03/09/2018, 17.12
ISLAM-CAMERÚN
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P. Del Bo: La colonización islámica de Europa. Pero para nosotros, es importante el diálogo (III)

de Luca Del Bo

A través de la demografía –teniendo muchos hijos- y con reglas de la fraternidad islámica, en la actualidad hay barrios enteros de Londres, París –e incluso Italia- en los cuales rige, no la ley del Estado, sino la sharia. En la escuela, se enseña la predicación y la misión musulmana. Los jóvenes islámicos van en busca de su identidad. Proyectar la convivencia como en una familia.  

Roma (AsiaNews) – Para profundizar en su conocimiento del islam, el P. Luca del Bo, un misionero del PIME que actualmente vive en Camerún, asistió a los cursos de un instituto islámico de París (Francia) inspirado en los Hermanos Musulmanes. El ideal de dicho instituto es volver a motivar a los jóvenes para que ellos vivan un islam integral en el cual se valora la sharia. De esta manera, está en curso una suerte de colonización islámica de las ciudades europeas o, cuando menos, de algunos de sus barrios. Pueden verse los efectos de la misma en Londres, en París y en algunas ciudades italianas.  

El P. Del Bo, junto a otros cristianos y a los imanes del Norte de Camerún, ayuda a los jóvenes a fin de que no sigan la fascinación del islam fundamentalista y violento de Boko Haram. A continuación, presentamos la tercera parte de su testimonio, donde cuenta cómo fue su experiencia, mientras estuvo en contacto con la escuela islámica de París.  Para la primera parte, veáse aquí. Para la segunda, veáse aquí.  

 

La escuela a la que asistí en París reivindica que enseña el “verdadero” islam, que, en el fondo, es el salafita, que refleja el período de los “califas bien guiados” y del Califato de Bagdad. Como es natural pensar, allí se enseña la importancia de que los musulmanes sigan la sharia, la ley islámica, fundamentando los argumentos con citas de los hadiz, o del Corán, o bien de los grandes juristas. Es una escuela que otorga un gran valor a la jurisprudencia. Frente a ciertos aspectos chocantes de la sharia (como por ejemplo, el corte de la mano en el caso de los ladrones), ellos explican que estos castigos deben aplicarse en un Estado islámico. En un Estado semejante no debiera haber pobres, razón por la cual no habría necesidad de robar. La sharia no prevé que se corte la mano a un pobre que roba por hambre, sino sólo al rico.  También debe decirse que la ley del corte de la mano no se aplica en los Estados islámicos, salvo en el caso de Arabia Saudita (wahabita) y de Daesh.

En la escuela se insiste mucho sobre el comportamiento, la vestimenta (velo, vestirse con pudor, barba, etc.) y la comida –qué se puede comer o beber y qué no. Por ejemplo, ¿se puede consumir vinagre (que proviene del vino)? ¿Se puede consumir gelatina de cerdo?

Se pide a todos proclamar y difundir su fe. También hay un curso de “francés”, que en realidad apunta a enseñar a estos jóvenes musulmanes a responder ante las críticas que llegan a sus oídos, sea que éstas se dirija al islam o a la comunidad musulmana. Si se percatan de que alguien usa palabras o echa una mirada maliciosa a un muchacho con barba, le enseñan a escribir inmediatamente un artículo para ser enviado a los periódicos, y así difundirlo.  

