20/03/2018, 13.26
VATICANO
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Papa: ‘Mirar al crucifijo’ sobre todo cuando estamos cansados del viaje de la vida

“Estas son las ilusiones que trae el diablo: te hace ver lo bello de algo que has dejado, de la cual te has convertido en el momento de la desolación del camino, cuando todavía no has llegado a la promesa del Señor. Es un poco así el camino de la Cuaresma”: “siempre hay pruebas, y consolaciones del Señor”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- “Mirar al crucifijo”. Sobre todo en los momentos en los que “nos cansamos del viaje de la vida” y no hablar mal de Dios, porque significa envenenarse el alma. Lo dijo el Papa Francisco en la misa celebrada esta mañana en la casa Santa Marta, al comentar la Primera lectura (Nm 21,4-9) en la cual se narra  la desolación vivida por el pueblo de Israel en el desierto y el episodio de las serpientes.

El pueblo había tenido hambre y Dios había respondido con el maná, y luego, con las codornices; había tenido sed y Dios le dio agua. Luego, llegando cerca de la tierra prometida,  algunos de ellos habían manifestado escepticismo porque los exploradores enviados por Moisés habían dicho que era una tierra rica en fruta y animales pero habitada por un pueblo alto y fuerte, bien armado: tenían miedo de ser asesinados. Y por lo tanto expresaban las razones del peligro de ir allí. “Miraban sus propias fuerzas y se habían olvidado de la fuerza del Señor, que los había liberado de la esclavitud de 400 años”.

“El pueblo no soportó el viaje”, como cuando las personas comienzan “una vida para seguir al Señor, para estar cerca del Señor, pero llegado un punto, las pruebas parecen insuperables. Es cuando uno dice:  “¡Basta! ¡Yo aquí me detengo, y me doy la vuelta!”. Se piensa, pues, en el pasado, pero con nostalgia. "¡Cuánta carne, cuántas cebollas, qué comida rica y en cantidad comíamos allí!" Es “memoria equivocada “, porque aquella era la mesa de la esclavitud en Egipto. “Estas son las ilusiones que nos mete el diablo: te hace ver lo bello de una cosa que has dejado, de la cual te has convencido en el momento de la desolación del camino, cuando todavía no has alcanzado la promesa que te hizo el Señor”. El Camino de la Cuaresma es un poco así, en Cuaresma podamos pensar de este modo. O concebir la vida como una Cuaresma: siempre hay pruebas y consolaciones del Señor, como el maná, el agua, hay pájaros que nos dan de comer…pero aquella comida era mejor. Sí...¡pero no te olvides de que la comías en la mesa de la esclavitud!”.

Esa experiencia, subrayó el Papa, es la que pasamos todos, cuando queremos seguir al Señor pero nos cansamos. El error, cuando eso sucede, es “hablar a espaldas de Dios e intoxicarse el alma”. Quizás uno piensa que Dios no lo ayuda, o que son muchas las pruebas.. Siente “el corazón deprimido, envenenado”. Y las serpientes que mordían al pueblo, como narra la Primera lectura, son justamente “el símbolo del envenenamiento”, de la falta de constancia en el seguimiento del camino del Señor.

Entonces, a pedido del Señor, Moisés hace una serpiente de bronce y la eleva sobre un asta. Esta serpiente, que curaba a todos aquellos que habían sido atacados por las serpientes por haber murmurado contra Dios, era algo "profético":era la figura de Cristo en la cruz”. Está aquí la clave de nuestra salvación, la clave de nuestra paciencia en el camino la vida, la clave para superar nuestros desiertos: mirar al crucifijo. Mirar a Cristo crucificado, ¿Y, ¿qué debo hacer Padre?- ‘Míralo. Mira las llagas. Entra en sus llagas’. Por aquellas llagas nosotros fuimos curados. ¿Te sientes envenenado, te sientes triste, sientes que tu vida no va, que está llena de dificultades y también de enfermedades? Mira hacia allí”. “Mirar en aquellos momentos “el crucifijo feo, o sea real”, porque “los artistas han hecho crucifijos bellos, artísticos”, algunos de oro y de piedras preciosas. Y esto “no siempre es mundanidad” porque quiere significar “la gloria de la cruz, la gloria de la Resurrección. “Pero, cuando tú te sienas de esta maneraí, mira esto: el antes de la gloria”.

Después Francisco recordó que cuando niño iba con su abuela el Viernes santo: se hacía la procesión de las velas en la parroquia y se llevaba al Cristo yacente, de mármol,  a escala natural. Y cuando llegaba, la abuela nos hacía arrodillar. “¡Míralo bien, decía, pero mañana va a resucitar!”. De hecho, en aquel tiempo, antes de la reforma de Pío XII, la Resurrección se celebraba el sábado por la mañana, no el domingo. Y, entonces la abuela, el sábado por la mañana, cuando se escuchaban las campanas de la Resurrección, nos hacía lavar los ojos con agua, para poder ver la gloria de Cristo. “Enseñen a vuestros niños a mirar el crucifijo y a la gloria de Cristo. Pero, nosotros, en los momentos feos, en los momentos difíciles, envenenados un poco por el haber dicho en nuestro corazón algunas desilusiones contra Dios, miremos las llagas. Cristo elevado como la serpiente: porque Él se hizo serpiente, se anonadó todo para vencer a “la” serpiente, el maligno. Que la Palabra de Dios hoy nos enseñe este camino: mirar al crucifijo. Sobre todo en los momentos en los que, como pueblo de Dios, nos cansamos del viaje de la vida”.

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