27/04/2016, 10.17
CHINA
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Murió Harry Wu, el testigo de los laogai, los campos de trabajo forzado en China

El disidente pasó 19 años en un campo de “reeducación a través del trabajo”. Liberado, escapa a los Estados Unidos, desde donde comienza una batalla, que se prolongó durante decenios, contra el sistema de los laogai. Gracias a su compromiso y a su valiente testimonio, Beijing fue forzada  –al menos en los papeles- a cerrar los campos de trabajo forzados. Católico, habló muchas veces en defensa de la libertad religiosa en China.

Washington (AsiaNews) – Harry Wu, uno de los disidentes chinos más destacados en el panorama internacional, murió, a los 79 años de edad, mientras se encontraba de vacaciones en Honduras. Lo anuncia la administración de la Laogai Human Rights Organisation, Ann Noonan, que desde hace mucho tiempo colaboraba con él. Aún no se han esclarecido las causas de la muerte: el hijo, Harrison, y su mujer, China Lee, están de viaje en América Central, donde acudirán a la autopsia, y desde donde llevarán el cuerpo a los Estados Unidos.  

Nacido en una familia de buen pasar católica de Shangai, que padeció las confiscaciones maoístas luego de la victoria comunista de 1949, Wu sufre en carne propia la brutalidad del régimen chino. Arrestado por las autoridades comunistas en 1960 –mientras estudiaba Geología en la universidad- , con la acusación de ser “contrarrevolucionario” y de “pertenecer a un grupo de estudiantes católicos al margen de la ley”, es liberado en 1979, tras 19 años de detención. En 1985 logra llegar a los Estados Unidos y desde entonces comienza a luchar por el retorno de los derechos humanos a su país.

El trágico relato de aquellos 19 años es recogido en Bitter Winds (1994), memoria de sus experiencias en los laogai. El volumen fue traducido y publicado en lengua italiana, con el título “Contrarrevolucionario. Mis años en los gulags chinos” (Ediciones San Pablo) en el 2008. El texto fue presentado por el mismísimo autor en el Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras de Milán.  

Convertido en ciudadano americano, asume el rol de profesor de Geología en la Universidad de California, Berkeley. Allí comienza a escribir sus experiencias en los laogai, y en 1992 abandona la enseñanza para dedicarse exclusivamente al activismo y a la denuncia de las violaciones a los derechos humanos en China. A este fin, crea la  Laogai Research Foundation, una organización dedicada a la investigación y a la educación pública sin fines de lucro, con el fin de dar a conocer la situación en los campos de trabajo chinos.

El sistema de reeducación forzada ideado por el gobierno comunista desde su nacimiento, se divide en laojiao (forma breve de "laodong jiaoyang", reeducación a través del trabajo) y laogai. Ambos fueron puestos en acto por Mao Zedong desde 1957 con el fin de “reformar la mente de los contrarrevolucionarios y conservadores de derecha”.

La condena al primero estaba a criterio de la policía, y no podía durar más de seis meses; el segundo estaba validado por una sentencia y podía llegar a durar por decenios. Según la Laogai Research Foundation, en China, hacia el 2013 había al menos 1045 Iaogai, con aproximadamente 4 millones de prisioneros. Las estructuras industriales y agrícolas de los Iaogai son un verdadero sistema que contribuye a la economía china. Los prisioneros de los laogai no reciben ninguna remuneración.

Wu dio su testimonio ante varios Congresos de los Estados Unidos, ante el parlamento del Reino Unido, de Alemania, de Australia, en las Naciones Unidas y en el Parlamento Europeo, haciendo que en los Estados libres se prohíba la difusión y la venta de los productos provenientes de los laogai.

Continuó visitando a menudo la patria, para recoger testimonios y confeccionar informes sobre la situación social real: por este trabajo, es arrestado en 1995 y condenado a 15 años, acusado de espionaje. Gracias a un intenso trabajo diplomático, es devuelto a los Estados Unidos, sin descontar la pena.  

En el año 2008 inaugura en Washington el “Museo de los Laogai”: éste, según fueron sus palabras, “servirá para preservar la memoria de las muchas víctimas del sistema de reeducación a través del trabajo, y ayudará a dar a conocer al público las atrocidades cometidas por el régimen comunista chino”.

Gracias a su compromiso, en el 2013 Beijing anuncia el cierre del sistema de los laogai. Si bien al anuncio no siguieron hechos concretos en lo inmediato, en un lapso de dos años los campos fueron eliminados. “Era un verdadero héroe –concluye Noonan- y su trabajo continuará. No se detendrá jamás”

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