera mucho más fuerte. El frente de estos detractores es bastante amplio: se trata tanto de monjes que viven en el Monte Athos, como de sacerdotes y laicos, de líderes de grupos fundamentalistas  e incluso del profesor de un importante ateneo ruso.

La situación es complicada por el hecho de que el patriarca Kirill, literalmente 10 días antes del encuentro, insistió sobre la canonización del arzobispo Serafim (Sobolev), que a mediados del siglo XX tenía una posición fuertemente anti-ecuménica: “En la cuestión ecuménica, no debemos perder de vista el hecho de que, en el origen del movimiento ecuménico desplegado ante nosotros, no están solamente los enemigos ancestrales de nuestra Iglesia ortodoxa, sino el padre de todas las mentiras y perdiciones, el diablo. En el siglo pasado, suscitando en la Iglesia todo tipo de herejías, quiso destruir a la Santa Iglesia a través de la mezcla de los ortodoxos con los herejes. Esto mismo lo hace actualmente por medio del ecumenismo, con sus inagotables capitales masónicos”. [3]]

El patriarca Kirill ha dado la posibilidad a sus críticos de usar contra sí mismo los textos del nuevo Santo. ¿Por qué el patriarca se ha ocupado de esta canonización en la vigilia del encuentro con el Papa? Ha sido algo casual, o bien ha enviado una señal a los católicos: tomamos también en mucha consideración a los críticos de los contactos ecuménicos.

 

Viabilizar “proyectos comunes”

Por último, la pregunta clave: ¿cuál es el estatus del documento firmado? De dicha respuesta depende el destino del diálogo católico-ortodoxo. Para los católicos, el estatus es claro: es un documento firmado por el Papa y expresa la posición de la Iglesia católica romana. Pero no todo es tan claro desde el punto de visto del estatuto de la Iglesia ortodoxa rusa. El Patriarca habla en nombre de la Iglesia en caso de que tenga la autorización de los obispos o al menos del Santo Sínodo. Pero ni el Concilio ni el Sínodo han dado su autorización para este encuentro, ni han discutido el proyecto de la declaración.

Por otro lado, el patriarca Kirill ha hecho todo lo posible para que el Concilio de los obispos no supiese acerca de este encuentro  y el anuncio fue dado dos días después de concluido el mismo Concilio, cuando la mayor parte de los obispos ya había partido. Los comentaristas del ámbito de los fundamentalistas sostienen que el Patriarca ha firmado este documento a título suyo, como un mero sujeto privado.  Pero esto, ciertamente, no es así. Lo más probable es que se utilice la práctica que es común en estos casos: los miembros del Sínodo, en su próxima reunión, aprobarán tanto en encuentro como la declaración conjunta.

¿Cuál de las dos temáticas se convertirá en la principal: la socio-política la puramente eclesiástica?  Para el patriarca, ante todo, es importante no hablar mucho de cuestiones eclesiásticas, Pero esto entra en grave conflicto con la interpretación,  tanto de los católicos como de los fundamentalistas ortodoxos. Paradójicamente, sus posiciones son similares: tanto el hecho del encuentro como la firma de la declaración hacen entender que el diálogo teológico no puede ser evitado, y que los discursos sobre el reacercamiento no pueden estar limitados tan solo a la problemática socio-política. La diferencia es que los católicos valoran la situación de una manera positiva, mientras que los fundamentalistas ven en ella tonos apocalípticos.

Son necesarios pasos ulteriores. En particular, un registro  más detallado que dé cuenta de  qué son estos “proyectos comunes”, de los cuales ha hecho mención el Papa, aunque brevemente, en La Habana.  Si éstos ya han sido elaborados, es necesario darles curso, si no lo están, es necesario prepararlos con urgencia o, cuanto menos, identificarlos de manera clara.

La declaración quedará sólo en los papales si a ella no sigue un amplio y abierto desarrollo de las relaciones entre católicos y ortodoxos en todos los niveles: a nivel de la Iglesia oficial, de las diócesis y parroquias individuales, y a nivel de las relaciones personales entre los miembros de la Iglesia ortodoxa y la católica romana. Además, los encuentros entre el Papa y el Patriarca han de volverse regulares.

 

 


[1] Los embates de los uniatos contra Rusia y la Iglesia rusa no promueven el diálogo entre nuestras Iglesias  URL: http://www.interfax-religion.ru/?act=interview&div=397 (en ruso)

 

[2] Vladimir Bureg. Ucrania a través de los ojos del Papa Francisco y del patriarca Kirill URL: http://society.lb.ua/life/2016/02/16/328040_ukraina_glazami_papi_frantsiska.html (en ruso)

 

[3] Arcivescovo Serafim (Sobolev). ¿Precisa la Iglesia ortodoxa rusa participar en el movimiento ecuménico? Intervención leída en ocasión de la conferencia pan-ortodoxa de Moscú en 1948. URL: http://azbyka.ru/otechnik/Serafim_Sobolev/nado-li-russkoj-pravoslavnoj-tserkvi-uchastvovat-v-ehkumenicheskom-dvizhenii (en ruso) 

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