23/08/2016, 14.34
FRANCIA - ISLAM
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Joven musulmán: Soy muy pesimista sobre una reforma del islam

de Kamel Abderrahmani

Durante siglos, el islam ha permanecido cerrado y ha generado una “ignorancia sagrada” que bloquea toda pregunta y desarrollo posible. A dicho estancamiento está contribuyendo hoy el “clero” islámico, así como los Estados árabes, que han decidido hacer del islam la religión de Estado. Muchos intelectuales, pensadores, religiosos que tratan de reformar el islam, son presa de una caza o bien son expulsados, perseguidos, y sus obras son prohibidas.  

París (AsiaNews) – El autor, una personalidad islámica de 28 años, es originario de Argelia. Estudia Lingüística en Francia y se halla muy comprometido en el debate en torno al islam contemporáneo.  

Desde hace algún tiempo, luego de numerosos hechos trágicos de los cuales se ha atribuido la culpa el terrorismo islamista, cierta élite musulmana ha terminado por tomar conciencia de que hay un peligro real que amenaza no solamente al mundo musulmán, sino al planeta entero. Esta élite ha comprendido que la nueva modalidad de concebir la religión (de una manera wahabita) no cesa de difundirse. Con el terrorismo que se desarrolla a partir de esta práctica, terminarán por destruir toda esperanza de libertad y democracia, e hipotecarán por mucho tiempo el porvenir de los musulmanes.

Mohamed Arkoun ya había advertido que el pensamiento musulmán no se había desarrollado en los últimos seis siglos, y que este retraso constituía un peligro. También había insistido en una relectura del Corán para volverlo más dinámico, pero lamentablemente él no fue escuchado.

Luego de las últimas masacres perpetradas por Daesh [el Estado islámico], un cierto número de pensadores y de imanes se manifestaron públicamente, reclamando por una reforma de la teología para adecuar el islam a nuestra época. Lamentablemente, no existe una autoridad religiosa competente que pueda escuchar este reclamo. Es más, las autoridades wahabitas jamás tolerarán reforma alguna.

Esta situación hace surgir dos preguntas legítimas: ¿Hay necesidad de un clero –como ocurre con nuestros amigos cristianos- para regular este tipo de problemas? La respuesta es sí.  ¿Es posible imaginar y hallar este clero? La respuesta es no. Según me parece, el problema de los musulmanes se resume en estas dos preguntas y respuestas.

Por desgracia, el problema no es solamente religioso. La constitución de todos los Estados árabes afirma en su primer artículo que el islam es la religión del Estado. Semejante artículo es el inicio del problema, porque el mismo no sólo oficializa una religión en detrimento de las demás, sino que también impone una visión arcaica del mundo, basada en una jurisprudencia que figura entre las más obsoletas que existen.

A través de dicha jurisprudencia, los religiosos musulmanes han creado una “ignorancia sagrada”; los políticos la han oficializado; las instituciones la han sacralizado y enseñado en las escuelas, y los pobres niños deben someterse a ella desde los primeros años de la escuela primaria. Por “ignorancia sagrada” entiendo un tabú que rodea al dogma, basado en gran parte en la jurisprudencia. Nadie puede plantear la cuestión de cuál es la razón por la cual se rechaza al otro  [a las otras religiones], ni cuestionar un hadiz [los dichos de Mahoma], aunque éste se halle en flagrante contradicción con la lógica misma del Corán. Es un todo que debe ser tomado así como viene, sin siquiera pestañear.

Por lo tanto, la reforma no es una cuestión que competa sólo a los religiosos. La misma abarca a los políticos y al pueblo en su totalidad. Pero existe una gran paradoja: si, por ejemplo, un político osa hablar de reformas, los religiosos reaccionan lanzando una señal de alarma para denunciar que el islam corre peligro. Si quien habla es un intelectual, ocurre lo mismo: él es acusado de apostasía y es excomulgado. Y si son los religiosos quienes proponen una reforma, inmediatamente son denunciados, rechazados y sus colegas los acusan de estar trabajando para Occidente.

