27/11/2015, 00.00
VATICANO - KENIA
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Papa en Kenia: el extremismo nace de la falta de educación y de trabajo

La visita a un barrio marginal y el encuentro con los jóvenes en el último día de Francisco, que parte rumbo a Uganda. La corrupción existe “en todas las instituciones, incluso en el Vaticano”. Los marginados “tienen un lugar preferencial en mi vida y mis opciones”. Ellos son la “consecuencia de nuevas formas de colonialismo”

Nairobi (AsiaNews) – La falta de educación y de trabajo crea “el peligro” de que un joven se deje “reclutar” por el extremismo y por la violencia. El Papa Francisco respondió así a una de las preguntas hechas por un joven en el estadio Kasarani de Nairobi, desbordante de entusiasmo por la última cita pública del Papa en Kenia, desde donde partirá a las 15.30 (hora local) rumbo a Uganda, segunda escala de su viaje por Africa .

La última jornada en Kenia estuvo marcada por la visita al barrio marginal de Kangemi y por el encuentro con los jóvenes. Ambos, momentos llenos de significado. A los 100.000 habitantes de un “barrio” que está privado de todo, dijo que los pobres y los marginados, víctimas de la “terrible injusticia de la marginación urbana”, víctimas de “heridas provocadas por minorías que concentran el poder, la riqueza y derrochan con egoísmo”, “tienen un lugar preferencial en mi vida y opciones”. Ellos son portadores de valores como “como la solidaridad; dar la vida por otro; preferir el nacimiento a la muerte; dar un entierro cristiano a sus muertos” y también ellos esperan casa y trabajo.

Ante los jóvenes, que lo recibieron con danzas y cantos, en un discurso improvisado en español, denunció el tribalismo y la corrupción – que hay “en todas las instituciones, incluso en el Vaticano” – y recomendó la defensa de la familia. “Si vos no recibiste comprensión, sé comprensivo con los demás. Si vos no recibiste amor, ama a los demás. Si vos sentiste el dolor de la soledad, acércate a aquellos que están solos”.

Los de Nairobi fueron momentos centrales de la visita del Papa a Kenia, desde donde partió a las 15.30 en un vuelo directo rumbo a Uganda, segunda escala de éste, su primer viaje por Africa.

En Kangemi (en la foto), Francisco recorrió en un automóvil abierto las calles del barrio, acompañado por la cálida bienvenida de los habitantes, para dirigirse a la parroquia de San José Obrero, bajo la dirección de los jesuitas, que gestionan asimismo un centro ambulatorio, un  instituto técnico de estudios superiores y un centro de asistencia a las madres en dificultades.

“En verdad – dijo a los presentes –, me siento como en casa compartiendo este momento con hermanos y hermanas que, no me avergüenza decirlo, tienen un lugar preferencial en mi vida y opciones. Estoy aquí porque quiero que sepan que sus alegrías y esperanzas, sus angustias y tristezas, no me son indiferentes. ¡Sé de las dificultades que atraviesan día a día! ¿Cómo no denunciar las injusticias que sufren? Pero ante todo, quisiera detenerme en una realidad que los discursos excluyentes no logran reconocer o parecen desconocer. Me quiero referir a la sabiduría de los barrios populares. Una sabiduría que brota de la “empecinada resistencia de lo auténtico” (Carta enc. Laudato si’, 112), de valores evangélicos que la sociedad opulenta, adormecida por el consumo desenfrenado, pareciera haber olvidado. Ustedes son capaces de tejer “lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo” (ibíd, 149)”.

En los barrios populares existe la cultura de la solidaridad

“La cultura de los barrios populares, impregnados de esta particular sabiduría, 'tiene características muy positivas, que son un aporte para el tiempo que nos toca vivir, se expresa en valores como la solidaridad; dar la vida por otro; preferir el nacimiento a la muerte; dar un entierro cristiano a sus muertos. Ofrecer un lugar para el enfermo en la propia casa; compartir el pan con el hambriento: ‘donde comen 10 comen 12′; la paciencia y la fortaleza frente a las grandes adversidades, etc.' (Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, Argentina, “Reflexiones sobre la urbanización y la cultura villera”, 2010). Valores que se sustentan en que cada ser humano es más importante que el dios dinero. Gracias por recordarnos que hay otro tipo de cultura posible. Quisiera reivindicar en primer lugar estos valores que ustedes practican, valores que no cotizan en Bolsa, valores con los que no se especula ni tienen precio de mercado. Los felicito, los acompaño y quiero que sepan que el Señor nunca se olvida de ustedes. El camino de Jesús comenzó en las periferias, va desde los pobres y con los pobres hacia todos”.

