03/10/2016, 13.43
RUSIA-VATICANO
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Iglesia ortodoxa rusa: la colaboración entre ortodoxos y católicos hoy es más importante que nunca

de Marta Allevato

Entrevista con el hiero-monje Stefan (Igumnov), secretario para las relaciones del Departamento para las relaciones eclesiásticas exteriores del Patriarcado de Moscú. El reciente acuerdo sobre el primado y la colegialidad firmado en Chieti. Las dificultades del Sínodo pan-ortodoxo. El recuerdo del abrazo entre el Papa Francisco y el patriarca Kirill en La Habana.

Moscú (AsiaNews)- Una colaboración a todo campo entre ortodoxos y católicos para  que haya “fuerzas de paz” y “puntos de referencia moral” en un mundo marcado por conflictos armados, terrorismo, persecución, consumismo y materialismo. Es cuánto se augura el hiero-monje Stefan (Igumnov), secretario para la relaciones entre cristianos del Departamento para las relaciones eclesiásticas exteriores del Patriarcado de Moscú. En una entrevista con Asianews, él explica el valor del acuerdo firmado en Chieti sobre el primado y la colegialidad. Y habla también sobre las dificultades presentes en las iglesias ortodoxas. El encuentro del Papa Francisco con el patriarca Kirill en Cuba es el evento que ha catalizado el incremento de relaciones fraternas entre Moscú y Roma. A continuación, la entrevista completa.

¿Cuál es el significado, para la iglesia ortodoxa rusa, de la adopción del documento sobre el primado y la colegialidad, sucedida en la última sesión plenaria de la Comisión mixta en Chieti?

La adopción del documento es el resultado de muchos años de discusión de la Comisión mixta para el diálogo entre la Iglesia católica romana y la ortodoxa, sobre los temas que se refieren a los principios de la colegialidad y del primado en tiempos de los cristianos del primer milenio de nuestra era. Esto testimonia que, en aquel tiempo, la actitud hacia esta cuestión, en Occidente y Oriente, era un poco distinta, pero esta diferencia no abolió la fundamental unidad de los cristianos. De este modo, la experiencia del primer milenio es nuestro patrimonio común y el documento firmado pone una sólida base por el desarrollo ulterior del diálogo ortodoxo-católico. La Iglesia ortodoxa rusa es uno de los participantes más activos en este diálogo y es siempre fue la fuerza que promovió tal proceso, no obstante las dificultades nacidas en su interior y que a veces parecían insuperables.

¿Por qué justo ahora fue posible lograr un acuerdo sobre el documento?

La adopción del documento, en los años precedentes, fue frenada porque el proyecto entonces no reflejaba la posición general de las Iglesias, pero sólo una de las posiciones presentes en el interior del debate teológico. El texto actual se basa sobre la tradición, para nosotros común, de la Iglesia no dividida y sobre fuentes que son reconocidas por ambas partes. De este modo, el documento puede ser no una ulterior materia de divisiones e infinitas disputas teológicas, sino la base de un progreso de nuestro diálogo.

¿Cómo puede ayudar esto a desarrollar las relaciones con la Iglesia católica?

La relación entre ortodoxos y católicos hoy se está elevando, también gracias al hecho que hemos logrado el diálogo teológico. Pero las relaciones se refieren también a muchos otros aspectos. Si se habla de la colaboración de la Iglesia ortodoxa rusa con aquella católica romana, entonces estos se están desarrollando en dirección como la colaboración en la esfera académica, cultural y humanitaria, en la cuestión de la defensa de los valores tradicionales en la sociedad y del apoyo a nuestros hermanos que viven situaciones de peligro, en diversas regiones del mundo. Justamente estos dos últimos temas estuvieron en el centro del histórico encuentro del patriarca Kirill con el Papa Francisco, en La Habana en febrero de este año. Los líderes de las dos más grandes comunidades cristianas han firmado un documento, en el cual se da una respuesta a las preguntas sobre las causas de la crisis global en el mundo y lanza un pedido a unirse en la lucha contra esto, que amenaza la l existencia de la civilización humana misma. A mi parecer, este documento representa el cuadro de referencia para una colaboración más amplia entre los líderes religiosos de todo el mundo. Como lo han evidenciado, por ejemplo, los jefes de las Iglesias de Oriente Medio, el encuentro de Cuba, fue un signo de esperanza y dio ya un impulso a la activación de una mayor cooperación entre ellos.

Después del Sínodo pan-ortodoxo de Creta, ¿cuál es hoy la relación entre la Iglesias ortodoxas?

El mundo ortodoxo está viviendo hoy un período muy interesante de su historia. Están reviviendo mecanismos de la realización del principio de conciliaridad en una nueva fase, con condiciones cambiadas respecto a los siglos en los cuales fueron convocados los últimos Sínodos pan-ortodoxos. Se trata de un proceso facetado y  ciertamente en su camino se encuentran dificultades. Lamentablemente, en Creta no se realizó un Sínodo pan-ortodoxo. Sin embargo, el proceso pre-conciliar no se detuvo y continuará, para que las Iglesias ortodoxas puedan resolver las controversias existentes entre ellas y dar una respuesta única a los desafíos que hoy debe enfrentar la humanidad.

¿Cuáles son los desafíos que los cristianos deben enfrentar hoy en su misión en el mundo moderno? ¿Cuál puede ser, en este sentido, la dirección del desarrollo de la colaboración con los católicos?

Hoy el mundo está atravesando una profunda crisis, que golpea a muchos aspectos de nuestra vida. Se multiplicaron los conflictos armados, que amenazan degenerarse en un enfrentamiento global entre las grandes potencias; se difundió un fenómeno como el terrorismo; se elevan las divisiones sociales; no está resuelto el problema del hambre y de las enfermedades; no se neutralizó la amenaza de una catástrofe ambiental. Uno de los motivos principales de estos problemas es el haber sembrado en la sociedad el culto del consumismo, la oposición entre bienestar material al espiritual. En estas circunstancias, los cristianos están llamados a testimoniar al mundo los valores verdaderos, a realizar el rol de las fuerzas de paz y a ser la “sal de la tierra”. Las Iglesias deben responder a esta alta llamada. Lamentablemente, a menudo vemos que los mismos cristianos pierden la brújula espiritual, son influenciadas por el espíritu pernicioso de los tiempos, como por ejemplo sucede con las doctrinas de algunas Iglesias protestantes, que han erosionado el concepto de moral cristiana.

La Iglesia ortodoxa y la católica permanecen como  fortaleza de la moral tradicional y sienten sus responsabilidades por el futuro de la civilización. Han mantenido su potencial de fuerzas de paz y representan un punto de referencia para aquellos que no quieren sofocar la voz de la conciencia en el propio corazón y quieren cambiar en mejor nuestro mundo. En este sentido, jamás como ahora se pide una colaboración entre ortodoxos y católicos sobre las cuestiones más ardientes de la contemporaneidad.

 

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