10/07/2019, 14.23
BANGLADES
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P. Baio: Mi vida, un continuo ‘sì’ a la voluntad del Padre

de Anna Chiara Filice

El misionero italiano está en Bangladés desde 1974. En el país asiático hizo “una experiencia viva de la Providencia”. Fundador de diversas misiones del PIME, afirmó: “Doy gracias al Señor porque me condujo por mano y yo me dejé conducir no obstante mis límites y me atreví a vivir sólo en la confianza de su ayuda”.

 

Dinajpur (AsiaNews) – Un continuo “sì” a la voluntad del Padre: es el hilo conductor de la vida del p. GianAntonio Baio, misionero del PIME (Pontificio Instituto Misiones extranjeras) en Bangladesh. A AsiaNews cuenta su historia, la vocación y la misión. “Todo inició cuando tenía 15 años con una provocación del párroco de la iglesia que frecuentaba. Después de una confesión, me dijo: ‘¿Por qué no te haces cura’?. Si me hubiese dado una bofetada, no habría sufrido tanto, pensando en las responsabilidad que tenía en mi familia. Pero aquel pensamiento no me abandonó y al final de 18 años, me rendí”. “Mi madre- continúa- a la cual le confesé que quería entrar al seminario, me respondió con los ojos conmovidos: ‘Si es Jesús que te llama, tú vas’. 

Al límite de los 75 años, que cumplirá el próximo 29 de septiembre, el p. Baio vuelve a trazar su propia vida, dedicada enteramente a “hacer la voluntad de Cristo”. “Gracias a Dios-narra- nací en una familia católica en Isola Vicentina, en el Véneto. Éramos muy pobres, por lo tanto mi padre decidió transferirse a Lombardía en busca de trabajo”. Aquí la familia crece, hasta llegar a 8 hijos (dos mujeres y 6 varones). Tres de éstos han dedicado la propia vida a la Iglesia: Yo soy misionero, mi hermana menor es un monja benedictina y mi cuarto hermano es párroco. El año pasado en Isola de San Julio (Novara), donde ella vive, hemos celebrado juntos mis 45 años de ordenación, los 40 años de mi hermano y los 25 años de la profesión perpetua de mi hermana”.

Ordenado en 1973, al año siguiente el p. Baio llega a Bangladés: de allí inicia su misión, un repetirse del “sí” a los pedidos de los superiores. Su primer destino, cuando tenía 29 años, es como párroco de Bonpara y director de la escuela católica, con 1.800 alumnos pobres en su mayoría musulmanes. En 1979 es párroco de la catedral de Dinajpur y director de la escuela de S. Felipe; luego en 1981 se transfiere a la misión de Rohampur (Rajshahi), en una zona habitada por los tribales Santhal. En 1989 el entonces arzobispo de Daca pidel al PIME iniciar una presencia en la capital. Y también en ese caso, responde “sí”. Además de la casa, él edifica la adyacente iglesia de Santa Cristina, que toma el nombre de un joven italiana muerta a los 19 años en un accidente vial. “Fue su abuela- cuenta- quien nos donó el dinero para la construcción”.

Contemporáneamente, en 1993 el sacerdote funda la iglesia de Mirpur, en 2018 cedida a la diócesis después de 25 años. Después de 20 años de misión, el instituto le pide que vuelva a Italia, donde permanece por 10 años. Luego en 2004 vuelve a Bangladés y funda otra misión en Kewachala. Al final desde 2017 es el rector del santuario de la Virgen de Pompeya en Rajarampur, en terra Orao, famosa meta de peregrinación e importante lugar de culto también para los musulmanes. “Para mí venir aquí fue una gracia”, afirma.

El misionero explica que “todos los ‘sí’ que pronuncié eran la voluntad de Dios”. “Es el plan de Dios que se realiza en varios modos. 

Es en la oración, la reflexión y la meditación que reconocía que no era un capricho mío, una elección mía.. Por lo tanto confiaba en las propuestas de los superiores”. Mirando para atrás, subraya. “tengo un sentido profundo de gratitud. No obstante mi timidez y mis límites, por gracia del Señor logré ser útil”.

Continúa el p. baio: “cada paso que hacía, estaba preocupado por un sentido profundo de incapacidad. Preguntaba: ‘Señor, ¿justo a mí me elegiste?’. Saber que no es mía, sino su voluntad, su llamada a la vocación: es esto que te hace valiente. Hoy vivo en el santuario y doy gracias a Dios porque me llevó con sus manos y yo me dejé conducir no obstante mis límites y me atreví a vivir sólo en la confianza de su ayuda. Frente a la debilidad, el Señor dice ?Confía yo siempre estoy contigo’.

Sobre su misión en Bangladés, afirma: “Cuando vienes aquí, te enamoras de la gente y haces todo lo que puedas por estas personas: hostales, dispensarios, escuelas. Cuando ves esta pobreza, te la pones encima. En el sentido que ta hagas cargo, con la conciencia que es el Señor quien manda”.

Mirando para atrás, a los 35 años dedicados a este país, sostiene: “He dado todo mi mismo. Fui un trámite de tantos benefactores que se hicieron disponibles en ayudar. En este país hice una experiencia viva de la Providencia. Dí mi tiempo y mis energías y recibo un sentimiento de paz interior, alegría, fraternidad.Me siento uno de ellos. Si vives junto a la gente, no puedes no compartir todo de la vida de ellos: la poca comida, las cabañas llenas de mosquitos, la pobreza, el sufrimiento, los límites. En estas condiciones de enfermedad y dolor, lograr darles la esperanza, llena el corazón de gratitud al Señor”.

 

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