24/10/2018, 12.52
UZBEKISTAN
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La primavera uzbeka, después de años de cuasi-estalinismo

de Vladimir Rozanskij

Desde hace casi 2 años, el nuevo presidente Shavkat Mirziyoyev está liberalizando al país. abriendo la economía a inversiones extranjeras de oriente y de occidente, amnistiando a los opositores políticos. Hay un renacimiento cultural y turístico. Un modelo de convivencia inter-religiosa entre musulmanes y cristianos.

 

Moscú (AsiaNews)- El pasado 18 de octubre, en Moscú, se inauguró un monumento en honor del primer presidente de Uzbekistán, Islam Karimov, uno de los grandes “sátrapas” orientales, herencia del régimen soviético en Asia central. El mismo día, el presidente ruso Vladimir Putin voló a Taškent para una visita oficial: la última fue hace 2 años en los mismos días, justamente para los funerales de Karimov. El interés de Rusia por este país no es despreciable, visto la gran disputa geo-política que se juega en la región entre China y los EEUU.

Aparte de las grandes estrategias internacionales, es interesante la confrontación entre el desarrollo de Uzbekistán y el de los países que lo rodean, incluyendo a Rusia. El pasado soviético aquí jugó un rol fundamental y sólo ahora parece esté iniciando una transición con dimensiones más abiertas de la política y de la economía, mientras Rusia se repliega cada vez más, imitando el régimen del novecientos.

El ex-primer secretario del partido comunista en Uzbekistán, justamente Karimov, guió el país sin interrupción desde 1989 a 2016, conservando el sistema económico soviético e imponiendo un régimen muy autoritario, dejando a la oposición y a cualquier forma de disenso una única elección: la del exilio. Todo intento de manifestar cualquier pensamiento alternativo terminó con la encarcelación de centenares de personas.

En los últimos 2 años, el clima del país cambió decididamente, tanto que se puede hablar de “deshielo” como en los tiempos de  Khruščev en la URSS o hasta de “primavera uzbeka”: fue liberalizado el curso del dólar, los prisioneros políticos fueron anmistiados, se comenzó a desarrollar el turismo y a invitar a venir al país a inversores extranjeros. La liberalización uzbeka fue alabada por muchos órganos de la prensa occidental, comprendido el New York Times. Desde varios países se organizan expediciones, apoyadas por las mismas autoridades uzbekas, para buscar minas de oro, que parecerían existir en abundancia en el subsuelo.

Uno de los principales multimillonarios belgas, Patokh Chodiev -un ciudadano de origen uzbeko, que en los tiempos del derrumbe del comunismo se ocupaba de las relaciones comerciales entre la Unión soviética y Japón- después de haber acumulado una fortuna en el extranjero en los años de Karimov, realizando negocios sobre todo con Kazajistán, hoy es uno de los protagonistas del renacimiento en su patria de origen, habiendo refundado el equipo de fútbol del Pakhtakor de Taškent, una de las formaciones más gloriosas de los tiempos soviéticos. Chodiev está construyendo un nuevo estadio para sus seguidores. Además también abrió un club intelectual, donde los uzbekos exitosos de todo el mundo se reúnen para discutir el futuro de la nación. Uno de los compañeros de escuela, Alisher Usmanov se convirtió en uno de los hombres más ricos de Rusia y está construyendo un gigantesco grupo turístico en Bukhara, sede del antiguo kanato de Mongolia y un gran instituto de estudios islámicos en la capital, Taškent.

El nuevo presidente Shavkat Mirziyoyev recibió el poder casi como una sucesión dinástica de Karimov, después de haber sido su Premier por 15 años. Sin criticar al predecesor, velozmente inició un gran programa de cambio, dando espacio a las influencias externas de oriente y de occidente. El cambio provocó estupor porque bajo el régimen de Karimov, Mirziyoyev jamás dejó entrever ningún tipo de orientación liberal, permaneciendo siempre distante.

Las reformas van siempre acompañadas con alabanzas al difunto líder, en honor del cual fue construido un solemne memorial en Samarcanda, la más antigua ciudad de Uzbekistán, centro de la legendaria “Ruta de la seda” asiática que hoy se busca reconstruir. El monumento moscovita también entra en esta exaltación del pasado, necesaria para camuflar la renovación presente.

Por otro lado, en Uzbekistán se experimenta un moderado modelo de tolerancia religiosa. Junto a la mayoría musulmana conviven pacíficamente un 10% de cristianos, en su mayoría ortodoxos, pero también protestantes y católicos, que tienen la propia administración apostólica independiente desde 2005, dirigida por el franciscano Jerzy Maculewicz. El gobierno está comprometido en defender las fronteras contra cualquier intento de penetración de los combatientes de ISIS, que huyen de Siria, y que se están concentrando prevalentemente en los países de Asia central.

 

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