13/03/2018, 10.07
SIRIA

Hermanos Maristas de Alepo: para los cristianos sirios, la solidaridad vence los horrores de una guerra infinita

El ejército turco prosigue la ofensiva anti-kurda en el norte y rodea Afrin. Al menos mil personan necesitan atención médica con urgencia en Guta oriental, el enclave rebelde situado en la periferia de Damasco. El conflicto continúa y el “cauto optimismo” de llegar a la paz cede el lugar a un “creciente pesimismo”. Frente a la muerte y al miedo, el compromiso de los cristianos en favor de la paz, la justicia y el perdón.

Alepo (AsiaNews) - El “cauto optimismo” que siguió a la liberación de Alepo y  la relativa calma en Damasco y en otras ciudades de Siria, “se ha ido transformando en un creciente pesimismo”, que ahora se convertido en un “embrollo imposible de desenmarañar”. Es lo que escriben en la carta número 32, que llegó a AsiaNews para su difusión, los hermanos maristas azules de Alepo, al analizar la situación que rige actualmente en el país, a siete años de haberse iniciado el conflicto. “Con el ejército turco en el noreste, el ejército americano que sostiene a las milicias kurdas, en el noreste, las incursiones israelíes en el sur y la situación en Damasco y Guta, no quedan muchos motivos para ser optimistas” –agregan.  

Precisamente en estas horas, el ejército turco habría rodeado la localidad de mayoría kurda de Afrin, el objetivo final de una imponente ofensiva emprendida en enero, que ya ha causado cientos de víctimas y heridos, incluso entre la población civil. En tanto, se torna cada vez más crítica la situación en Guta oriental, el enclave rebelde situado en la periferia de Damasco que está sitiado por gobierno. Mientras esto ocurre, Fuentes de las Naciones Unidas afirman que al menos mil personas, en su mayoría mujeres y niños, necesitan recibir atención médica urgentemente

Ante estas noticias de “muerte y miedo”, los cristianos sirios vuelven a volcarse al compromiso en favor de la vida, la paz, la convivencia entre las distintas almas que componen el país árabe, que otrora fue modelo de cultura y desarrollo económico en la región. En la carta también se ataca el relato que hace Occidente sobre la guerra, haciendo eco de las monjas trapenses, cuya carta fue publicada días atrás, y los Maristas azules recuerdan numerosas iniciativas –tanto a nivel económico como social y sanitario- emprendidas en favor de la población. Con el deseo de que la Pascua pueda ser fuente de una renovada paz, de justicia y de perdón.    

 

Alepo fue liberada en diciembre del 2016 y, desde entonces, los bombardeos han cesado, las carreteras cortadas se han reabierto, el suministro de agua llega con bastante regularidad a todas las casas y la electricidad sigue estando racionada. Hay gente que se desplazó a zonas del interior y que intenta volver a sus casas en los barrios orientales de la ciudad. Los pequeños comerciantes van abriendo sus negocios. En algunos barrios ya se han retirado todos los escombros. Y es ahora cuando nos damos cuenta de la desolación que ha vivido el pueblo bajo la presión de elementos armados como el “Frente Al Nusra” o el “Daesh” islámico. 

Varios focos bélicos se mantienen en el país.

Me gustaría puntualizaros la situación de Afrín, una ciudad del noroeste de Siria, poblada mayoritariamente por kurdos, y fronteriza con Turquía. Hace unos meses, el presidente turco declaró la guerra a los kurdos: el ejército invadió el territorio sirio con ataques aéreos muy mortíferos y con una ofensiva por tierra. Ahora ocupan unos cien pueblos en torno a Afrín, que ha quedado asediada. En Damasco, la situación es gravísima. Hace ya varios años que los elementos armados del “Frente Al Nosra”, con otras milicias, ocupan toda la zona de Damasco llamada La Guta. Estos yihadistas no cesan de bombardear los suburbios de Damasco, matan a civiles y destruyen todo.

Después de la liberación de Homs, Alepo y Deir-el-Zor, el ejército sirio decidió liberar este enclave. Esta guerra de liberación ha provocado muchos muertos, heridos y sufrimiento entre los civiles, que se convirtieron en rehenes de los yihadistas; lo lamentamos profundamente. Pero no debemos olvidar que los ataques aéreos del ejército americano que ayudaron a liberar Mosul y posteriormente Raqqa, causaron muchas más víctimas civiles.

Y, como de costumbre, cada vez que los elementos armados estrechan el cerco, los medios de comunicación occidentales empiezan a hablar de crisis humanitaria, de ataques químicos, para preparar la opinión internacional ante una posible intervención militar contra el gobierno sirio. Ofrecen una imagen parcial de lo que está ocurriendo. En las redes sociales, abundan imágenes fabricadas o copiadas de otras guerras; fotografías que no muestran más que niños y civiles; nunca personas armadas, objetivo de la ofensiva. 

