20/04/2016, 20.04
IRAN

La extraña alianza entre los EEUU y los fundamentalistas iraníes

Bernardo Cervellera

Washington aún bloquea el uso del dólar en las transacciones bancarias, frenando los nuevos contratos económicos establecidos tras el acuerdo en materia nuclear. Los EEUU parecen apoyar a Khamenei y a los Guardias de la revolución, que quieren destruir dicho acuerdo para mantener el poder. La población sobrevive con dobles o triples trabajos. Un Irán belicoso e inestable incrementa la venta de armas. El reportaje.

Teherán (AsiaNews)- “No cambió nada: si bien el acuerdo en materia nuclear fue firmado, las sanciones, de hecho, aún siguen activas”. K. joven hombre de negocios de Teherán, que, con el fin del embargo esperaba retomar totalmente su actividad de importación-exportación, me explica, desconsolado,  que Irán sigue aún marginado por la comunidad internacional,  y que su economía permanece todavía “renga”. Esta era la intención de los EEUU- con Hillary Clinton como secretaria de Estado- cuando fueron establecidas las pesadas sanciones financieras contra Teherán, en respuesta a la amenaza de su supuesto programa nuclear bélico.

De por sí, en los meses pasados e inmediatamente después de la firma de los acuerdos en Viena, muchas delegaciones de Alemania, Francia, Italia y tantas otras se precipitaron hacia Irán. Atraídos por un mercado de jóvenes, por un país necesitado de nuevas infraestructuras, deseoso de superar el retraso infligido por diversas sanciones que han perdurado por casi treinta y cinco años. Pero nada se mueve. “Si una empresa quiere firmar un contrato con un socio iraní-explica K.- necesita del apoyo de un banco europeo o norteamericano; necesita de una cobertura por parte de una compañía aseguradora, pero ninguno de ellos se mueve, por temor a que los EEUU bloqueen las transacciones financieras”.

 

El uso del dólar

El problema está en el hecho de que los EEUU no han quitado aún las restricciones para que Irán pueda usar el dólar en sus contratos internacionales. De ese modo, muchos bancos y compañías europeas temen que el reiniciar las relaciones económicas con Irán los exponga a multas de millones de dólares por parte de los EEUU, como ya sucedió diversas veces en el pasado.

Hace algunos días, el vocero de la Casa Blanca quiso precisar que el acuerdo en materia nuclear no implica la obligación, por parte de los EEUU, de hacer reingresar totalmente a Irán en la comunidad internacional, y que en los acuerdos de Viena no está precisado que la caída de las sanciones comprenda también el uso del dólar en las relaciones entre bancos no estadounidenses y Teherán.  El acuerdo, no obstante, sí prevé la caída de las sanciones financieras, así como el reintegro de las relaciones bancarias de la República islámica con el resto del mundo. Según diversos expertos, la interpretación restringida de Washington es, como mínimo,  contraria al espíritu del acuerdo y coincide, de hecho, con un postergación del embargo.

Tomadas fríamente, las cifras no expresan todo el esfuerzo que atraviesan los iraníes para vivir, una población de casi 80 millones, con un 50% de ella por debajo de los 35 años. Los jóvenes desocupados son el 20%,  y muchos esperan poder emigrar para hallar un futuro.  Pero también para quien se queda la vida no es simple. “Muchas personas que conozco, e incluso yo mismo- me dice Hassam, de cuarenta años- estamos obligados a encontrar dos o tres trabajos para poder mantener a la familia. Yo trabajo como empleado durante el día, y a la noche trabajo en una cooperativa de mecánicos. También mi esposa está obligada a trabajar: de día como docente,  y a la noche como pastelera, tratando de ofrecer cuánto cocina en casa en diversos negocios de pastelería”.

Teherán se convirtió, como Nueva York, en una “ciudad que no duerme nunca”. Para la metrópolis en los EEUU este título se debe al hecho de ser una capital del mundo globalizado, un motor de las finanzas a nivel mundial; en cambio, Teherán es así porque sufre de aislamiento,  y esta prisión financiera a la cual la confina Occidente empuja a la gente a ir de aquí para allá buscando trabajos para tener pequeños ingresos que les garanticen al menos el alquiler, la comida y la escuela para los hijos.

 

La revancha de los conservadores

En los últimos días, la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, se dirigió a Teherán a fin de mejorar la colaboración entre la UE e Irán, y a fin de empujar a la comunidad internacional (Léase Estados Unidos) a facilitar las actividades de comercio. Ayer, John Kerry, secretario de Estados de los EEUU, y Javad Zarif, ministro iraní de Relaciones Exteriores, se reunieron en la ONU en Nueva York para estudiar vías de actuación del acuerdo y así acelerar el levantamiento efectivo del embargo.

