14/09/2020, 14.45
ARGENTINA-COREA DEL SUR
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Mons. Han Lim Moon: el obispo coreano que predica desde América Latina (VIDEO)

de Silvina Premat

Los videos con sus homilías en español tienen un promedio de 100 mil visualizaciones por semana. El prelado toma al pie de la letra el pedido del Evangelio de predicar a todos, porque Cristo “cambia la vida de la persona que lo recibe en su corazón”. Un puente entre la cultura asiática y la latinoamericana. Su relación con el papa Francisco. “Con la pandemia estamos volviendo a la base: la vida”.

 

Buenos Aires (AsiaNews) – Mons. Han Lim Moon se siente tan asiático como latinoamericano y quiere llegar con su predicación a todas las culturas. Es obispo en Argentina, adonde llegó hace 44 años desde su país, Corea del Sur. Los videos con sus homilías en español, subtitulados hasta el momento en seis idiomas, obtienen semanalmente un promedio de cien mil visualizaciones. Conoce muy bien al papa Francisco y es uno de los fundadores de la Asociación de Misioneros coreanos en América Latina.

Toma al pie de la letra el pedido del Evangelio de predicar a todos porque está convencido de que Cristo cambia la vida de quien lo recibe de corazón. Un grupo de amigos de distintos países traducen sus homilías al inglés, italiano, portugués, francés y coreano. Publica los videos en Facebook y su canal de Youtube y desde allí son replicados.

Como el profeta Jeremías se siente llamado por Dios desde antes de su nacimiento. A la edad de 12 años entró al Seminario de la arquidiócesis de Seúl, muy cerca de Suwon, donde había nacido, y a los 21, habiendo cursado hasta tercer año de la facultad de teología se mudó con su familia a la Argentina. A cuatro meses de haber llegado se incorporó al Seminario de Buenos Aires donde con mucho esfuerzo pudo superar una de las mayores dificultades de su vida: estudiar Teología en español sin conocer ese idioma.Tardó un poco más que los demás, pero finalmente fue ordenado en 1984, se graduó en la Universidad Católica Argentina con una especialización en teología pastoral y luego hizo también una especialización en Teología Espiritual en la Universidad Gregoriana de Roma.

Aprendió tan bien el idioma y se ensimismó tanto con los latinoamericanos que donde va logra una gran empatía. Más de una vez sus homilías o conferencias han sido interrumpidas o coronadas con mantenidos aplausos. “Soy un bicho raro en América Latina porque nunca vieron un obispo coreano”, dice con humildad. Y agrega: “Si Dios me puso acá quizá sea para que sirva de nexo entre la cultura asiática y la latina”.

Ese mismo deseo lo llevó, hace poco más de dos décadas, a ser uno de los fundadores de la Asociación de Misioneros Coreanos para América Latina que, con reconocimiento de la Conferencia Episcopal Coreana, hoy nuclea a unos 130 religiosos de ese país y se reúnen anualmente.“Es como volver a casa por unos días”, sintetiza Moon.

Han Lim Moon conoce bien al papa Francisco y señala que la mayor comunidad coreana en la Argentina está en Flores, barrio de Buenos Aires donde Jorge Mario Bergoglio nació y creció, y al que volvió siendo obispo. “Los coreanos lo invitaban a sus eventos y él siempre asistía”, recordó. Para el obispo coreano, este afecto a sus ex vecinos pudo haber influido en que el segundo viaje de Franciso fuera de Roma haya sido a Corea del sur.

Personalmente Moon conoció a Bergoglio en los años noventa cuando debió pedirle autorización para que las Pequeñas Siervas de la Sagrada Familia, de Seúl, pudieran asistir a los enfermos del hospital del que Moon era capellán, en Buenos Aires. De esa ocasión Moon recuerda una anécdota curiosa. Bergoglio había rezado a Santa Teresita para que lo asista en la decisión sobre las religiosas coreanas y, cuando éstas llegaron y el actual Papa celebró una misa en agradecimiento, halló una rosa blanca en el sagrario. La tomó como una señal de la santa de que su decisión había sido acertada.

Desde 2014, Moon es obispo auxiliar de la diócesis de San Martín, una de las  zonas del Gran Buenos Aires más afectadas por el coronavirus. “Esta pandemia es una desgracia a nivel de toda la humanidad que puede convertirse en una oportunidad de conversión personal y social, un cambio profundo a lo más esencial. Por ejemplo, yo cuido más que nunca a mi mamá, de 89 años, y a mi hermano que está enfermo. Estamos volviendo a lo básico: la vida”.

 

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