También hay una suerte de colonización de hecho en los barrios de las ciudades europeas. Siendo que la indicación que reciben es no estar demasiado tiempo con nadie que no sea musulmán, ellos tienden a vivir codo a codo, e incluso a vivir rodeados de vecinos musulmanes. Cuando ellos devienen un número importante, comienzan con la predicación, invitando a los vecinos que no son musulmanes, a convertirse: la estrategia (que les enseñan en la escuela, en el curso de predicación y misión) es mostrarse gentiles y hospitalarios con los vecinos y luego proponerles el islam e insistir con esta propuesta. Si no aceptan convertirse, les proponen comprar su casa, de modo de que el barrio se vuelva más homogéneo. No los expulsan, pero ejercen una fuerte presión. Es sabido que en Londres existen barrios donde se vive bajo la sharia. En un documental realizado sobre estos barrios londinenses, se muestra a una mujer que pedía el divorcio porque el marido la maltrataba, y se había dirigido a los imanes, que tenían a su cargo la administración del barrio.  Y allí se ve que no es el Estado el que administra la ley, sino que en su lugar domina la sharia. La mujer hubiera podido dirigirse al Estado, pero en tal caso, se hubiera tenido que mudar de casa y de barrio, porque la presión social para ello hubiera sido muy fuerte. Lo mismo sucede en los alrededores de París y en algunas zonas de los Alpes, donde las comunidades musulmanas están creciendo de una manera desmedida, mientras los occidentales abandonan las montañas. En Italia también está sucediendo lo mismo. Recuerdo que cuando yo era un joven adolescente, vivía en una región pequeña, donde también residía una comunidad musulmana minúscula. Los chicos jugábamos al fútbol y había un musulmán que juagaba con nosotros. Un día no lo vimos más. Fuimos a preguntarle por qué ya no jugaba más con nosotros, y él dijo que ya no podía venir, porque habían llegado otros amigos musulmanes. Cuando la comunidad islámica crece, entonces entran en juego las leyes y las reglas que marcan que no se debe estar demasiado tiempo con gente que no es musulmana. Los musulmanes llegan de afuera, la comunidad crece, se casan rápidamente, con el objetivo –declarado- de tener muchos hijos y educarlos según el islam. Luego forman estas comunidades barriales, y tratan de vivir entre ellos de acuerdo a la sharia. Esto no se da por una imposición: ellos quieren vivir con amor, con pasión su fe, porque es parte de su identidad.  

Nosotros tendríamos que aprender de ellos. Ayer participé de una audiencia con el Papa en el aula Pablo VI, y los cristianos y católicos –que debieran estallar de caridad y amor- se peleaban por estar bien adelante para ver al Papa y así tomarse la mejor foto.  ¡Vi gente que se insultaba, cuando debieran expresar amor! A diferencia de ello, los musulmanes quieren vivir plenamente su fe, aprenden -desde pequeños- que el islam es la mejor comunidad, que se debe vivir la paz, la justicia, los vínculos fraternos. Cuando hablan, se dirigen unos a otros llamándose “hermano, hermana”.

 

Jóvenes en búsqueda

En la mayoría de los casos, los que asisten a los cursos son jóvenes. Muchos de ellos –sobre todos los muchachos- abandonan las clases, porque deben ganarse un sustento, entonces siguen los cursos por correspondencia o por Internet. En el instituto al que yo asistía había 1700 estudiantes, en su mayor parte, muchachas. Hay dos institutos más, de características similares, en los alrededores de París.

El 90% del alumnado está constituido por muchachas, que en general son mujeres casadas muy jóvenes. Ellas son las que deberán dar a luz y criar a los futuros niños y, por lo tanto, a la nueva comunidad musulmana. Yo aprecio el hecho de que ellas lo hagan todo con convicción y amor. Lo mismo vale para el velo: no es algo impuesto; lo llevan por amor al profeta, porque las mujeres del profeta llevaban el velo. Jamás tocan a otra persona. En dos años de curso, ninguna de ellas  jamás me rozó siquiera, y yo jamás rocé la mano de una de estas jóvenes, ni siquiera cuando estudiábamos sentados uno junto a otro. Y esto, no porque “la sharia dice que debe ser así”, sino porque se entra en una lógica, una convicción de que la religión es esto, Dios te lo manda porque él es sabio y quiere tu bien.  

Todos estos jóvenes están en busca de su identidad islámica. Ante todo, hay un factor social, que está en juego en todo esto. En Occidente conviven varias generaciones de musulmanes junto a otras identidades (cristiana, laica, etc). Estas identidades entran a competir, y los jóvenes caen en una crisis a raíz de ello.  

Hay un factor religioso espiritual [constitutivo] por el cual, más allá de cuán secularizado pueda estar el hombre, siempre está en busca de “Otro” en quien confiar. Esto a menudo es ignorado, pero yo me doy cuenta que en la humanidad está presente esta búsqueda. Por muchas generaciones se puede “vivir de rentas”, pero luego la “renta” se acaba, y la humanidad comienza a buscar otra vez. Estos jóvenes ven que sus padres están secularizados, pero recuerdan que sus abuelos tenían una identidad sencilla pero fuerte, y entonces tratan de regresar a esa identidad religiosa, espiritual, buscando cosas más fuertes y más sólidas.  

