12/02/2016, 16.55
MEXICO - VATICANO
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Misionero del PIME en México: la visita de Francisco es histórica, pero que no se torne un oropel

El Padre Damiano Tina, del Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras, está en el país desde el año 2008, y desarrolla su obra en el Estado de Guerrero, un lugar marcado por la violencia y el narcotráfico. El sacerdote explica a AsiaNews que el viaje del Papa “es muy esperado por todos. La gente pide al pontífice que apunte a los muchos, demasiados males de esta nación, y estoy seguro de que el pontífice así lo hará”. El riesgo, sin embargo, “es que la visita quede en los papeles, como los discursos. Una vez que Francisco haya partido nuevamente, tocará a la Iglesia local dar un salto de calidad”.

Acapulco (AsiaNews) – La importancia histórica del viaje del Papa Francisco a México “se comprende mirando sólo las etapas de la visita. El pontífice tocará todos los puntos emblemáticos del país: desde la gran periferia de Ecatepec, periférica tanto desde el punto de vista geográfico como existencial,  llegando a la frontera de la ciudad de Juárez, tal vez el peor del mundo. Todo ello bajo el manto de la Virgen de Guadalupe, santuario mariano al cual el Papa está muy ligado”. Lo explica a AsiaNews el padre Damiano Tina, misionero del Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras, quien está en el país latinoamericano desde el año 2008.

 El misionero trabaja sobre todo en Guerrero, un Estado marcado por la violencia y el narcotráfico. Actualmente, el instituto está queriendo abrir una presencia suya en Ecatepec, extrema periferia de la megalópolis de Ciudad de México: “No es casual que el Papa haya decidido visitarla. Se trata, de modo emblemático, de una de esas periferias urbanas de las cuales él tanto habla. Ecatepec es, justamente una de ellas, y el PIME quiere estar allí, con su presencia, para comenzar una trabajo de evangelización con los últimos”.

La espera del arribo del pontífice, explica el padre Tina “es muy fervorosa, sobre todo en los Estados que Francisco está a punto de visitar. Los católicos aguardan a Francisco, porque lo aman y lo sienten muy cercano. La gente quisiera que el Papa  no quede enredado en ciertas formalidades o adherido a ciertos discursos prefabricados.  Tan cierto es esto, que se esperan que Francisco señale con el dedo las tantas cosas que en México no funcionan: la corrupción, la violencia, los secuestros, el narcotráfico”.

En un video enviado al Vaticano, sigue contando el misionero, “muchos católicos comunes han pedido al pontífice no cumplir con una visita formal, sino más bien decir las cosas claramente, tal como están. El Papa respondió de manera positiva, dijo que sabe que en México se vive una guerra y agregó que no permanecerá en silencio”.

Que Francisco conoce México “es más que evidente por el programa de la visita. Las etapas del viaje representan las teclas dolorosas del país. Ciudad de México es el corazón del país, una megalópolis en la que conviven tanto el desarrollo como la pobreza y sus contradicciones, mientras que Ecatepec  es “la periferia” que le resulta tan querida, cuando dice querer una Iglesia en salida: es desde allí que ha de mirarse el mundo”. Muy importante resulta también la estación en Chiapas: “Se trata de un Estado totalmente indígena, y las raíces de México son indígenas. Los indígenas, como siempre ocurre, son marginados: el Papa quiere mostrarles su cercanía”.

Grande es la expectativa para la escala en el norte: “Ciudad Juárez es la frontera más difícil del mundo, donde continuamente se busca alcanzar el sueño americano por vías clandestinas, donde tantos han muerto y continúan muriendo, donde se trafican armas, seres humanos y drogas… A ellos, el Papa expresará el compromiso de la Iglesia para el futuro, así como el dolor por las demasiadas víctimas de este comercio”. Todo esto, obviamente, “bajo el manto de la Virgen de Guadalupe, que Francisco visitará con devoción filial, Es el santuario mariano más importante del continente y probablemente del mundo, una luz para México”.

Junto al entusiasmo por la visita, sin embargo, anida un gran riesgo: “que el Papa sea escuchado, pero ignorado. No es necesario dar por descontado que después de su viaje sea puesto en acto un cambio verdadero. La Iglesia local es un poco paquidérmica, no inclinada a la transformación: devota y correcta, pero a veces demasiado sacramental. Francisco se planteará, en cambio, dar un gran salto de calidad: el suyo es un viaje importante, pero que no debe quedar en el oropel”.

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