05/11/2019, 09.46
VATICANO
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Maximum Illud, la misión ad gentes, para renovar la Iglesia ‘de derecha’ y ‘de izquierda’

de Bernardo Cervellera

El Papa Francisco quiso recordar los 100 años de la Carta Apostólica de Benedicto XV para “Alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia ad gentes” y “retomar con  nuevo impulso la transformaciòn misionera de la vida y de la pastoral”. Sin la misiòn ad gentes, el compromiso de los cristianos se desliza hacia un “gris pragmatismo” hecho de ritos, celebraciones y actividades sin rostro. 

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Las divisiones “de derecha” y “de izquierda” entre “tradicionalistas” y “progresistas”, que se perciben en muchas partes de la Iglesia, tienen una sola razón:  el olvido del motivo de la existencia de la Iglesia, que es la misión en el mundo, que se distingue principalmente por la misión ad gentes, es decir, orientada a los que no son cristianos. Reverdecer y potenciar la misión ad gentes es el objetivo de las celebraciones impulsadas por el Papa Francisco por el centenario de la Maximum Illud, la Carta Apostólica de Benedicto XV, así como para el Mes Misionero extraordinario que acaba de concluirse, y que ha quedado algo ensombrecido por la cobertura mediática del Sínodo sobre la Amazonía y por sus polémicas. Presentamos a continuación la primera parte de una reflexión del director de AsiaNews sobre la Iglesia contemporánea, a la luz de la Maximum Illud. La segunda parte y la tercera será publicadas mañana y pasado mañana. 

El próximo 30 de noviembre se celebra el centenario de la Maximum Illud, una Carta Apostólica de Benedicto XV (1854-1922). Papa Francisco ha querido recordar este evento con el lanzamiento del Mes Misionero extraordinario, celebrado en el pasado mes de octubre. En octubre del 2017, al compartir esta idea en una carta enviada al prefecto de  Propaganda Fide, el Card. Fernando Filoni, Francisco subrayó el motivo: “Alimentar el ardor de la actividad evangelizadora ad gentes de la Iglesia, y “retomar, con un nuevo impulso, la transformación misionera de la vida y de la pastoral”. 

Maximum Illud es una carta que el Papa Benedicto XV difundió aproximadamente un año después de concluirse la Gran Guerra (aquella que él mismo definió como una “matanza inútil”). Si al leerla uno es capaz de superar el estilo propio del siglo XIX – se habla de “infieles”, de la “barbarie” de las culturas extra-europeas, etc.  – se halla que el documento está animado por un gran aliento misionero. 

En la Carta, el Papa se dirige a los fieles del mundo entero, y en vez de llorar sobre las ruinas de la guerra que acaba de terminar, pide a la Iglesia retomar la misión universal. Él subraya que todos los cristianos deben abocarse a esta obra. Incluso enumera, uno por uno, quién debe hacerlo y cómo: los obispos no deben preocuparse exclusivamente por sus diócesis, sino también por aquellas cercanas y por todas las demás diócesis del mundo; los administradores apostólicos no deben limitarse a permanecer en su residencia, sino ir al encuentro de todos los misioneros que están en su territorio; los misioneros y misioneras, con la predicación, el catecismo, las escuelas, los hospitales; los sacerdotes; los laicos. 

Él subraya continuamente que toda esta labor nace del amor de la Trinidad por la salvación del hombre. Este subrayado acerca la Maximum Illud al Papa Francisco y a la Evangelii Gaudium (EG). En la EG, se habla precisamente de la misión como algo que brota del corazón de la Trinidad, de este amor de Dios lleno de ternura, profundo, apasionado por el hombre, amor del cual la Iglesia es la continuadora. Y si la Iglesia es la continuadora, quiere decir que todos los bautizados son continuadores. Y es esto lo que Papa Francisco quiere poner nuevamente de relieve.

En el Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de este año, él afirma que “La visión profética de su propuesta apostólica me ha confirmado que hoy sigue siendo importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia, impulsar evangélicamente su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado.”. Y en la carta al Card. Filoni: “Este empeño de Benedicto XV, de hace casi cien años, así como todo lo que el Documento conciliar nos enseña desde hace más de cincuenta años, siguen siendo de gran actualidad”.

En la carta dirigida a Filoni, el Papa también cita otros documentos (Redemptoris Missio) para reafirmar que se precisa un renovado compromiso misionero, con la convicción de que la misión renueva la Iglesia y re-vigoriza la fe y la identidad cristianas. Este nuevo entusiasmo al retomar el rumbo de la pasión misionera de cara al mundo también sirve para despertar y volver a poner en estado de misión toda la vida de la Iglesia: a través de la misión, nosotros convertimos a nuestras comunidades; al vivir la misión, uno se convierte, cambia. 

 

El gris pragmatismo

A través de la misión se corrige el peligro que el Papa cita en la EG; el riesgo de vivir todo como un “gris pragmatismo” (véase punto 83), hacer las cosas como burócratas, sin vivir un dinamismo interno en ello. Por el contrario, Benedicto XV y el Papa Francisco quieren que se comprenda que la misión es la identidad de la Iglesia, que la misión es aquello que define a la Iglesia; que la Iglesia es la continuadora de la misión de Jesús. Además, tal como se lee en el Evangelio de San Juan, Jesús se auto-define como el “enviado” del Padre; Jesús no tenía ningún otro horizonte en la vida salvo ser misionero, llevar el amor del Padre al mundo.  

Papa Francisco quiere que, asentados en este núcleo, redescubramos la misión universal, nuestra identidad como misioneros, o, como él dice, de “discípulos misioneros”. ¿Por qué “discípulos misioneros”? Porque misionero no es tanto la persona que sabe todas las cosas y entonces va y las dice a los demás, sino aquél que se deja enseñar y conducir, crece en la fe, en la relación con Cristo; sigue a Cristo y es precisamente por ello que lograr dar algo de sí.

“Discípulo misionero”: quiere decir que uno aprende siempre de Cristo, y justamente porque recibe todo de Cristo, continuamente, entonces logra dar, entregar. 

Para el Papa, el redescubrimiento de la dimensión católica y universal de la misión, y de la identidad del cristiano - ser discípulo misionero - sin lugar a dudas conllevarán consecuencias en todas las estructuras eclesiales, metodologías pastorales y perspectivas de evangelización. 

 

(Fin de la primera parte)

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