28/01/2019, 12.19
ITALIA-TURQUÍA- RUSIA
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Ortodoxos rusos europeos entre Constantinopla y Moscú

de Stefano Caprio

Las iglesias de la emigración rusa estaban bajo la protección del Patriarca de Constantinopla durante el período soviético. Después de la ruptura entre Bartolomé y Cirilo. arriesga de ser absorbidos en el mundo bizantino griego. El riesgo es perder la identidad rusa. Carta del metropolitano Juan a Bartolomé I.

 

Roma (AsiaNews) - El patriarcado de Constantinopla ha suspendido“a divinis” por 3 meses al padre Dionisio Bajkov (v. Foto), cura ortodoxo en servicio en Sanremo dedicada al Santísimo Salvador, a Santa catalina y a San Serafino de Sarov. Se trata de una de las iglesias de la arquidiócesis rusa suprimida el pasado noviembre por el patriarcado ecuménico, a las cuales se intimó de conmemorar al propio arzobispo, de unirse al clero de las metrópolis griegas, de considerar a las parroquias y comunidades como parte de estas metrópolis y al final entregar todos los documentos pedidos y los registros parroquiales.

La suspensión fue decidida por el metropolitano Gennadios (Zervos), jefe de los ortodoxos griegos en Italia, con sede en Venecia. El p. Bajkov ignoró todas sus directivas y continuó conmemorando al arzobispo de París Juan de Charapoulis, su nombre civil Jean Renneteau, un francés de 76 años nacido en Burdeos, que representa la histórica “ortodoxia francesa”, originada por la emigración rusa de los años sucesivos a la revolución. Además, el párroco de Sanremo no se presentó a la reunión convocada en Venecia el pasado 23 de enero. Como él, también otros sacerdotes han desertado a la convocatoria de Venecia y se esperan para los próximos días nuevas suspensiones y amenazas.

La iglesia de Sanremo es quizás la más famosa entre las iglesias ortodoxas italianas; como reafirmó el mismo padre Dionisio en una entrevista a la Nezavisimaja Gazeta, “es la tarjeta de visita de la ciudad y es mostrada en todos los mapas turísticos, por eso está desde hace tiempo en la mira de los griegos. Para evitar polémicas, la mantendremos  cerrada hasta el 23 de febrero, cuando habrá una asamblea de nuestra Arquidiócesis”. El párroco también agregó que está dispuesto, si es necesario, a “abrir las puertas”. También otros sacerdotes, en los 10 países que componen el exarcado de París, decidieron abstenerse para el próximo mes de todas las celebraciones litúrgicas.

El conflicto entre griegos y rusos en Europa es recurrente, por las diversas sensibilidades de las dos comunidades ortodoxas étnicas. La convivencia bajo la jurisdicción constantinopolitana data del período siguiente a la revolución, cuando los rusos emigrados encontraron en parte acogida en el patriarcado ecuménico, pero fue reavivada en modo explosivo después de las disputas entre Moscú y Constantinopla de los últimos meses, que llevaron a la creación de la Iglesia ucraniana autocéfala (entre los “rusos europeos” hay muchos ucranianos y moldavos).

El pasado septiembre, apenas difundida la noticia que Bartolomé habría concedido la autonomía a los ucranianos, algunos sacerdotes de la comunidad rusa europea comenzaron a agitarse. Ya en octubre el archiprete Jorge Blatinskij, en servicio en la otra prestigiosa iglesia de la Natividad y San Nicolás en Florencia, había anunciado la decisión de dejar a los griegos para volver bajo la autoridad del patriarcado de Moscú. Probablemente para cortar netamente toda polémica, en noviembre la arquidiócesis rusa fue suprimida, eliminando toda ambigüedad entre griegos y rusos en las estructuras del patriarcado.

Frente a este cambio imprevisto, a fines de diciembre el patriarca de Moscú Cirilo tomó la decisión de restructurar la red de iglesias rusas en los países europeos, nombrando al joven obispo Juan (Roščin), desde hace poco enviado a Italia, con el título de metropolitano de Korsun y de toda Europa occidental, con sede en París. Una de las finalidades de tal nombramiento es justamente la voluntad de llevar hacia la jurisdicción moscovita a los sacerdotes rusos desilusionados por Constantinopla, que en parte datan desde la diáspora post-revolucionaria, pero en parte aún mayor eran los que se fueron justamente del patriarcado moscovita.

El próximo 23 de febrero se realizará la Asamblea de la ya ex-arquidiócesis griego-rusa, que decidirá si someterse a Constantinopla y perder la propia identidad o buscar una acuerdo con Moscú, esperando conservar al menos un apariencia de autonomía. Mientras tanto, el obispo Juan de Charioupolis envió una densa y respetuosa carta a Bartolomé, que recorre la historia de la comunidad rusa europea y defiende las razones de una visión eclesiológica muy particular.

Los rusos europeos, de hecho han buscado en este siglo mantener junta la identidad rusa que parecía haber sido cancelada por los soviéticos en la patria, la tradición bizantina y la integración en la Europa democrática y secularizada. Fidelidad e innovación, dos conceptos difíciles de armonizar también para católicos y protestantes, tanto más para una Iglesia a menudo indefensa frente a las olas de la historia y de la política, como la ortodoxa, hoy puesta una vez más a la prueba como quizás jamás antes.

 

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