02/02/2019, 08.02
RUSIA
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Los primeros 10 años del patriarca Cirilo

de Vladimir Rozanskij

Fiestas litúrgicas y mundanas para el jefe de la Ortodoxia rusa. Fue testigo de la superación del largo invierno ateo y del crecimiento de la evangelización de la Iglesia, con un incremento de las diócesis y de las parroquias. Esperanza de reconciliación con el Patriarcado de Kiev en Ucrania. Para Putin la autocefalia deseada por el gobierno ucraniano por la “lucha de poder, que nada tiene que ver con la religión”.

 

Moscú (AsiaNews) - El pasado 29 de enero Rusia celebró el primer decenio del patriarca Cirilo  (Gundjaev) al trono patriarcal de Moscú. El evento fue celebrado con grandes solemnidades litúrgicas y mundanas, publicaciones y álbumes biográficos sobre la vida del patriarca y numerosos comentarios y reflexiones sobre la importante y delicada fase que está atravesando la Iglesia Ortodoxa en Rusia.

Cirilo respondió a las preguntas de una entrevista colectiva de las mayores agencias periodísticas (Ria Novosti, Tass, Interfax) y de los canales Russia 24 y Spas. El patriarca recorrió los acontecimientos de este decenio, “densos de importantísimos cambios en la vida de nuestra Iglesia y de nuestro pueblo”. Sin dar relieve a las investigaciones sociológicas y a las estadísticas, Cirilo afirmó ver “un gran cambio en la vida de las personas y en su relación con la Iglesia, cómo cambió la comprensión del rol de la Iglesia en la vida de nuestra sociedad”. El largo invierno ateo trató de “encerrar a la Iglesia en un gueto y a esto fueron dedicados grandes esfuerzos por largos decenios, pero no lo lograron”.

Respecto al futuro de la Iglesia rusa y a su rol en la comunidad internacional, Cirilo recordó que “el curso de la historia humana no se cumple con la victoria visible de la Iglesia, sino con los eventos apocalípticos, mientras que la Iglesia debe siempre ir contracorriente”. El hombre contemporáneo es esclavo de sus propios deseos y de sus propios instintos y la Iglesia deberá cruzar grandes resistencias también en el futuro. Una de estas resistencias y dificultad se refiere ciertamente el estado de “cisma” en la Ortodoxia, sobre el cual los periodistas han solicitado al patriarca.

En las respuestas del patriarca parece abrirse alguna oportunidad sobre las futuras relaciones con las Iglesias “hermanas”. “No existe un punto de retorno, aparte la muerte de cada uno de nosotros… Hasta que la Iglesia esté viva, no habrá jamás un punto de no retorno. habéis hablado de ‘crisis’ y debemos usar esta palabra en su sentido originario, de juicio y discernimiento. No se puede bromear con estos argumentos”. La cosa más importante es la relación con los pastores y la grey, que la Iglesia no renuncie a su verdadera misión y como lo dice el Evangelio, “de los frutos los conoceréis” (Mt 7,6). Cirilo se declara convencido que “nuestra unidad espiritual, cultural y civil, la de los rusos y los ucranianos, es más fuerte que cualquiera de los modelos y esquemas políticos”.

El jefe de la Iglesia rusa confiesa tener un fuerte deseo de visitar aún Ucrania, donde fue muchas veces antes del conflicto del año 2014 y celebrar la liturgia en la lavra de las Grutas de Kiev. Según él, las circunstancias políticas actuales serán pronto superadas ( a fines de marzo habrá elecciones presidenciales) y las cosas podrán fácilmente cambiar. Respecto al apoyo de la Iglesia rusa a la política nacional, el patriarca, se extendió en en el explicar los mecanismos de la oposición, por lo cual la Iglesia “no puede ponerse contra el Estado, pero no debe sin embargo callar, cuando son violados los derechos de las personas y de la comunidad”. Recordando la oposición de la Iglesia a las leyes que favorecen al aborto, Cirilo subrayó “la importancia de superar aquella que yo llamaría la enfermedad moral de nuestra sociedad”.


El 31 de enero, en el Palacio de los Congresos en el Kremlin, se realizó una ceremonia de festejo del decenio patriarcal. En el discurso oficial, Cirilo reivindicó el crecimiento de la vida pastoral de la Iglesia rusa, del clero y de los laicos, en campo misionero, en la evangelización, en la instrucción religiosa y en el trabajo social y con la juventud. Todo estos, subrayó , “no sólo en la capital y en las grandes ciudades, sino también el la Rusia profunda de las provincias, con la creación de 150 nuevas diócesis ( hoy son 309) y casi 10 mil nuevas parroquias (hoy son en total 38.649)”.

A su vez, el presidente Putin pronunció un discurso de congratulaciones al patriarca, poniendo en evidencia su contribución en el “reforzamiento de la cohesión social” y la importancia de las actividades sociales y caritativas de la Iglesia ortodoxa en el país. Putin recordó los “gigantescos desafíos y las finalidades ambiciosas” que esperan a Rusia en los próximos años, para los cuales es necesario “preservar nuestra identidad, nuestra unidad y solidaridad”.

El presidente se lamentó de las “especulaciones, de la politiquería y del parasitismo en las cuestiones religiosas”, refiriéndose a Ucrania y a su proyecto “falso y condicionado por la lucha de poder, que nada tiene que ver con la religión”, en el cual fue involucrado hasta el patriarcado de Constantinopla. Los responsables de este proyecto, según Putin, “aprendieron de los sin-dios del siglo pasado, que echaban a los fieles de las iglesias, oprimían y perseguían a los sacerdotes”. Rusia “conserva para sí el derecho de reaccionar y defender los derechos de las personas, partiendo de la libertad de profesar la propia fe”, con la bendición de patriarca Cirilo.
 

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