07/09/2017, 21.23
VATICANO - COLOMBIA
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Papa en Colombia: que los obispos “hablen con libertad”, pero como pastores, no como políticos

Los obispos colombianos deben estar en primera línea cuando se trata de “tocar la carne herida” de la historia de su país y de su gente, para ayudarla a superar el método de la violencia y de las desigualdades que tiene su origen en las debilidades de tantas familias y de “tantos jóvenes amenazados por el vacío del alma y arrastrados en la fuga de la droga, en el estilo de vida fácil, en la tentación subversiva”.

Bogotá (AsiaNews) – Los obispos colombianos deben estar en primera línea cuando se trata de “tocar la carne herida” de la historia de su país y de su gente, para ayudarla a superar el método de la violencia y las desigualdades, originado por las debilidades de tantas familias y de “tantos jóvenes amenazados por el vacío del alma y arrastrados en la fuga de la droga, en el estilo de vida fácil, en la tentación subversiva.”. Es la tarea que el Papa Francisco ve confiada a la Iglesia de Colombia y de la cual ha hablado a los obispos del país, pero subrayando su calidad de pastores.  “Ustedes –les dijo- no son ni técnicos  ni políticos, son Pastores” y en cuanto tales deben anunciar “con libertad” la Palabra de la reconciliación y de la misericordia.  

A los prelados que se encontraban reunidos en la catedral de Bogotá, en su segunda cita de la jornada, al recordar las visitas de Pablo VI y Juan Pablo II, Francisco subrayó el sentido del lema del viaje, “dar el primer paso”. En realidad, observó, es Dios “el Señor del primer paso”, tal como demuestra la Biblia, su acercamiento a Abraham y a Moisés, llegando al “paso irreversible” cumplido con la encarnación de Jesús, el cual dona a quien lo recibe el don de la “libertad de poder cumplir siempre el primer paso” sin perder jamás el camino. No pierdan nunca esta libertad, ha sido la exhortación de Francisco a los obispos. Busquen la unidad con Jesús en la oración, y “no se midan con el metro de aquellos que quisieran que fueran sólo una casta de funcionarios plegados a la dictadura del presente. Tengan, en cambio, siempre fija la mirada en la eternidad de Aquél que los ha elegido, prontos a acoger el juicio decisivo de sus labios”.

Construyan una Iglesia, prosiguió, “que ofrezca a este País un testimonio elocuente de cuánto se puede progresar cuando se está dispuesto a no quedarse en las manos de unos pocos”, reservando “una particular sensibilidad hacia las raíces afro-colombianas” de su gente.  De sus labios de legítimos pastores de Cristo, tal cual ustedes son, -siguió diciendo- Colombia tiene el derecho de ser interpelada por la verdad de Dios, que repite continuamente: «¿Dónde está tu hermano?» (Génesis 4,9). Es un interrogatorio que no puede ser silenciado, aún cuando quien lo escucha no puede más que abajar la mirada, confundido, y balbucir la propia vergüenza por haberlo vendido, quizás, al precio de alguna dosis de estupefaciente o alguna equívoca concepción de razón de Estado, tal vez por la falsa conciencia de que el fin justifica los medios”.

Invitando a los prelados a “tener siempre fija la mirada en el hombre concreto”, el Papa, que ha afirmado “no traer recetas”, ha dirigido un pensamiento a las familias y a las dificultades que hoy se tiene para defender la vida, deteniéndose en la “plaga de la violencia y del alcoholismo”, la “fragilidad del vínculo matrimonial y la ausencia de padres de familia con sus trágicas consecuencias de inseguridad y orfandad”. Y a los “tantos jóvenes amenazados por el vacío del alma y arrastrados en la fuga de la droga, en el estilo de vida fácil, en la tentación subversiva”. A ellos les recomienda: “No tengan miedo de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales.”

La última consideración, antes de encomendar a Colombia a su Patrona, la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, el Papa la dedicó a la Iglesia en Amazonia. Para todos nosotros, afirmó, es “una prueba decisiva para verificar si nuestra sociedad, casi siempre reducida al materialismo y pragmatismo, está en grado de custodiar lo que ha recibido gratuitamente, no para desvalijarlo, sino para hacerlo fecundo”… “He escuchado que en algunas lenguas nativas amazónicas, para referirse a la palabra «amigo», se usa la expresión «mi otro brazo». Sean, por lo tanto, el otro brazo de la Amazonia. Colombia no la puede amputar, sin ser mutilada en su rostro y en su alma”.

 

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