Según me parece, una eventual reforma debe ser el resultado de un proceso intelectual, o más bien de una corriente de pensamiento. Lamentablemente, el intelectual, al estar separado de la base [del pueblo] de la teología vigente, carece de una audiencia. Y no solamente no es escuchado, sino que es combatido por los guardianes del templo y tal vez incluso por los gobernantes. Por ende, para que tenga alguna posibilidad de tener éxito, una reforma debe ser llevada adelante no por uno o más individuos, no importa cuán elevado sea su rango, sino por una institución.  Pero son justamente las instituciones (religiosas y estatales) las que han producido este islam “oficial”, generador de terrorismo y de un rechazo de las otras confesiones religiosas.

Todo esto nos lleva a pensar que las sociedades musulmanas están anestesiadas por una mentalidad que figura entre las más arcaicas, y por una “ignorancia sagrada” que crece a medida que pasa el tiempo, consecuencia de una jurisprudencia centenaria desprovista de toda lógica y de todo espíritu científico.

Para esquematizar, cito a continuación a algunas “víctimas” de esta mentalidad:

1. Mohamed Arkoun, filósofo e islamólogo famoso en todo el mundo, expulsado de su país de una conferencia sobre el pensamiento islámico por dos predicadores islamistas egipcios, El Ghazali y El Qaradawi. Ambos son los padrinos del islamismo radical y del terrorismo.

2. Muhammed Shahrour, ingeniero civil, pensador e intérprete del Corán según las herramientas de la lingüística moderna, rechazado por el sistema político sirio, vomitado por los musulmanes que se encuentran gravemente afectados por la ignorancia sagrada. Sus libros proponen una alternativa al pensamiento islámico tradicional, pero éstos están prohibidos en Arabia Saudita.

3. Ferhan El Maliki, especialista en el islam dinámico, quien se encuentra en prisión y fue expulsado de la enseñanza universitaria por las autoridades sauditas, por su audacia en sus críticas hacia el sunismo y hacia la secta wahabita.

Como puede verse, el problema es  más grave de lo que pueda imaginarse. Es un problema serio y profundo. Cada día los reformistas afrontan obstáculos insorteables, tanto del lado político, como de parte de las autoridades “clericales”, como del pueblo mismo.  

¿Qué hacer frente a esta situación de estancamiento? La pregunta sigue abierta.

 

    Kamel ABDERRAHMANI

    París, 23 de agosto de 2016. 

 

 

A pedido del autor, publicamos a continuación el artículo original en francés.

Paris (AsiaNews) -  Depuis quelques temps, après de nombreux événements tragiques dont s'est rendu coupable le terrorisme islamiste, une certaine élite musulmane a fini par prendre conscience qu'un réel danger guette non seulement le monde musulman mais la planète tout entière.  Cette élite a fini par comprendre que la nouvelle manière de concevoir la religion (à la wahhabite) qui ne cesse de s'étendre et le terrorisme qui se développe à la faveur de cette pratique, finiront par balayer tout espoir de liberté et de démocratie et hypothèqueront pour longtemps l'avenir des musulmans. Mohamed Arkoun avait déjà averti que la pensée musulmane n'a pas évolué depuis plus de six siècles et qu'il y avait danger en la demeure. Il avait aussi insisté sur la relecture du Coran pour le rendre dynamique, mais hélas, il n'a pas été entendu.

Bref, après les derniers massacres perpétrés par Daech, un certain nombre de penseurs, et d'imams, se sont manifestés pour appeler à une réforme de la théologie pour être en adéquation avec notre ère. Malheureusement, il n'existe aucune autorité religieuse compétente pour entendre cet appel. De plus les autorités wahabites ne toléreront jamais une quelconque réforme.

