19/02/2019, 10.31
RUSIA
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Moscú apunta a un internet ‘soberanista’, que lo proteja de los ‘enemigos’

de Vladimir Rozanskij

Se aprobó un nuevo proyecto de ley que podría frenar la libre circulación de noticias mundiales.  Se denuncian agresiones informáticas americanas. Muchos amigos de Putin le dan la espalda y sostienen la “libertad de navegación”. El verdadero objetivo es monopolizar el mercado y controlar posibles movilizaciones masivas en las calles. 

Moscú (AsiaNews) – El 12 de febrero pasado, la Duma Estatal de Moscú aprobó un proyecto de ley orientado a aislar el segmento ruso de Internet, conocido como Runet, y salvarlo de los ataques extranjeros. La ley ha recibido el apodo de “ley sobre el Internet ruso soberanista”, pero el procedimiento parlamentario promete ser bastante complicado: los expertos del gobierno y el Tribunal de Cuentas han dado una opinión negativa sobre el proyecto y se prevé que la discusión en el seno del parlamento será más que caldeada. Si bien nadie duda de que la ley vaya a ser aprobada, la forma que habrá de tener aún no parece bien definida.  

La impresión general es que las autoridades de gobierno, y el mismo presidente Putin, no están muy convencidos de adoptar una medida tan radical, tanto por la inevitables reacciones negativas en la sociedad (estamos atravesando una delicada etapa de protestas contra el gobierno) como por la dificultad de identificar al “enemigo” a eliminar en el mar de la navegación informática. En efecto, el verdadero soberanismo sólo funciona cuando hay una clara identificación de la amenaza que debe ser neutralizada.  

En las sesiones abocadas a tratar el proyecto de ley en la Duma, los más activos contestadores de la ley han sido los nacionalistas liberales de Vladimir Žirinovskij, un político muy hábil a la hora de olfatear vientos de protesta, y no es casual que haya sido premiado en algunas elecciones regionales recientes. Hasta ahora leal a Putin, el veterano antagonista de Yeltsin ha entendido que hoy en día ya no está más “de moda” estar del lado del zar. Ninguno de los partidos oficiales tiene el coraje de oponerse de manera directa como suele ser el estilo del bloguero Aleksej Naval’nyj, el tribuno de las plazas, pero lo cierto es que entre nacionalistas y comunistas comienzan a agitarse las frondas contra el gobierno.

Las filas de los nuevos opositores alinean a varios gobernadores regionales, que en el 2021 deberán poner a prueba el mandato recibido por vez primera “por una gracia presidencial”. Sin lugar a dudas, las restricciones en Internet no traen votos, pero bien se puede montar la campaña a favor de la libertad de expresión. Tanto más, en un periodo en el cual la crisis económica se siente cada vez más agudamente, en parte, como consecuencia de las nuevas sanciones que el Senado de los EEUU decidió aprobar días atrás.

Además, la operación de aislamiento de la red de Internet costaría varios millardos de rublos, cuando hoy en día, en Rusia, en el campo de la comunicación está en curso una lucha despiadada entre los operadores estatales y privados. Detrás del proyecto de ley hay fuertes intereses económicos, disfrazados con eslóganes ideológicos soberanistas y patrióticos, en respuesta a las amenazas americanas. En el Parlamento, la ley ha sido presentada como una respuesta a la nueva concepción de Trump sobre la seguridad cibernética, y por primera vez, se denuncian agresiones informáticas americanas, cuando hasta ahora eran los rusos los destinatarios de acusaciones de este tipo.

Los ataques cibernéticos, por otro lado, están a la orden del día en todas las direcciones, tal como ha estado ocurriendo en los últimos días entre los Estados Unidos y China, cuyas recíprocas agresiones informáticas superan cualquier cosa imaginable para los hackers rusos. Las comunicaciones internacionales realmente están en riesgo, ya sea por fallas en las tuberías de cableado a causa de las excavaciones en las ciudades y por los mordiscos de los tiburones en las redes que se extienden bajo el océano; nadie es capaz de excluir a una nación entera de la navegación de internet, como alardean los paladines del aislamiento ruso.

Las preocupaciones reales parecen ser más bien internas: se vocifera contra las agresiones internacionales, para ocultar el temor de que las protestas callejeras opositoras puedan movilizarse por medio de las convocatorias en Internet, como sucedió en las llamadas “primaveras árabes” o en los disturbios de la Majdan ucraniana, verdaderas pesadillas para cualquier régimen totalitario contemporáneo. Algunos recientes “ejercicios” impuestos a los mayores operadores han llevado a bloqueos temporales en el servicio: por ejemplo, el bloqueo de YouTube durante varios días, para limitar la circulación de determinados bloques informativos. La autoridad de control, el  Roskomnadzor, está testeando el llamado DPI, el sistema de bloqueo de sitios de internet. Algunos observadores se refieren a estos años como el “nuevo terror de 1937”, recordando la fase más aguda de las represiones estalinistas. 

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