El tiempo apremia, tanto desde el punto de vista humanitario como político. El éxito de Zarif (y del presidente Hassan Rouhani) en la firma del acuerdo fue también coronado por el éxito de los reformistas en las elecciones parlamentarias y en la Asamblea de los expertos.  Pero esto no ha sido del agrado del gran ayatolá Alì Khamenei, y tampoco de las Guardias de la Revolución, conservadores que, gracias al embargo, se han apropiado de muchos espacios y monopolios en la economía iraní. “El retorno de Irán como socio de la comunidad internacional –explica un periodista- significa para ellos el hecho de verse forzados a tener presente la opinión pública, y a la vez a aceptar una competencia en los negocios. Ellos quieren evitar ambas cosas.”. Justamente por esto, luego de los resultados de las elecciones, el gran conductor Khamenei comenzó a lanzar ataque contra el acuerdo, contra la actual presidencia, contra los reformistas y los “aperturistas”, tomando como punto de partida el hecho de que la economía no ha mejorado y que, por ende, el acuerdo no sirve de nada.  “Según yo veo –continúa el periodista- Khamenei está preparando el regreso de Mahmud Ahmadinejad, el ex presidente que arruinó las relaciones de Irán con la comunidad internacional gracias a sus amenazas de guerra contra el mundo y contra Israel. En las próximas elecciones presidenciales del 2017, Rouhani podría no lograr renovar su mandato”.

 

La  extraña alianza

Casi parece que hubiera una alianza entre los Estados Unidos y los fundamentalistas iraníes en su tarea de socavar el acuerdo en materia nuclear. Mientras más tiempo emplea Washington en desbloquear las relaciones con los bancos, tanto más crece la ola conservadora. De esta manera, un país que posee inmensas riquezas y un potencial de crecimiento, se vería reducido, una vez más, a un estropajo, con la población forzada a sobrevivir, mientras los rígidos se enriquecen con el embargo.

El problema no es solamente Irán. Desde que Rouhani es presidente, Irán ha podido utilizar las herramientas de la diplomacia haciendo sentir su influencia beneficiosa en los problemas de Medio Oriente, del Líbano, en Siria, en Yemen.  Y a pesar de que Arabia Saudita sigue acusando a Irán de financiar el terrorismo (ocultando su propio apoyo a al Nusra y al Estado Islámico), las propuestas de Teherán hasta ahora han sido muy pacíficas, moderadas y abiertas, tanto en lo que hace a la cuestión de la presidencia en el Líbano, como sobre los diálogos de paz sobre Siria en Ginebra, y en lo que hace a los diálogos entre Houthi y el gobierno en Yemen. La política saudita es, cuanto menos, descompuesta, sino violenta por demás: amenaza con retirar los fondos bancarios del Líbano; obliga a interrumpir los diálogos en Ginebra; continúa la escalada militar contra los yemenitas, apoyando a todas las dictaduras de Medio Oriente, menos a la de Assad.  

Continuando con el tema del embargo, los Estados Unidos parecen apoyar este tipo de situación. Según una experta en Medio Oriente, Shireen Hunter, existen algunas hipótesis que explicarían esta actitud de los EEUU. La primera de ellas es que los Estados Unidos parecen querer mantener un país inestable, al menos hasta tanto no haya un cambio total de régimen, o – opción que resulta mejor aún para algunos países del área-  hasta que no se produzca una división o incluso una disolución total de Irán.

El segundo motivo es que un Irán en mano de los conservadores hace temer a los países limítrofes, que en estos años se han precipitado a comprar armas a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Se calcula que en los últimos 3-4 años Arabia Saudita ha comprado armas a los EEUU por un valor de al menos  90 millardos de dólares; sin hablar de las que fueron vendidas a Qatar, a los Emiratos, a Irak, etc.

Sin embargo, hay un punto en el cual Irán y los EEUU concuerdan; en la lucha contra Daesh, el Estados Islámico, lucha para la cual Washington ha pedido, de hecho, incluso de manera directa, la ayuda de Teherán, quizás el único socio en la región que es eficaz en la lucha contra el extremismo sunita, que amenaza a Irán y a todas las capitales del mundo.

En tanto, en la capital iraní están seguros de una cosa: “En el país –dice Hassan- el 5% de la población es fundamentalista y anti-occidental y éste domina sobre el 95% de la población, que, en cambio, querría tener relaciones amigables con Occidente. Con las elecciones, hemos expresado nuestra voluntad, pero para que Irán se abra al mundo se necesita de una mano del exterior. Nuestra suerte depende de vosotros”.

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