21/05/2015, 00.00
CAMBOYA
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Misionero Pime en Camboya: fe, esperanza y caridad experiencia concreta en un hostal para jóvenes

de Sok San
El p. Mario Ghezzi cuenta la vida en la “House of hope”, un centro que hospeda a unos 35 muchachos y jóvenes de una zona remota. La estructura nació gracias al deseo de una católica camboyana, para permitir a los jóvenes el poder continuar los estudios. En la vida en común y en la participación en las iniciativas el encuentro con la fe.

Phnom Penh (AsiaNews)- “La caridad es siempre fuente de esperanza y cuando el corazón se abre a la esperanza está pronto a recibir a la fe”. Para el p. Mario Ghezzi, sacerdote del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras (PIME) desde hace 15 años en Camboya, las virtudes teologales han encontrado un rostro concreto en un pequeño hostal situado en un lugar perdido y lejano del país. Una realidad que, de hace casi 5 años y gracias a la obra de una católica camboyana, recibe a decenas de muchachos y muchachas, permitiendo a ellos poder estudiar. La estructura se llama “House of hope” y surge en Ampau Prey, en la provincia de Kandal, en el sudeste de Camboya. Su capital, ta Khmau se encuentra a sólo 320 km al sur de la capital Phnom Penh.       

Los jóvenes (en la foto algunos de ellos), unos 35 en total, provienen del Lago 94, una de las zonas más pobre del país; una realidad en la cual no existen ni siquiera los servicios de base como el agua, la electricidad, las calles. El pueblo es de los tiempos de la dictadura de los Khmer rojos, cuando los vértices del movimiento revolucionario maoísta han decidido transferir a la zona- en la cual había surgido en precedencia un dique- a unas 150 familias. Desde entonces autoridades y gobierno han marginado, casi olvidado a la comunidad, que sólo gracias a la obra de misioneros y Ong locales e internacionales supo encontrar recursos y medios con los cuales reconstruirse un futuro, como testimonia la cuestión del joven Lay.

“La idea base del hostal-cuenta el p. Mario- fue la de hacer salir a los jóvenes del pueblo y llevados a Amparu Prey, para permitirles continuar los estudios”. De hecho, el pueblo dispone de un jardín de infantes y de una escuela primaria, abierta por una iglesia protestante coreana, continúa el misionero Pime, pero faltaban las clases medias y superiores. Además de la escuela primaria “da sólo la mitad de los programas ministeriales, por lo tanto se trata de una formación un poco…!renga!”

La primera persona que creyó con fuerza en el proyecto dirigido a los jóvenes de lago 94 fue Men Thary, una mujer camboyana de 52 años de origen chino que se convirtió al catolicismo y fue bautizada en el año 2007. Casada y madre de 4 hijos, la mujer “reconoció al cristianismo a través del encuentro y el testimonio de las hermanas de Madre Teresa” a los inicios de los años 90. “Es una persona activa y entusiasta-cuenta el sacerdote- curiosa, propositiva, pero al mismo tiempo severa y pretenciosa”. No se convirtió al catolicismo “por conveniencia o equivocación, sino por una conversión profunda” que ha madurado con el tiempo, el estudio y la experiencia. “Tiene muy fuerte-continúa- el deseo de compartir la alegría de la fe con los otros a través de gestos concretos, en la experiencia de las cosas”.

Para el p. Mario el hostal es una realidad caracterizada por 3 elementos: fe, esperanza y caridad. “La caridad está y se trata de transmitirla a los nuevos llegados-cuenta- la fe está naciendo, pero lo que cambia es que la experiencia de la vida en comunidad se convierte en fuente de nueva esperanza”. Algunos de estos jóvenes continúan los estudios y frecuentan el liceo, luego la universidad; otros, en cambio, son ayudados para que tengan una profesión con una formación clara, para permitirles encontrar un trabajo cuando terminan sus estudios.

“Son muchachos simples-afirma el misionero Pime-de una bondad natural, pero con una fuerte necesidad de tener un guía, un punto de referencia porque arriesgan la desorientación”. En esta óptica Men Thary representa “una madre de familia”, de una severidad “que no es común entre los camboyanos” pero que permite a los jóvenes “sacar para afuera lo mejor de ellos mismos”. A través del encuentro, la confrontación de la experiencia los jóvenes, que provienen de un pueblo no católico y en el cual ni siquiera la fe budista está radicada profundamente, inician a “conocer la realidad de la Iglesia, las actividades en el cual tratamos de involucrar a los jóvenes”. “Ellos están sumergidos en un contexto católico-continúa el p. Mario- que no obliga, sino que propone y hace surgir las preguntas. Y es éste un aspecto importante porque las personas no suelen hacer preguntas, sino que aferran y aprenden a través de la experiencia. Y si alguien les muestra a ellos una experiencia comunitaria que lleva a gozar, vivir, rezar, trabajar juntos, y así hacer que la pregunta también nazca”.

Después de años de experiencia, explica el misionero, “no hubo todavía un anuncio explícito del Evangelio, pero ha llegado el momento de hacerlo. Nuestras iniciativas de caridad, como la distribución de dones y la colecta para los pobres con los jóvenes de la parroquia, en las cuales involucramos también a los muchachos y muchachas del hostal, tienen una “razón” y es el momento de anunciar nuestra misión. También por qué, concluye, en estos años algunos de los jóvenes han querido conocer el Evangelio y la Iglesia, “tanto que 4 de ellos el año pasado fueron bautizados”.

 

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