06/09/2017, 14.30
ITALIA - SIRIA
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P. Ibrahim: los cristianos de Alepo y la lenta reconstrucción de la metrópoli “paralizada” por la guerra

de Dario Salvi

Una realidad industrial que solía aportar el 60% de la producción del país ha pasado a ser una ciudad “consumidora”. La cuestión de la seguridad y de las células terroristas dormidas.  Una generación de niños “destruida” por el conflicto y los desequilibrios sociales: por cada joven, hay 12 muchachas. El diálogo con el islam se juega en torno a la identidad, la caridad y el testimonio. 

Florencia (AsiaNews) – Antes de la guerra, Alepo “era una metrópoli que aportaba el 60% de la producción industrial” de toda Siria, el corazón palpitante “a nivel económico y comercial”. En cambio, hoy está “como paralizada” y “ya no produce más nada, ni siquiera un kilo de tomates”, se ha transformado “exclusivamente, en una gran consumidora”; el gobierno no tiene la capacidad de emprender proyectos de reconstrucción y sigue vigente el tema de la seguridad “debido a la presencia de células [terroristas] que están adormecidas, pero listas para atacar”. Es lo que cuenta el Pbro. Ibrahim Alsabagh, un franciscano de 44 años de edad, que se desempeña como párroco y guardián de la parroquia latina de Alepo, y que en estos días se encuentra en Italia para participar en una serie de conferencias. Sin embargo, al ser entrevistado por AsiaNews, el sacerdote no pierde la esperanza, y describe los proyectos puestos en marcha por la comunidad cristiana para restituir “un futuro” de paz y de convivencia en la ciudad y en el país.

Uno de los principales problemas, según cuenta el padre Ibrahim, es el de “una generación de niños que ha quedado destruida por la guerra: son inquietos, están agitados, se resisten a cualquier proyecto de educación, manifiestan signos de violencia, sus juegos suelen recordar los actos de guerra, a los cuales se suman las manifestaciones verbales ofensivas”.  Lamentablemente, prosigue, “la violencia es un elemento cotidiano, que desde las calles ha ingresado en las familias, por eso, uno de los principales desafíos es justamente el de reconstruir la personalidad de estos niños. Un tema que no se limita a la escuela, sino que también comprende un apoyo psicológico que involucra a la Iglesia y a la parroquia, con actividades orientadas a este fin”.

Si bien el cese del fuego alcanzado en el pasado mes de diciembre ha marcado el fin del conflicto abierto y de la división de la ciudad en dos sectores, actualmente todavía siguen registrándose lanzamientos de cohetes y golpes de mortero en algunos barrios. A esto, se suma la presencia de grupos extremistas que por el momento están “durmientes”, pero que están “listos para atacar”, y el riesgo de que se produzcan atentados “siempre está presente”, aunque hasta ahora “no se hayan registrado actos de violencia graves”.  

“La ideología fundamentalista –cuenta el párroco de Alepo- ha echado raíces en la mente de una parte de la población, incentivada por la ignorancia, la pobreza, y el deseo de revancha. Esperemos que el tema del terrorismo siga siendo un miedo latente y que no conduzca a gestos concretos contra la población civil, que de a poco ha vuelto a vivir, a tener esperanza”.

El padre Ibrahim recuerda los últimos tres años de guerra, el frío del invierno y el calor del verano, los misiles cayendo por todas partes, que incluso fueron apuntados hacia la iglesia, durante una celebración. “De milagro –cuenta- el artefacto no estalló, podría haber causado una masacre con decenas de víctimas, y sin embargo, sólo tuvimos alguna que otra persona con heridas leves”.  

Uno de los problemas que todavía siguen siendo actuales “es la falta crónica de agua”. En el último tiempo, explica divertido, “hice un récord: me duché utilizando sólo un cuarto de botella de agua”. Ligada a la falta de agua está el surgimiento periódico de infecciones intestinales, en tanto el suministro de electricidad “en el último tiempo ha mejorado, a tal punto que para la fiesta musulmana de Eid, volvió la luz por algunas horas. Y después de mucho tiempo, las familias pudieron utilizar otra vez la plancha, la lavadora… pequeños gestos de la vida cotidiana que estaban olvidados desde hace mucho tiempo”.

Los desafíos que Alepo debe afrontar hoy en día “son muchos”, empezando por el de una “sociedad desequilibrada, en la cual los ancianos son abandonados a su suerte y mueren estando solos, porque nadie se ocupa de ellos. Luego las viudas, las mamás jóvenes y solas con sus niños, porque los varones –prosigue el párroco-  han desaparecido. Quien no murió a causa del conflicto ha huido al exterior para escapar del servicio militar obligatorio. Por un lado, es importante defender la familia, la patria, pero también es comprensible que un joven no quiera morir.  Muchos se encuentran en el Líbano o en Jordania, en busca de un trabajo para sobrevivir. Por cada joven hay 12 muchachas, una desproporción enorme”.

Frente a necesidades que son cada vez más vastas, algunos meses atrás la Iglesia ha puesto en marcha numerosos proyectos que prosiguen con éxito: van desde la limpieza de la ciudad, a la asistencia a las jóvenes parejas de esposos, la entrega de paquetes de alimentos, y fondos para el suministro eléctrico, los centros de verano para cientos de niños, las contribuciones para poder cubrir gastos de salud y medicamentos, consultas médicas, estudios, tratamientos. “Todas ellas, cosas que la gente no puede permitirse”, explica el padre Ibrahim.

“Hasta ahora –subraya el sacerdote- hemos posibilitado que 250 personas puedan comenzar una pequeña empresa: carpintería, pastelería, textil, pequeños negocios, para contribuir al sustento de las familias. A cada una de ellas, habiendo analizado previamente el proyecto de empresa, le hemos aportado entre 1000 y 1500 euros para la puesta en marcha de la actividad.  Otras 300 personas están esperando una respuesta, tras haber presentado los proyectos por escrito”.   

Entre las actividades a las que el sacerdote otorga mayor importancia, está el sostén de las jóvenes parejas de esposos en tiempos de guerra: “Al día de hoy -cuenta-  son 940 familias cristianas, de todos los ritos. Cuánta fatiga, pero también cuánta alegría deriva de este proyecto”, que también ha atraído la atención de muchas familias musulmanas. Y es justamente en torno a las obras, a las actividades de caridad y en los gestos concretos, que se juega el desafío del encuentro y del diálogo [concreto] con el islam, yendo más allá de los discursos y propósitos aparentes. “El peso del fundamentalismo –concluye el padre Ibrahim- nos ha acercado, los encuentros son más frecuentes y no se trata sólo de compromisos, sino de diálogos sinceros. Es necesario mirar al bien común, a la educación de una generación que debe superar la ideología extremista y reconstruir una ciudad, una nación, a través de la identidad, el testimonio y la caridad que conmueve los corazones”. 

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