“Reconocer estas manifestaciones de vida buena que crecen cotidianamente entre ustedes no implica, de ninguna manera, desconocer la atroz injusticia de la marginación urbana. Son las heridas provocadas por minorías que concentran el poder, la riqueza y derrochan con egoísmo, mientras crecientes mayorías deben refugiarse en periferias abandonadas, contaminadas, desechadas. Esto se agrava cuando vemos la injusta distribución del suelo –tal vez no en este barrio, pero sí en otros–, que lleva en muchos casos a familias enteras a pagar alquileres abusivos por viviendas en condiciones edilicias nada adecuadas. También sé del grave problema del acaparamiento de tierras por parte de “desarrolladores privados” sin rostro, que hasta pretenden apropiarse del patio de las escuelas de sus hijos. Esto sucede porque se olvida que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” (Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 31)”.

“En este sentido, es un grave problema la falta de acceso a infraestructuras y servicios básicos. Me refiero a baños, alcantarillado, desagües, recolección de residuos, luz, caminos, pero también a escuelas, hospitales, centros recreativos y deportivos, talleres artísticos. Quiero referirme en particular al agua potable. “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable” (Carta enc. Laudato si’, 30). Negarle el agua a una familia, bajo cualquier pretexto burocrático, es una gran injusticia, sobre todo cuando se lucra con esta necesidad. Este contexto de indiferencia y hostilidad que sufren los barrios populares se agrava cuando la violencia se generaliza y las organizaciones criminales, al servicio de intereses económicos o políticos, utilizan a niños y jóvenes como “carne de cañón” para sus negocios ensangrentados. También conozco los padecimientos de las mujeres que luchan heroicamente para proteger a sus hijos e hijas de estos peligros. Pido a Dios que las autoridades asuman junto a ustedes el camino de la inclusión social, la educación, el deporte, la acción comunitaria y la protección de las familias, porque es esta la única garantía de una paz justa, verdadera y duradera”

“Estas realidades que he enumerado no son una combinación casual de problemas aislados. Incluso son una consecuencia de nuevas formas de colonialismo que pretende que los países africanos sean “piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco” (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Africa, 52). No faltan, de hecho, presiones para que se adopten políticas de descarte, como la de la reducción de la natalidad, que pretenden “legitimar el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar” (Carta enc. Laudato si’, 50). En ese sentido, propongo retomar la idea de una respetuosa integración urbana. Ni erradicación, ni paternalismo, ni indiferencia, ni mera contención. Necesitamos ciudades integradas y para todos. Necesitamos superar la mera proclamación de derechos que en la práctica no se respetan, concretar acciones sistemáticas que mejoren el hábitat popular y planificar nuevas urbanizaciones de calidad para albergar a las futuras generaciones. La deuda social, la deuda ambiental con los pobres de las ciudades se paga haciendo efectivo el derecho sagrado a las “tres T”: tierra, techo y trabajo. No es filantropía, es una obligación de todos”.

“Quiero llamar a todos los cristianos, en particular a los pastores, a renovar el impulso misionero, a tomar la iniciativa frente a tantas injusticias, a involucrarse con los problemas de los vecinos, a acompañarlos en sus luchas, a cuidar los frutos de su trabajo comunitario y celebrar juntos cada pequeña o gran victoria. Sé que hacen mucho pero les pido que recuerden que no es una tarea más, sino tal vez la más importante, porque “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio” (Benedicto XVI, Discurso en el encuentro con el Episcopado brasileño, 11 mayo 2007, 3). Queridos vecinos, queridos hermanos. Recemos, trabajemos y comprometámonos juntos para que toda familia tenga un techo digno, tenga acceso al agua potable, tenga un baño, tenga energía segura para iluminarse, cocinar, para que puedan mejorar sus viviendas… para que todo barrio tenga caminos, plazas, escuelas, hospitales, espacios deportivos, recreativos y artísticos; para que los servicios básicos lleguen a cada uno de ustedes; para que se escuchen sus reclamos y su clamor de oportunidades; para que todos puedan gozar de la paz y la seguridad que se merecen conforme a su infinita dignidad humana. Mungu awabariki (Que Dios los bendiga)”.

