16/08/2014, 00.00
COREA - CHINA - VATICANO - JAJ
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Luca Chang, de Nanking a Seúl para decirle "gracias" al Papa: ¡la Iglesia china te ama!

de Vincenzo Faccioli Pintozzi
El joven ganó una beca de estudio en una universidad coreana, logrando llegar a la península durante la visita apostólica De Francisco. Junto a dos amigos seminaristas, participa a la Jornada asiática de la Juventud (JAJ) y espera encontrar pronto al pontífice: "Nuestro gobierno es esquizofrénico en sus políticas religiosas, pero nosotros ya no nos fijamos mucho en esto. Y en estos tiempos a los sacerdotes cercanos a la autoridad los llamamos "Guardias Rojos". Lo importante es estar aquí para demostrar la unidad de la Iglesia universal también en los momentos difíciles".

Seúl (AsiaNews)- De Nanking a Seúl, pasando por Beijing, para darle las "gracias" al Papa y demostrar con los hechos la unidad de la Iglesia universal y el amor de los católicos chinos por el Papa, no obstante las persecuciones del gobierno. Luca Chang- el nombre es inventado pues él lo pidió- empleó casi dos días para llegar a la península coreana, no obstante la poca distancia geográfica. Para llegar en medio de los otros muchachos del continente, y festejar con ellos y con Francisco la apertura de la Jornada asiática de la Juventud (JAJ), de hecho tuvo que esperar una visa estudiantil que llegó a la capital a último momento. Casi en las mismas horas, en que lamentablemente, otro grupo de jóvenes era bloqueado por las autoridades en la capital y obligados a anular la visita a Corea por "irregularidades burocráticas".

Luca llegó a Seúl con dos amigos, ambos seminaristas de otra diócesis (en el centro del País), y los tres estaban presentes ayer en el gran Estadio mundial de Daejeón para la solemne misa de la Asunción celebrada por el Papa Francisco. Los dos seminaristas del tercer año, estaban orgullosamente vestidos de sacerdotes: "Hemos pedido a nuestro obispo- dice uno de ellos, que tiene el apellido de un prelado muy conocido en China- y él nos dijo "¡Vayan vestidos de curas y digan al Papa que nuestra Iglesia está viva y que lo amamos! No lograron todavía ver al Papa, pero están seguros que lo lograrán".

Para el pequeño grupo, que forma parte de una más amplia delegación, de unos 120 chinos continentales presentes en Corea para la Jornada asiática de la Juventud, la distinción entre Iglesia oficial y la no oficial "no es lo más importante, al menos en nuestra diócesis. No obstante lo que diga el gobierno, nosotros somos fieles al Papa y nuestro obispo es reconocido por la Santa Sede. Es verdad también, que hay sacerdotes más cercanos al gobierno que a veces lo critican y también nos critican. Pero no nos importa demasiado, y les tomamos el pelo y los llamamos "Guardias Rojos". Lo importante para nosotros es estar aquí, para darle las gracias  a Francisco y conocer a tantos otros católicos de nuestro continente".

Luca, el universitario, la piensa así: "Existen muchos problemas en algunas zonas de China, como en Shanghai, donde la situación de la Iglesia es un especie de idea fija política para el gobierno. Pero en otras se vive bastante normalmente. Lo que me molesta es que no haya una política oficial en lo que se refiere a la religión católica: a veces nuestros líderes están tranquilos, otras parecen enojadísimos y tratan a los católicos como traidores de la patria. Cierto, también depende se los funcionarios locales: un amigo mío sacerdote fue arrestado por dos días sólo porque no le resultaba simpático a un capitán de policía de su distrito, que usó la excusa de la fe para dar fastidio".   

El dolor de Luca es debido a las últimas medidas tomadas por el gobierno de Beijing en relación a la llegada del pontífice a Corea. Por un lado han permitido sobrevolar el espacio aéreo chino, han recibido (aunque con atraso por "motivos técnicos") el telegrama papal y han respondido con una frase del ministerio de Exteriores, que se dijo "dispuesto a construir relaciones con el Vaticano". Por otro lado han bloqueado a un  gran grupo de jóvenes católicos que quería ir a Seúl para encontrar a Francisco, han llamado a diversos sacerdotes chinos que trabajan en Corea y han amenazado a muchos otros con que "tendrían problemas al retorno a la patria".

Según el joven católico, todo esto "es parte de un plan más grande, que según yo, no se refiere ni siquiera demasiado a la Iglesia. Los políticos están haciéndose la guerra entre ellos, y es necesario ver quién ganará antes de tener una línea clara sobre los católicos. Por lo que a mí se refiere, yo estoy orgulloso y feliz de estar aquí. Permaneceré sólo un año en Seúl después de la partida del Papa, porque gané una beca de estudios en una universidad coreana, y tengo intención de vivir mejor y con más libertad mi fe".

Una fe conocida tarde, gracias  a una historia más bien triste: "Hasta los 10 años viví con mis padres en la periferia. Ambos son comunistas convencidos y me educaron en este mismo modo, aunque nunca tuve tanto amor por los eslóganes y los desfiles. Después me abandonaron, porque "habían encontrado trabajo en la ciudad", y me fui a vivir con mis abuelos al campo. Mi abuela es católica desde siempre, y por esto peleó muchas veces con mi mamá. Por la noche se acercaba a mi cama y rezaba el Ángel de la guarda. Una vez le pregunté que me explicase qué estaba haciendo, e inició a hablarme de Jesús y del amor de Dios".

La preparación de la abuela no bastaba. "Inicié a frecuentar una iglesia cerca del distrito, donde está un sacerdote muy anciano y una vez por semana viene uno más joven que por broma lo llamamos "el cura viajante". Él me ayudó mucho con el catecismo y fue mi padrino de bautismo. Yo pedí los sacramentos a los 13 años, y continué profundizando la fe y el Evangelio gracias a él. Fue él quien me dijo que esperara para pedir la beca de estudio, que podía haberla obtenida en mayo, de modo que podría venir para cuando estuviese también el Papa. y me ayuda cada día, recordándome que cuando hablamos que no estamos solos y que la nuestra no es la situación peor en el mundo".

En esto, concluye, "la Jornada asiática de la Juventud" me está dando mucho. Encontré  a un joven paquistaní que me contó cómo viven los católicos en su País, y por poco no me sentí realmente afortunado de ser chino: nosotros arriesgamos la cárcel, pero a ellos ¡les disparan balas! Haber encontrado tantos muchachos como yo y haber visto que mis problemas son en parte también los de ellos, me hizo bien. Y cuando el Papa ayer nos dijo que es el señor el que decide el camino, me sentí invadido por una extrañan tranquilidad": yo no estoy solo, y Francisco me lo ha recordado con el amor de un padre. No lo olvidaré nunca"

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