06/11/2019, 10.29
VATICANO
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Maximum Illud: contra el activismo ‘de derecha’ y ‘de izquierda’. El caso de las ‘Pachamama’ (Segunda parte)

de Bernardo Cervellera

Los tradicionalistas y los progresistas tratan de superar la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo. Pero naufragan en las contradicciones. Es necesario ir al encuentro del mundo, “salir”, pero comunicando la vida de Cristo. Y en cuanto a las “Pachamama”, lo que falta es una síntesis entre diálogo y anuncio.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Publicamos la segunda parte de la reflexión sobre el centenario de Maximum Illud, para retomar la misión ad gentes y la “transformación misionera de la vida y de la pastoral”. Para la primera parte, véase aquí

Además del “gris pragmatismo”, hay otro problema en el cual Francisco siempre hace hincapié, cuando se refiere al gnosticismo y al neo-pelagianismo: la indiferencia hacia Dios. 

Si hay algo que caracteriza nuestro mundo es precisamente la indiferencia hacia Dios, que se traduce, por tanto y asimismo, en indiferencia hacia el prójimo. Esta doble indiferencia, que en realidad es una sola, es un distintivo de Occidente, pero también se percibe en muchos lugares de misión. 

Ésta puede ser vista, por ejemplo, en la India, donde hay urbanizaciones gigantescas, que despersonalizan, pero también se percibe en Japón y en Corea...

Entre los cristianos, la indiferencia hacia Dios y hacia el prójimo suele dar lugar a dos tipos de respuesta. Frente al despoblamiento de las iglesias, frente al abandono de los jóvenes, uno tiene la tentación de imponerse la tarea de potenciar la propuesta dirigida a aquellos que permanecen. Y entonces, en la parroquia, en la diócesis, en el grupo, se incrementan las vigilias, la Lectio Divina, las peregrinaciones, etc.: muchas ocasiones, para mantener viva la fe de los que se han quedado. Esta actitud, no pocas veces, da pie a una modalidad un poco tradicionalista: “¡Es necesario hacer las cosas como solían hacerse antes, de lo contrario todos los que están aquí se irán!”

La otra respuesta, en cambio, es poner en marcha un potente activismo social. Para salir a buscar a las personas que están lejos de la Iglesia, yo voy de aquí para allá, me reúno con mafiosos, gays, prostitutas, etc. Esto tendría sentido si es parte de un testimonio de fe. Lamentablemente, a las numerosas personas, incluso curas, que se dedican a esta modalidad – por ejemplo, a combatir las violaciones, la mafia, la contaminación .. - se las oye hablar poco de Jesucristo.  

En relación con estas dos actitudes, es importante lo que dicen Benedicto XV y Francisco:  revalorizar la vida del cristiano como misión. ¿Qué quiere decir esto? Que yo soy tomado para participar en la vida de Cristo, y para que la vida de Cristo sea comunicada. La misión, por tanto, no es ante todo actividades, valores, ritos, sino la vida de Cristo y esa vida de Cristo se ve en nuestra humanidad cuya forma es renovada y plasmada por Cristo mismo. 

Es evidente que aquí nos referimos a las dos tensiones presentes en la Iglesia, la tradicionalista y la progresista, que arriesgan - ambas - caer en una posición pelagiana (es decir, que la salvación viene de nuestros esfuerzos). 

Ambas tensiones subrayan puntos importantes, pero luego éstos devienen todo su horizonte: de un lado, se resalta una identidad; del otro, se  subraya el compromiso en el mundo. El punto es que estas cosas deben ir de la mano. La Iglesia existe para el mundo, y no para sí misma. Ella existe para comunicar al mundo la vida de Jesucristo; de modo que la Iglesia siempre se dirige al mundo. Esa frase del Papa Francisco, que se ha convertido en un eslogan, “la Iglesia en salida”, es importantísima: la Iglesia siempre tiende al encuentro de quien no es cristiano, pero los cristianos “salen” no para pasear, o para dedicarse a sus asuntos, o para realizar sus ideologías. La Iglesia sale para ir al encuentro de aquellos que no son cristianos, para ofrecerles su fe. Por eso es importante la Maximum Illud, porque en ella se dice: “La Iglesia existe solamente para comunicar la vida de fe”. Y Papa Francisco, en el Mensaje por la Jornada Misionera del 2019, dice: “Nosotros no somos proselitistas, no tenemos un producto para vender; nosotros tenemos una vida divina que ha de ser ofrecida”: nosotros llevamos a Cristo mismo; no ante todo nuestras obras, nuestros análisis sociológicos, nuestras tareas; o bien, nuestros ritos, nuestras ceremonias perfectas.  

El caso de las “Pachamama”

Este tipo de bifurcación – entre ‘“identitarios tradicionalistas” y “dialógicos progresistas” se produjo durante el Sínodo sobre la Amazonía, con el caso de las “Pachamama”. Se trata de estatuillas-amuletos de la divinidad de la fecundidad. El día 4 de octubre el Papa Francisco quiso que éstas fueran llevadas a los jardines vaticanos para ser colocadas junto a un árbol plantado especialmente para la ocasión. Al final, los aborígenes del Amazonas, que habían trasladado las estatuillas, se arrodillaron en oración; el Papa rezó el Padrenuestro, verdadera fuente de toda fecundidad, pidiendo por el buen desarrollo de Sínodo, que estaba a punto de comenzar.  Los tradicionalistas juzgaron la ceremonia como “un gesto de idolatría”, cuando lo cierto es que éste puede ser leído como un gesto de respeto hacia la cultura aborigen. En los días posteriores, las “Pachamama” fueron exhibidas en una iglesia ubicada cerca del Vaticano – Santa María in Traspontina - y un centro misionero incluso difundió una “oración a las Pachamama”. Esto hizo que entre los tradicionalistas se arraigara aún más la convicción de que se estaba corriendo el riesgo de caer en la idolatría y en la brujería; tanto es así, que algunos tomaron las estatuillas de la iglesia de Santa María en Traspontina y las arrojaron al Tíber. El Papa pidió disculpas por el gesto de intolerancia e hizo recuperar las estatuillas, que fueron llevadas al aula del Sínodo, pero no así a la basílica de San Pedro, como se había programado en un inicio. 

Nuevamente, aquí surgió el choque y la oposición entre quien exigía “identidad” y quien quería “el diálogo con el mundo (y con las religiones)”. La misión subsana esta contraposición. Los misioneros valorizamos los elementos religiosos presentes en otros pueblos; incluso San Pablo, cuando hablaba de los atenienses (Hechos 17), elogiaba su religiosidad y el altar al “Dios desconocido”. Desde este punto de vista, el escándalo de los tradicionalistas es exagerado. Sin embargo, también es cierto que San Pablo agregó: “A ese [Dios] que ustedes adoran sin conocer, vengo yo a anunciarles”. En las ceremonias entusiastas de las “Pachamama” faltó este aspecto. Incluso más, durante el Sínodo se descubrió que en la Amazonía, los obispos y curas suelen hacer silencio respecto al anuncio de Cristo y se niegan a bautizar a los aborígenes, ¡para no “arruinar” su cultura! ¡Como si Cristo no fuera el cumplimiento de toda religión y cultura! 

(Fin de la segunda parte)

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