La corrupción es dulce como el azúcar: nos gusta, pero luego “Acabamos mal”

Improvizando, en respuesta a las preguntas de los jóvenes, el discurso en el estadio. Se parte del tribalismo, definido como manos “escondidas tras la espalda” que ocultan piedras para ser arrojadas “contra los demás”, mientras que aquello que lo vence – y mientras lo decía, invitó a todos a estrecharse las manos- es el consuelo. “El tribalismo sólo se vence con el oído, con el corazón y con la mano. Con el oído. ¿Cuál es tu cultura, porque eres así? ¿Por qué tu tribu tiene estas costumbres? ¿Tu tribu se siente superior o inferior? Con el corazón. Una vez que escuche con el oído las respuestas, abro el corazón y tiendo la mano para seguir dialogando. Si ustedes no dialogan y no se escuchan entre ustedes, siempre va a existir el tribalismo, que es como una polilla que va a roer la sociedad”.

A propósito de la corrupción, luego, el Papa dijo que “la persona corrupta no vive en paz”. “No sólo en la política, en todas las instituciones, incluso en el Vaticano hay casos de corrupción. La corrupción es algo que se nos mete adentro. Es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil y después terminamos mal y terminamos diabéticos o nuestro país termina diabético. Cada vez que aceptamos una coima  (soborno, ndt) y lo metemos en el bolsillo, destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y destruimos nuestra patria”. “Chicos y chicas, la corrupción no es un camino de vida: ¡es un camino de muerte!”.

Y siguió con los jóvenes fascinados y reclutados por el radicalismo. “‘Lo primero que tenemos que hacer para evitar que un joven sea reclutado o quiera ser reclutado, es educación y trabajo. Si un joven no tiene trabajo, ¿qué futuro le espera? Y ahí entra la idea de dejarse reclutar. Si un joven no tiene posibilidades de educación, incluso de educación de emergencia, de pequeños oficios, ¿qué puede hacer? Ahí está el peligro. Es un peligro social que está más allá de nosotros, incluso más allá del país, porque depende de un sistema internacional que es injusto, que tiene en el centro de la economía no a la persona, sino al dios dinero”.

Por parte del joven, a quien Francisco definió como “teólogo”, hubo dos preguntas. La primera estuvo relacionada con el modo a través del cual podemos comprender que “Dios es nuestro Padre”, en las tragedias de la vida. El Papa respondió diciendo que debe conservar y atesorar aquello que lo ayuda a no perder la esperanza, y mostró un Rosario y una cajita conteniendo “la historia del fracaso de Dios”, las estaciones del Via Crucis. “Hay una sola respuesta que no es respuesta, es un camino: mira al Hijo de Dios. Dios lo entregó para salvarnos a todos. Dios mismo se hizo tragedia. Dios mismo se dejó destruir en la cruz. Y cuando sientas que no entiendés algo, cuando se te viene el mundo encima...mira la cruz. Ahí está el fracaso de Dios, la destrucción de Dios, pero ahí está un desafío a nuestra fe, la esperanza; porque la historia no terminó en ese fracaso, sino en la resurrección que nos renovó a todos”.

La segunda pregunta es sobre los jóvenes que nunca han conocido el amor de una familia. El Papa respondió con una exhortación. “Defiendan la familia. Defiéndanla siempre. En todas partes, no sólo hay chicos abandonados, sino también ancianos abandonados que están sin que nadie los visite, sin que nadie los quiera. ¿Cómo salir de esa experiencia negativa del abandono, de la lejanía de amor? Hay un sólo remedio para salir de esas experiencias: hacer aquello que yo no recibí. Si vos no recibiste comprensión, sé comprensivo con los demás. Si vos no recibiste amor, amá a los demás. Si vos sentiste el dolor de la soledad, acércate a aquellos que están solos. La carne se cura con la carne y Dios se hizo carne para curarnos a nosotros. Hagamos lo mismo nosotros con los demás”.

Terminado el encuentro con los jóvenes, hubo un breve momento con los obispos de Kenia y los saludos de despedida de Kenia.

 

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