25/11/2019, 16.03
JAPON-VATICANO
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Papa en Japón: la Iglesia ‘hospital de campaña’ que ofrece reconciliación y perdón

Diálogo, solidaridad y reflexión de una sociedad condicionada el arribismo fueron los temas centrales de la tarde de la penúltima jornada de la visita del Papa Francisco a Japón, recalcadas en la celebración de la misa en el Tokyo Dome, delante de 50 mil personas, de la visita al Premier y por el encuentro con las autoridades políticas, civiles y religiosas del país.

 

Tokio (AsiaNews) – La Iglesia como un “hospital de campaña, preparado per curar las heridas y ofrecer siempre un camino de reconciliación y de perdón” para una defensa de la vida y de lo creado que pide “afrontar la cuestión nuclear a nivel multilateral, promoviendo un proceso político e institucional en grado de crear un consentimiento y una acción internacional más amplios”.

Diálogo, solidaridad y reflexión de una sociedad condicionada el arribismo fueron los temas centrales de la tarde de la penúltima jornada de la visita del Papa Francisco a Japón, recalcadas en la celebración de la misa en el Tokyo Dome, delante de 50 mil personas (en la Foto), de la visita al Premier y por el encuentro con las autoridades políticas, civiles y religiosas del país.

En un país fuertemente marcado por el consumismo, dijo en la homilía, “el hogar, la escuela y la comunidad, destinados a ser lugares donde cada uno apoya y ayuda a los demás, están siendo cada vez más deteriorados por la competición excesiva en la búsqueda de la ganancia y la eficiencia, muchas personas se sienten confundidas y abrumadas por demasiadas exigencias y preocupaciones “que les quitan la paz y el equilibrio”. Tres veces y con insistencia nos dice: no inquietarnos por vuestra vida … por el mañana y a confiar. Algo que no es una invitación a desentendernos de lo que pasa a nuestro alrededor o volvernos irresponsables de nuestras ocupaciones y responsabilidades diarias, es más, es una provocación a abrir nuestras prioridades a un horizonte más amplio de sentido y generar así espacio para mirar en su misma dirección: “Busquen en vez y ante todo, el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas les serán dadas en abundancia” (Mt 6,33) 

“El Señor no nos dice que las necesidades básicas, como la comida y la ropa, no sean importantes; nos invita, más bien, a reconsiderar nuestras opciones cotidianas para no quedar atrapados o aislados en la búsqueda del éxito a cualquier costo, incluso de la propia vida. Las actitudes mundanas que buscan y persiguen sólo el propio rédito o beneficio en este mundo, y el egoísmo que pretende la felicidad individual, en realidad sólo nos hacen sutilmente infelices y esclavos, además de obstaculizar el desarrollo de una sociedad verdaderamente armoniosa y humana.

Lo opuesto de un ‘yo’ aislado, encerrado y hasta sofocado, es un ‘nosotros’ compartido, celebrado y comunicado.

“Estamos llamados a ser una comunidad que pueda desarrollar esa pedagogía capaz de darle la bienvenida a todo lo que no es perfecto, puro o destilado, pero no por eso menos digno de amor, ¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor?”, ¿alguien, por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión, no es digno de amor? Jesús: “abrazó al leproso, al ciego y al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz e inclusive abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando”.

“El anuncio del Evangelio de la Vida nos impulsa y exige, como comunidad, que nos convirtamos en un hospital de campaña, preparado para curar las heridas y ofrecer siempre un camino de reconciliación y perdón. Porque para el cristiano - añadió - la única medida posible con la cual juzgar cada persona y situación es la de la compasión del Padre por todos sus hijos. Unidos al Señor, cooperando y dialogando siempre con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y también con los de convicciones religiosas diferentes, podemos transformarnos en levadura profética de una sociedad que proteja y se haga cargo cada vez más de toda vida.

Diálogo, paz, solidaridad a nivel internacional y defensa de la “casa común” allí comprendida la ecología humana fueron los temas afrontados por Francisco en el encuentro con los exponentes políticos y sociales, seguido de la visita al Premier Shinzo Abe.

En un discurso en el cual tiene en cierto modo los momentos de la visita a Japón, Francisco, recordando las etapas de Nagasaki e Hiroshima, dijo que “La historia nos enseña que incluso los más graves conflictos entre los pueblos, pueden encontrar soluciones válidas sólo a través del diálogo, única arma digna del ser humano y capaz de garantizar una paz duradera”. Estoy convencido de la necesidad de abordar la cuestión nuclear en el plano multilateral, promoviendo un proceso político e institucional capaz de crear un consenso y una acción internacional más amplia. Una cultura de encuentro y diálogo - marcada por la sabiduría, la visión y la amplitud de miras - es esencial para construir un mundo más justo y fraterno”.

Otro tema, la protección de la “casa común”, “sujeta a desastres naturales pero también de la codicia, la explotación y la devastación de las manos del hombre. Cuando la comunidad internacional tiene dificultad para respetar sus propios compromisos para proteger lo creado, son los jóvenes que, siempre más, hablan y exigen soluciones valientes. Nos desafían a considerar al mundo no como una posesión que hay que explotar, pero como una preciosa herencia para transmitir”.

La protección de la casa común, agregó Francisco, “debe también considerar la ecología humana. Un compromiso con la protección significa enfrentar la creciente brecha entre ricos y pobres, en un sistema económico global que permite a unos pocos privilegiados vivir en la opulencia mientras la mayoría de la población mundial vive en la pobreza”.

“La dignidad humana debe estar en el centro de toda actividad social, económica y política haciendo hincapié en la necesidad de “fomentar la solidaridad intergeneracional” y de mostrar preocupación, en todos los niveles de la vida comunitaria, “por aquellos que son olvidados y excluidos. Pienso en especial en los jóvenes, abrumados al enfrentar las dificultades del crecimiento”, y  también “en los ancianos y las personas solas que sufren aislamiento”. Sabemos-concluyó- que al final,  la civilización de cada nación o pueblo no se mide por su poder económico sino por la atención que dedica a los necesitados, así como en la capacidad de volverse fecundos y promotores de vida”. 

 

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