22/07/2017, 11.41
IRAK
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Karamles, después del Isis, vuelve la primera familia cristiana: “Traemos en nuestras espaldas un peso llevado por mucho tiempo”

Labid Rammo, junto a su esposa e hijos, dejó el exilio de Ankawa para volver a su propia casa y a su propia tierra. Después de tres años “nos sentimos en el lugar justo”. La esperanza de recuperar una convivencia con los musulmanes; la reconstrucción “un deber”; los sufrimientos han “reforzado nuestra fe”.

Karamles (AsiaNews)- Volver a la ciudad de origen, atravesar de nuevo la puerta de casa y reiniciar la vida de un tiempo “es como tirar, dejarse a las espaldas un peso llevado por demasiado tiempo”. Ahora, por primera vez después de tanto tiempo, tres años, “nos sentimos realmente en el lugar justo”. Es cuanto narra a AsiaNews, Labid Rammo, cristiano de la llanura de Nínive, cuya familia es el primer (y hasta ahora único) núcleo en volver en modo estable a Karamles desde el inicio de la reconstrucción.

Él, como centenares de miles de cristianos, en el verano de 2014 dejó la propia casa y la propia tierra cuando avanzaba el Estado islámico (EI, ex Isis). A distancia de tres años la amenaza yihadista parece haber quedado a las espaldas, pero el retorno a la normalidad presenta aún muchos desafíos y obstáculos. 

AsiaNews, se encontró con esta familia gracias a la ayuda del p. Paolo Thabit Mekko, sacerdote caldeo de Mosul, en primera fila en la obra de reconstrucción iniciada en los meses pasados. Como lo recordó mar Louis Raphael Sako, patriarca de la Iglesia iraquí, cancelar la ideología yihadista y relanzar un recorrido de convivencia entre cristianos y musulmanes es una de las prioridades para un país unido y en paz. Un camino “largo y fatigoso”, advierte el primado caldeo, que se funda sobre una “nueva conciencia” para evitar una “ulterior caída, división y fragmentación del pasado”

Una “esperanza” que es cultivada y compartida también por Labib Rammo y por sus parientes, que dicen que se esperan “lo mejor” ahora que los milicianos de Daesh (acrónimo árabe para designar al EI) escaparon. Sin embargo, agrega, “la cuestión de la seguridad es un punto esencial que hay que resolver” y es la base de la cual partir para “ayudar a Karamles y a la entera llanura de Nínive en su recorrido de refundación”.

Labib, tiene 55 años, está casado con Nedal Yousif, nueve años más joven. La pareja tiene 6 hijos: Taher nacido en 1993; Maher (1994); Myron (1995); Marsen (1996); Firas (2002); Bárbara (2003). La última llegada a la familia es Merna Rammo, nacida el 19 de marzo de este año. La pequeña será bautizada el próximo 6 de agosto en la iglesia parroquial de Karamles, a tres años exactos de la noche en la cual la familia escapó de la ciudad y de la llanura frente a la avanzada de Isis.

En los años de exilio, la familia vivió en Ankawa, el barrio cristiano de Erbil, capital de Kurdistán iraquí. En el pasado ellos dirigían un mini-market, además de cultivar algunos huertos de familia y realizar trabajos en propio. Durante el exilio, narra el p. Paolo, recibieron algunas pequeñas financiaciones y donaciones de la Iglesia, si bien “la mayoría de los gastos y del alquiler lograban con el dinero fruto de su trabajo”. En Ankawa, de hecho, habían iniciado una pequeña actividad de venta de verduras y hortalizas.

“El período de la fuga-narra Labib Rammo-fue difícil, sin una casa propia, con los afectos y ligámenes cortados, una parte de la familia lejos. Nuestras costumbres se transformaron, todo esto generó dificultades y nos han hecho sentir como extranjeros en nuestra tierra”. En este tiempo “hemos trabajado en un huerto” y ahora que “hemos vuelto a nuestra casa queremos agregar una habitación” porque “nuestros jóvenes crecen y ya están en edad de matrimonio”.

Entrevistado sobre una posible, nueva convivencia entre cristianos y musulmanes la respuesta es seca. “Esperemos, dice el hombre, “igualmente nosotros vivimos en un país de mayoría musulmana y esto significa en el fondo que estamos, siempre conviviendo con ellos”. Ciertamente los sufrimientos han reforzado la fe cristiana, que permanece firme en “cualquier situación: hemos perdido casas y propiedades, pero nuestra fe resistió”.

El último pensamiento lo dirige a la reconstrucción, que permanece como un “deber” así como él dirige una invitación a todos los ciudadanos, porque “volver al pueblo de origen es importante”. “Debemos sentir-concluye- que esta es nuestra tierra y es el lugar donde dar testimonio nuestra fe cristiana, hoy como siempre. Y para hacerlo sabemos que podemos contar también con la buena voluntad y la generosidad de nuestros hermanos esparcidos en el mundo”. (DS)

 

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