09/12/2018, 14.11
VATICANO
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Papa: ‘dar sustancia’ al Adviento emprendiendo un camino de conversión

“Ante todo estamos llamados a bonificar las depresiones producidas por la frialdad y por la indiferencia, abriéndonos a los otros con los mismo sentimientos de Jesús, esto es con aquella cordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo”

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- El cristiano es aquel que, como Juan Bautista, “indica las perspectivas de esperanza también en aquellos contextos existenciales inaccesibles, marcados por el fracaso y por la derrota”, está abierto a los otros “con aquella cordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo. Y todo esto con una prisa especial por los más necesitados”. “Dar sustancia” al Adviento, tiempo de espera, como lo fue el testimonio del Bautista, es la invitación dirigida por el Papa Francisco en las palabras pronunciadas antes de recitar el Ángelus de hoy.

A las 30 mil personas presentes en la plaza de san Pedro, Francisco  dijo que: «El domingo pasado la liturgia nos invitaba a vivir el tiempo de Adviento y de espera del Señor con actitud de vigilancia y también de oración: vigilen y recen.  Hoy, segundo domingo de Adviento, se nos indica cómo dar sustancia a esta espera: emprendiendo un camino de conversión, cómo hacer concreta esta espera. Como guía en este camino, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, que “recorrió toda la región del río Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc 3,3). Para describir la misión del Bautista, el evangelista Lucas recoge la antigua profecía de Isaías que dice así: “Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas” (vv. 4-5).

“Para preparar el camino del Señor que viene, es necesario tener en cuenta de las exigencias de la conversión a la cual invita El bautista. Ante todo, estamos llamados a llenar los vacíos producidos por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna que se hace cargo de las necesidades del prójimo”.  Es decir, rellenar los vacíos producidos por la frialdad: no se puede tener una relación de amor, de fraternidad, de caridad con el prójimo si hay agujeros, así como no se puede ir por un camino con muchos agujeros, ¿no? Y todo esto, hay que hacerlo también con una atención especial por los más necesitados. Luego necesitamos allanar tantas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia. Cuánta gente sin darse cuenta tal vez, es soberbia, dura, no tiene una relación de cordialidad. Hay que superar esto cumpliendo gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, de pedidos de perdón por nuestras culpas. No es fácil reconciliarse, siempre se piensa: ¿quién da el primer paso? Pero el Señor nos ayuda en esto si tenemos buena voluntad. La conversión, de hecho, es completa si lleva a reconocer humildemente nuestros errores, nuestras infidelidades, incumplimientos».

«El creyente es aquel que, a través de su hacerse cercano al hermano, como Juan el Bautista, abre caminos en el desierto, es decir, indica perspectivas de esperanza incluso en aquellos contextos existenciales difíciles, marcados por el fracaso y la derrota. No podemos rendirnos ante las situaciones negativas de cerrazón y rechazo; no debemos dejarnos subyugar por la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo, ¡es Él!».«El Bautista invitaba a la gente de su tiempo a la conversión con fuerza, con vigor, con severidad. Sin embargo, sabía escuchar, sabía cumplir gestos de ternura, gestos de perdón hacia la multitud de hombres y mujeres que acudían a él para confesar sus pecados y ser bautizados con el bautismo de la penitencia”.

“El testimonio de Juan el Bautista, nos ayuda a ir adelante en nuestro testimonio de vida. La pureza de su anuncio, su valentía en el anuncio de la verdad lograron despertar las expectativas y esperanzas del Mesías que desde hace tiempo estaban adormecidas. Aún hoy, los discípulos de Jesús están llamados a ser sus testigos humildes pero valientes para reencender la esperanza, para hacer comprender que, a pesar de todo, el reino de Dios sigue siendo construido día a día con el poder del Espíritu Santo. Pensemos, cada uno de nosotros: ¿cómo puedo cambiar algo de mi actitud, para preparar el camino al Señor?».«La Virgen María nos ayude a preparar día a día el camino del Señor, comenzando por nosotros mismos; y a sembrar a nuestro alrededor, con tenacidad y paciencia, semillas de paz, justicia y fraternidad».
 

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