10/12/2018, 15.35
CHINA
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Liao Yiwu: la prisión infunde coraje

de Liao Yiwu

El escritor y disidente, actualmente exiliado en Alemania, fue torturado hasta el extremo e intentó suicidarse dos veces. Cuando se toca fondo, ya no se tiene más miedo de denunciar y de “luchar con todo el corazón por la libertad de los demás”. El control de la dictadura comunista a través de Internet; la utilización de la propaganda anti-terrorismo para emprender un lavado de cerebro a millones de uigures.  “Me niego rotundamente a usar un smartphone fabricado en China”. 

Berlín (AsiaNews/China Change) – “Un hombre que posee la libertad interior es el enemigo natural de una dictadura”. Es lo que escribe Liao Yiwu, un escritor chino disidente actualmente exiliado en Alemania. Con ocasión del 70º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, él habla en defensa de los derechos humanos. Un coraje, afirma “que le ha infundido la prisión”- denunciar las violaciones a los derechos se ha convertido para él en “una especie de credo personal”. Es por eso que no tiene miedo de luchar por la memoria de Liu Xiaobo y de su esposa Liu Xia, y contra la censura y el control del régimen comunista chino. A continuación, transcribimos el texto completo de su artículo, publicado hoy.

 

A menudo he dicho que mi coraje y todo lo que soy me fue infundido en prisión. Es el motivo por el cual soy distinto de los demás escritores. En prisión fui torturado hasta el punto de no soportar más, y traté de suicidarme dos veces. Pero aprendí a escribir en secreto; y gracias a un monje anciano ultra-octogenario, aprendí a tocar el xiao (una flauta antigua). Y el sonido de su xiao me hizo entrever que la libertad proviene del alma.  

Un hombre que posee la libertad interior es el enemigo natural de una dictadura. Sus ideas políticas apenas ocupan un insulso y segundo puesto.

La clave está en el hecho de que, tras haber experimentado el horror, la tristeza y la pena de perder la libertad y ser pisoteado, una persona lucha por la libertad de los demás con todo el corazón, y lo que es más, transforma la lucha por la libertad en una especie de credo personal.

La mayoría de las veces, al margen de la escritura, soy un fracaso. Por ejemplo, mi amigo, Liu Xiaobo, fue llevado a prisión cuatro veces, fue asesinado en una celda el 13 de julio de 2017. Hicimos todo lo posible para salvarlo, pero todo fue inútil. El precio fue demasiado doloroso y demasiado grande, a pesar de que su esposa, Liu Xia haya sido liberada y haya obtenido el permiso para venir a Alemania. Y pronto, todo quedará en el olvido.

 

China sigue siendo el mayor mercado capitalista a nivel mundial. Y con la guerra de aranceles que lleva adelante los EEUU y el constante despliegue de noticias la memoria de Liu Xiaobo y de su mujer ha quedado empañada y se ha caído en el olvido. Es este un mundo obsceno y cruel, que ya no necesita de mártires como Liu Xiaobo, que luchan y son encarcelados por la causa de la democracia. Todo esto lo entiendo. Sé que debo continuar escribiendo, a pesar de los numerosos récords anteriores, que son numerosos. Han pasado 2.000 años desde que Platón registró los debates filosóficos de Sócrates en la celda que lo llevaría a la muerte; de no ser por las palabras que Platón nos ha dejado, Sócrates habría quedado sepultado por el tiempo y su muerte habría quedado envuelta en un vago misterio.  Sus palabras no provocarían una conmoción tan profunda.

Escribí “4 de junio: Mi testimonio” y “Balas y opio”: ambos [volúmenes] conforman un único trabajo que describe a las víctimas de la masacre perpetrada en el Plaza Tiananmen hace casi 30 años, muchas de ellas murieron, otras fueron destruidas en prisión (y hay otras que, si bien fueron liberadas de la cárcel, murieron en una prisión más grande, pero sin muros). La idea de que “Internet destruirá la autocracia y el libre mercado llevará a la democracia” es un concepto famoso para los políticos americanos, y en ella coincidía la administración de quien entonces se desempeñaba como presidente de los EEUU, Bill Clinton. Esta frase fue la que aceitó el ingreso de China a la OMC [Organización Mundial del Comercio] y  ha contribuido a garantizar el estatus de nación más favorecida hace más de 20 años atrás.

Pero queda claro que no es este el caso de que “Internet socava la dictadura”. Muy por el contrario, es el régimen autoritario el que ha hecho amplio uso de las redes tecnológicas occidentales para monitorear exhaustivamente a la población china entera. No importa dónde estés o si eres un disidente, tú serás interceptado y  monitoreado; todos tus movimientos bancarios y tus discursos online quedarán registrados y, en apenas un instante, se convertirán en la prueba de tu tentativa de dañar al Estado. Tu rostro será automáticamente identificado por la policía, a través de teléfonos celulares y de las computadoras en los hoteles, en las estaciones de ferrocarril y en los aeropuertos; es la tecnología inventada por los occidentales y potenciada por internet y por el libre mercado lo que ha dado a la dictadura un impulso extraordinario.

La consecuencia natural de todo ello es que la dictadura planteará desafíos a la democracia occidental. Por ejemplo, China posee el Great Firewall [un sistema de censura y vigilancia online, ndr] y cualquiera que intente sortearlo y trate de visitar sitios web extranjeros, podrá ser señalado como “ilegal” y quizás, sea arrestado. Los países occidentales no tienen sistemas de firewall, y la mayor parte de los chinos que residen en el exterior, así como muchos extranjeros afectados por sus vínculos con China, hacen uso libre de WeChat, Weibo y de los celulares Huawei –pero todos ellos son monitoreados de manera silenciosa e incluso localizados. Y si pronuncias comentarios “extremistas”, sospechosos, sarcásticos o subversivos en relación a China, los administradores de WeChat emitirán un alerta de que tu cuenta podría ser cancelada – o simplemente la cancelan, sin siquiera advertirte de ello. O bien podrías “desaparecer” temporalmente e incluso tu familia y tus amigos podrían verse involucrados en una nube de problemas. Los dictadores no sólo toman prestada la propaganda del “anti-terrorismo” para llevar adelante un lavado de cerebro forzoso –siguiendo el estilo de los campos de concentración- de millones de uigures en Xinjiang, sino que además usan Internet para evitar que sean libres los que viven en el mundo libre.

Son muchos los disidentes a mi alrededor que usan WeChat y aceptan el control y la vigilancia del régimen sin razonar sobre ello seriamente. Por tanto hoy, yo, un escritor que se cuenta entre los disidentes, me niego a usar un smartphone fabricado en China, así como me niego a instalar cualquier software que provenga de China, y sólo publico mi trabajo en Taiwán, que es democrática, y en el Occidente libre.

Y lo más importante, yo no doy marcha atrás, no me rindo a quedarme en silencio. Sigo luchando por la libertad de los demás y esta es una lucha a menudo infructuosa, pero me veo atraído por la apasionante necesidad de dejar una marca en esta época que nos toca vivir.

Estoy preparando otro libro que será publicado a futuro; debo disponerme a transformar la derrota en una victoria en la historia, [una victoria] que pronto habrá de llegar.

Hasta el mismo “1984” deja a una persona desesperanzada –pero el acto de escribir “1984” es ya una lámpara de esperanza en medio del abismo de la desesperación. 

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