El prudente optimismo que teníamos hace algunos meses respecto al final de la guerra y al restablecimiento de una paz verdadera, se ha transformado en creciente pesimismo, pues la situación en Siria se ha convertido en un embrollo imposible de deshacer. Con el ejército turco en el noroeste, las tropas americanas, que apoyan a las milicias kurdas, en el noreste, las incursiones israelíes por el sur, y la situación en Damasco y la Guta, no quedan motivos para ser optimista. 

Si me he alargado hablando de la guerra en los inicios de esta carta, no es porque quiera mostrar un rostro de muerte y de miedo; al contrario: quiero hablar de la fuerza vital que tiene el pueblo sirio. ¡Queremos vivir, y vivir con dignidad! ¡Vivir en paz! ¡Vivir libres de toda opresión! ¡Vivir lejos del sufrimiento! 

Afortunadamente, hay soles que vienen a rescaldar nuestra vida y a iluminar nuestra vida cotidiana un tanto sombría. Uno de esos soles es Sumaya Hallak, una joven suiza, originaria de Alepo, nieta de un gran poeta de aquí. Vino a estar ocho días con nosotros y para nosotros. Junto a Marie-Laure, realizadora, y Sawsan y Rand, dos muchachas que estudian en el conservatorio en Damasco, Sumaya se ha encargado de la animación, mañana y tarde, de talleres de canto, de danza y de terapia ante los traumas de guerra, para todos nuestros grupos: los niños de “Aprender a crecer” y de “Quiero aprender”, los adolescentes del “Centro de habilidades”, las señoras del proyecto “Desarrollo de la mujer”, y todos los monitores y monitoras. Sumaya nos ha traído alegría y un poco de felicidad. Ha prometido que volvería en abril y en verano. 

El proyecto “Educación y desarrollo de la mujer” es una fuente de gozo y de orgullo para nosotros. Treinta mujeres de más de 30 años, y otras tantas muchachas más jóvenes, participan dos veces por semana en talleres interactivos sobre temas que les interesan: cómo gestionar un presupuesto familiar, el reciclado de los alimentos, el matrimonio precoz, la higiene y los trastornos ginecológicos, etc. Las participantes vienen de diferentes contextos, y han ido creando entre ellas unas relaciones muy fraternas. Se las ve tan felices que ninguna se ausenta. El curso dura dos meses; lo volveremos a organizar con otras participantes. 

Con el “MIT” y el proyecto “Job”, colaboramos en la reconstrucción de las personas, de las familias y del país. Además de los talleres de tres días que llevamos organizando hace ya más de cuatro años, la semana pasada empezamos la 5ª sesión del tema “Cómo crear tu propio mini-proyecto”. Veinte adultos van a dedicar 42 horas a aprender y a aplicar los elementos básicos de estimación de costes, rentabilidad, marketing… a su propio proyecto.  Nosotros, los Maristas Azules, financiamos los mejores proyectos utilizando criterios de viabilidad, de rentabilidad, de durabilidad y de creación de empleo. 

Hemo tenido nuestra  4ª ceremonia de entrega de diplomas; esta vez correspondió a diez señoras que, durante cuatro meses, han participado en las sesiones de nuestro proyecto “Corte y Confección”. Ya han adquirido la destreza necesaria para lanzarse al mercado laboral, y también para contribuir a sus necesidades familiares.

Nuestro proyecto de reciclado de ropa “Heart Made” va de maravilla. Ante todo, da trabajo a 11 personas; y los modelos que salen del taller son verdaderamente magníficos; se venden en una tienda del centro de la ciudad, lo que nos permite la autofinanciación del proyecto. 

El “Programa médico” ayuda a financiar las 150 prácticas médicas por mes: operaciones de cirugía, hospitalización, recetas, análisis de laboratorio, rayos X, que los enfermos, empobrecidos por la guerra, son incapaces de pagar. 

La “Gota de leche” contribuye al crecimiento físico y mental de unos 3.000 niños de menos de 11 años, proporcionándoles leche cada mes. 

Nos acercamos a la Pascua, tiempo de celebrar la muerte y resurrección de Cristo. Todos estamos invitados a orar al Señor de la vida para que nos dé “su PAZ”: una Paz de justicia y de perdón, una Paz que acepta al otro tal cual es, una Paz que tiende la mano, una Paz que rechaza la violencia, una Paz que se traduce en gestos de misericordia, una Paz que toca el corazón de piedra de las personas para transformarlo en corazón de carne, una Paz que anuncia la civilización del amor, una Paz que realiza en nuestra tierra la voluntad de Dios.

Os deseamos que viváis esa Paz y que, a través de vosotros, se irradie en nuestro mundo

 

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