Cette situation amène deux question légitimes : A-t-on besoin d'un clergé comme nos amis chrétiens pour régler ce genre de problèmes ? La réponse est oui.  Ce clergé est-il envisageable ?  la réponse est non. A mon sens, le problème des musulmans est résumé dans ces deux questions-réponses.

Mais le problème n'est pas que religieux malheureusement. Les constitutions de tous les États arabes stipulent en leur article premier que l'islam est religion de l'État. Cet article est le début du problème, parce que non seulement, il officialise une religion au détriment des autres, mais aussi il impose une vision archaïque du monde basée sur une jurisprudence des plus désuètes.

À travers cette jurisprudence, les religieux musulmans, ont créé une ignorance sacrée, les politiques l’ont officialisée, et les institutions l’ont sacralisée et enseignée dans les écoles; le pauvre enfant doit s'y soumettre dès sa première année scolaire. J'entends par ignorance sacrée le tabou qui entoure le dogme basé en grande partie sur la jurisprudence. Personne ne doit poser la question sur la raison du rejet de l'autre ni sur un hadith en contradiction flagrante avec la logique voire même avec le coran. C'est un tout à prendre sans broncher.

Donc, la réforme n'est pas une question qui concerne les religieux seulement. Elle concerne aussi les politiques et le peuple dans son ensemble. Mais il y a un grand paradoxe : si par exemple, un politique s'avise à parler de réforme, les religieux réagissent et tirent aussitôt la sonnette d'alarme pour dire que l'islam est en danger. Si un intellectuel le fait, c'est la même chose, il est accusé d'apostat voire excommunié. Et si des religieux proposent une réforme, ils sont vite dénoncés, rejetés et accusés par leurs pairs, de travailler pour l'occident.

Une éventuelle réforme doit, à mon sens, être le résultat d'un processus intellectuel sinon d'un courant de pensée. Or, l'intellectuel, coupé de la base par la théologie en vigueur, souffre d'un manque d'auditeurs. Et non seulement il n'est pas écouté, mais il est combattu par les gardiens du temple et parfois même par les gouvernants. Aussi une réforme, pour avoir une chance d'aboutir, doit être portée non par un ou des individus, aussi haut soit leur rang, mais par une institution. Or ce sont les institutions, (religieuses et étatiques) qui ont engendré cet islam "officiel" générateur de terrorisme et de rejet des autres confessions.

Ceci nous amène à penser que les sociétés musulmanes sont anesthésiées par une mentalité des plus archaïques et par une "ignorance sacrée" qui s'accroît au fil du temps, conséquence d'une jurisprudence séculaire dépourvue de toute logique et de tout esprit scientifique.

 

Pour schématiser, je cite :

- Mohamed Arkoun, philosophe et islamologue mondialement reconnu, chassé dans son propre pays, d’une conférence sur la pensée islamique, par deux prédicateurs islamistes égyptiens, El Ghazali et El Qaradawi. Tous deux sont les parrains de l'islamisme radical et du terrorisme.

- Muhammed Shahrour, Docteur en génie civil, penseur et interprétateur du coran selon des instruments linguistiques modernes, rejeté par le système politique en Syrie, vomi par les musulmans atteints gravement d'ignorance sacrée. Ses livres qui proposent une alternative à la pensée islamique traditionnelle, sont interdits en Arabie Saoudite.

- Ferhan El Maliki, un spécialiste de l’islam dynamique, emprisonné et limogé de son poste universitaire par les autorités Saoudienne pour son audace de critiquer le sunnisme et la secte wahabite.

 

Enfin, le problème est plus grave qu’on ne l’imagine. Il est profond et sérieux. Les réformistes sont confrontés quotidiennement à des obstacles infranchissables, soit du côté des politiques, soit du côté des autorités "cléricales" soit du côté des peuples.

Que faire devant cette impasse ? La question reste posée.

 

Kamel ABDERRAHMANI

 

Paris le 23/08/2016

 

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