19/01/2018, 12.21
RUSIA-UCRANIA
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Las dos Iglesias en Ucrania y el niño sangrante

de Vladimir Rozanskij

Nuevas tensiones entre nacionalistas ucranianos y filo-rusos, entre fieles del patriarcado autónomo de Kiev y ortodoxos de obediencia al patriarcado de Moscú. La chispa: la negativa de una iglesia ortodoxa de Moscú a realizar el funeral de un niño muerto en un accidente, por haber recibido un bautismo “herético” en la Iglesia de Kiev. Monjes de las dos Iglesias bloqueados en las grutas de Kiev. Violencia recíproca contra edificios sagrados.

Moscú (AsiaNews)- En Ucrania explotó otro motivo de conflicto entre las Iglesias, es decir entre los seguidores de una Iglesia ortodoxa ucraniana independiente con carácter nacional, y aquellos que consideran que la Ortodoxia es el único instrumento de los rusos para afirmar su influencia sobre la población ucraniana. Los focos de esta nueva disputa se encuentran en la capital Kiev, en Odessa y en la zona más allá de Dnepr.

Algunos episodios aparentemente independientes entre ellos, sucedidos en diversas localidades del país, son considerados como una metástasis de un único problema, que viene de los intentos del Patriarcado de Moscú de funcionar como mediador en las contradicciones políticas entre Ucrania y Rusia.

El 11 de enero pasado, los servicios de seguridad ucranianos allanaron la sede de la asociación “Unión Ortodoxa de Radomir”. Se encontraron armas de fuego y armas blancas, junto a materiales de propaganda anti-ucraniana. La fiscalía dispuso la investigación, no sólo de los miembros de la asociación, sino también de algunos representantes de la eparquía de más allá del Dnepr (Zaporozhe) de la Iglesia ucraniana de obediencia moscovita, con la acusación de acciones violentas para fomentar el odio religioso. Los militares tomaron medidas especiales de seguridad para salvaguardar las iglesias de la zona, dependientes del patriarcado de Kiev, blanco de los atentados.

 

Se negó el funeral a un niño  por ser “herético”

La causa del conflicto nació en los primeros días de 2018, cuando un sacerdote de la iglesia moscovita rechazó celebrar las exequias de un niño muerto trágicamente en un accidente, a causa de su bautismo “herético” en una iglesia de Kiev. El metropolita filo-ruso de Zaporozhe, Luka (Kovalenko) defendió al sacerdote y a partir del hecho surgieron manifestaciones y amenazas. Algunos activistas, con un flashmob, llenaron la iglesia del rechazo con una montaña de juguetes; el 7 de enero algunos de ellos fueron brutalmente golpeados por miembros de la “Radomir”.  

Tales hechos dieron vida a una escalada de acusaciones recíprocas, amenazas y violencia de ambas partes y en diversas ciudades ucranianas. En la noche del 10 de enero saquearon y profanaron la iglesia de la Santa Protección en Chernomork, de la región de Odessa, y actos de vandalismo similares fueron perpetrados el 12 de enero contra la iglesia de la Virgen de Kazan, cerca de la Academia de Medicina en Kiev.

 

Iglesias de Moscú, “oficinas de la KGB”

El 9 de enero los nacionalistas ucranianos cubrieron varias iglesias rusas con adhesivos ofensivos, que describen a las iglesias como “oficinas de la KGB enmascaradas”. Algunos jóvenes de la “Liga Común” ucraniana irrumpieron durante una celebración litúrgica en la catedral de la Trinidad de la ciudad de Dnepr, posteando luego el video en internet. Mientras tanto, se difundió la “protesta de los juguetes”, difundiendo en las iglesias y en las plazas guirnaldas de juguetes ensangrentados. La manifestación más clamorosa se desarrolló junto a los muros de la Lavra de las Grutas de Kiev (v. foto), la “madre del monacato” de la antigua Rus´, donde desde el 8 de enero hay varios grupos nacionalistas que intentan impedir el acceso al sagrado convento, en el cual están los monjes de ambas jurisdicciones, al grito “¡fuera la KGB de las Grutas!”. El superior de la Lavra, el metropolita Pavel (Lebed), salió para tratar de pacificar a los manifestantes, obteniendo por otro lado el efecto contrario: en el ardor de la discusión, el metropolita se puso a gritar que “Crimea jamás fue ucraniana”, encendiendo los ánimos de los nacionalistas y suscitando también las protestas del gobierno ucraniano.

La “guerra del niño ensangrentado” arriesga hacer anular los sucesos en la mediación entre las partes obtenidos por el patriarcado de Moscú, que a través de su representante ucraniano, el metropolita Onufrij de Kiev, había obtenido el 4 de enero el acuerdo para un intercambio de 10 prisioneros rusos y ucranianos en los territorios orientales, extendiendo los acuerdos ya alcanzados en diciembre, cuando fueron intercambiados centenares de rehenes. El acuerdo había sido firmado el 25 de diciembre en Moscú, entre el patriarca Kirill y algunos líderes políticos ucranianos. El patriarca ruso había afirmado con énfasis que “tanto aquí, como allá, está nuestra grey, nuestra gente. ¡Nadie está más afligido que la Iglesia ortodoxa, cuando el hermano levanta la mano contra el hermano!”. Sin renovar las acusaciones contra los gobernantes ucranianos, Kirill apeló al rol decisivo de la Iglesia en la pacificación de las partes en conflicto.

Los nacionalistas ucranianos sólo esperaban la ocasión para demostrar la falsedad de las buenas intenciones del patriarca de Moscú, y la intolerancia de los sacerdotes de Dnepr les dio una excelente motivación para ello. Todavía hay un largo camino por recorrer para lograr la paz de las Iglesias en Ucrania, a pesar de las diversas cartas e iniciativas de los dos patriarcas, Kirill y Filareto.

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