27/05/2015, 00.00
HONG KONG
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Misioneras de la caridad: los pobres son nuestros benefactores, gracias a ellos podemos servir a Jesús

Están en Hong Kong desde 1993, las hermanas de Madre Teresa, dirigen 2 centros para dar de comer y dar refugio a los necesitados: “Más donamos a los sin techo, más recibimos en abundancia. Los pobres no desafían a vivir nuestra vocación al máximo”.

 

Hong Kong (AsiaNews)- Las Hermanas de Madre Teresa llegaron a Hong Kong en 1983. En el presente hay dos comunidades de religiosas, con un total de 14 misioneras, que dirigen 2 centros en la península de Kowlon. Las actividades principales son la de dar de comer platos calientes a los pobres (un centenar) y hospitalidad a los sin techo (algunas decenas). Los barrios de Kowlon son viejos y populares, muchas personas no tiene demora fija. La Madre Teresa visitó varias veces Hong Kong en el curso de su vida, obteniendo también una “Laura honoris causa” por la University of Hong Kong. En los años 80/90 se realizaron coloquios para abrir nuevas casas en China, pero luego Beijing negó el permiso y el proyecto no llegó a concretarse. Publicamos un mensaje de las Misioneras de la caridad, que apareció en los días pasados en el Sunday Examiner, semanal diocesano del Territorio. Traducción curada por AsianNews.

Nosotras tenemos el privilegio de ser parte de la vibrante Iglesia de Hong Kong y poder servir a los más pobres, a través de un trabajo simple y humilde del amor.

En nuestros refugios temporáneos para los sin techo, tratamos de llevar la luz de Cristo a hombres y mujeres desafortunados, tratar de dispersar la tinieblas de sus vidas y donarles la Divina Esperanza. La experiencia de alegría de las hijas y de los hijos pródigos que vuelven al abrazo dulce y misericordioso del Padre Celestial nos da la fuerza y la exhortación a continuar nuestro servicio de paciencia, de comprensión y amor hacia los pobres. En el curso de los años hemos sido testigos de la alegría del amor de Dios que ha tocado sus corazones.

Un día un hombre que había sido criminal, buscó refugio temporáneo en nuestra casa. Arrollado por el amor de Dios por él, decidió cambiar vida. Después de algún tiempo se hizo bautizar, se casó y tuvo una pequeña niña. Ahora viene siempre a nuestra adoración semanal.

Algunos reciben el don de la fe y experimentan la alegría de la presencia de Dios en sus vidas. Otros entienden sus errores, se reconcilian con sus familias y ponen en orden sus familias, sus matrimonios. Nosotros, normalmente, damos unas vueltas por las noches para bendecir con el agua bendita nuestra casa y la de aquellos que la habitan. Cada noche vemos la alegría y el deseo de sentir el amor de Dios por ellos y de recibir la bendición. A ellos les gusta realmente que el agua santa les caiga arriba como ¡un toque tierno de Dios! Esto es realmente verdadero para cada uno de ellos: niños, adultos, ancianos y con la simplicidad de los hijos de Dios esperan el ¡toque y la bendición de Dios!

Dios no agota jamás la generosidad. Más nosotras donamos a nuestros pobres, más recibimos en abundancia. “Fuimos creadas para cosas grandes: para amar y ser amadas”, dice nuestra Madre, la Beata Teresa de Calcuta.

La gente de Hong Kong tiene corazones grandes y generosos en el compartir con los menos afortunados.

En nuestro comedor para los sin techo y otros, los más pobres de los pobres a menudo nos desafían en vivir nuestra vocación de amor y de maternidad espiritual al máximo. A menudo los escuchamos decir. “Nosotros no tenemos a nadie, tú eres nuestra madre”. Algunas veces, cuando estamos fastidiadas o irritadas por sus comportamientos, nos recuerdan “Tú eres nuestra hermana, deberías ser más amable, gentil y amorosa”. Los más pobres de los pobres son realmente muy importantes, porque nos enseñan mucho. Ellos son nuestros más grandes benefactores porque nos dan la posibilidad de servir a Jesús en el semblante sufriente y debemos a ellos nuestra existencia como Misioneras de la caridad.

Visitar a las familias de los pobres en Hong Kong es más bien difícil porque muchos rechazan abrirnos las puertas. El rosario es un arma potente que abre las puertas de las familias y sus corazones para recibir el amor de Dios que cura. Nuestra Señora toca el corazón roto y lleva la reconciliación, la paz y la alegría a muchas familias devastadas.

Los más pobres entre los pobres son los hijos más preciosos de Dios y los más amados por la Virgen María. Nuestra Señora le dijo a la beata Teresa: “”Ocúpate de ellos, llévales a Jesús. No tengas miedo. Enséñales a recitar el rosario-el rosario de la familia- y todo irá bien. Jesús y yo estaremos contigo y con tus hijas”.

 

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