Por último, hay un aspecto histórico. Durante mucho tiempo, se ha escuchado decir que el islam fue fuerte, y que en aquél entonces la comunidad vivía en paz, que fue una época de oro, en la cual no existían problemas, y había desarrollo. Ahora asistimos a países islámicos que están atrasados en comparación con los de Occidente, y en los cuales el islam no está haciendo un buen papel, y entonces surge el deseo de descubrir, “y mi verdadera identidad, ¿cuál es?”. Si yo tengo que ser musulmán, pero es para ser retrógrado y violento, entonces no. Está la voluntad de redescubrir las raíces propias. De allí el deseo de asistir a estas escuelas, buscando los temas de estudio en Internet. El problema es que en Internet, los primeros sitios que se encuentran son los violentos. Y esto es porque Arabia Saudita gasta cuando menos 11 millones de dólares en comunicación en Internet. Quien trabaja se forma necesariamente a través de Internet, cuando regresa a casa después de trabajar, o en su tiempo libre. El motivo para hacerlo, es redescubrir la propia identidad cultural y religiosa. Puede que a veces se cargue además con un descontento social, sobre todo en los países que tienen un pasado colonial, como Francia, donde la presencia de musulmanes es mayor. En Italia todavía no tenemos este problema, si bien las comunidades islámicas están creciendo. El año pasado, la asociación musulmana italiana trató de que se aprobase la ley civil sobre la poligamia. Actualmente, en Italia hay 20.000 matrimonios poligámicos reconocidos, aún cuando la ley finalmente no fue aprobada. Lo interesante es que los musulmanes la propongan como ley civil, y no como una ley religiosa. Y el tema que se debate es: “Si los homosexuales pueden casarse y adoptar niños, entonces, ¿por qué no puedo tener más mujeres? Y ante el argumento: “Por el derecho de la mujer”, ellos responden: “Entonces pongamos como condición que uno pueda casarse con más de una mujer, si logra amarla y tratarla como a las demás”. Y esto es parte de la sharia, que para habilitar la poligamia pone esto como condición, incluso cuando el Corán dice que es imposible amar a todas las mujeres de la misma manera.

 

El papel del dialogo

Personalmente, a mí me ha servido mucho participar de estos cursos. Siempre me recibieron bien, con respeto y con paciencia, incluso cuando reaccionaba ante algo. Aprendí a entender más el mundo del islam, que es un mundo complejo, lleno de conflictividad. Si observamos dónde hay guerras en el mundo, veremos que a menudo éstas se producen entre musulmanes. No son guerras entre el islam y el no-islam: el fuego está siempre dentro en el seno del islam, que luego, por muchas razones, termina extendiéndose, también, a quienes no son musulmanes.  

El mundo islámico se caracteriza por ser fuertemente religioso.  El musulmán trata de ser sincero consigo mismo, y de vivir bien su relación con Dios, y por lo tanto trata de poner atención en su relación con los demás. El punto que lo impulsa a ello es “cómo agradar a Dios” y como “ganar el paraíso”. En cada clase a la que asistí durante el curso, siempre estaba la explicación de cómo podía ganarse una “hasanat”, una especie de bono, méritos, con los cuales tratar de agradar a Dios e ir al paraíso. Este “agradar a Dios” tiene varias interpretaciones posibles: el kamikaze que se hace explotar, lo hace para ganar el paraíso; quien critica a aquél que se hace explotar, lo hace para ganar el paraíso. Estas interpretaciones hacen que el islam sea muy complejo y variado, e incluso incomprensible.

Me parece que es importante tratar de vivir fraternalmente con los musulmanes, pidiendo al otro los fundamentos de lo que afirma. Los que se hacen explotar a veces no tiene argumentos, sino que hacen estos gestos por el mero hecho de haber oído a otros decir que se debe hacer así.

A mi modo de ver, el diálogo está vinculado al hecho mismo de ser Iglesia. Los musulmanes no se plantean este problema, pero la Iglesia no debe renunciar al diálogo, de otro modo sólo quedaría la guerra. Y en un primer momento, el diálogo no debe basarse sobre la verdad, sobre quién tiene razón, porque de ese modo, enseguida entramos en polémica. La cuestión de la verdad debe ser planteada, pero no de buenas a primeras. Tenemos que tratar de crear lazos y relaciones con los demás, para aprender a vivir juntos. Poco a poco, esto irá creando una fraternidad universal, que, según creo firmemente, forma parte del proyecto de Dios.

Vivir como hermanos significa vivir cada uno con su propia identidad y convicciones, pero vivir juntos, en la misma familia. Se puede discutir, no estar de acuerdo, y aún cuando no compartamos los gustos o los pasatiempos de los demás, seguir viviendo juntos.

(Fin de la tercera y última parte)

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