16/11/2014, 00.00
VATICANO
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Papa: Los talentos que Dios nos dio hay que hacerlos crecer, ¡No lo desilusionemos!

En el Ángelus, Francisco invita a los fieles al "volver a casa, tomar el Evangelio y releer el versículo de Mateo sobre los talentos. Mediten sobre aquello que de éstos hacemos: ¿Los distribuimos, los hacemos crecer o los tenemos en la caja fuerte?". Después de la plegaria mariana, un pedido por Roma: "Las tensiones están creciendo demasiado lamentablemente, que las partes se encuentren- también en la parroquia- para discutir y hacer que gane el diálogo".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- ´Qué hacemos con nuestros talentos? ¿Los hacemos crecer o los encerramos en la caja fuerte? Preguntó el Papa a los fieles reunidos en la Plaza de S. Pedro para el Ángelus dominical. El pontífice invitó a todos a hacer "una cosa bella, cuando volvamos a casa, tomar el Evangelio y releer este pasaje de Mateo. Mediten sobre vuestros talentos y recuerden que Dios tiene confianza en nosotros. ¡No lo desilusionemos!

El arranque es como siempre el Evangelio del domingo. "La parábola de los talentos tiene un significado claro: el hombre de la palabra representa a Jesús, los servidores somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía a nosotros, su Palabra. La Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón... en concreto, tantas cosas, sus bienes más preciosos. Mientras que en el uso común el término "talento" indica una destacada cualidad individual- por ejemplo en la música, en el deporte, etc-, en la parábola de os talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. El agujero cavado en la tierra por el "siervo malvado y perezoso" (v.26) indica el miedo al riesgo que bloquea a la creatividad y la fecundidad del amor. ¡Porque el miedo de los riesgos del amor nos bloquea!

Jesús, de hecho, retoma el Papa, "no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte, sino que quiere que la usemos para el bien de los otros. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los otros: y así crecen. Es como si se nos dijese: ¡Aquí está mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente. Y nosotros, ¿qué hemos hecho de éstos? ¿A quién hemos "contagiado" con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos contagiado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo' Son preguntas que nos hará bien ponérnosla. En cualquier ambiente, aún en aquel tan lejano e inalcanzable, puede convertirse en un lugar donde hacer fructificar lo talentos. No hay situaciones o lugares que excluyan la presencia  y el testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no está cerrado, está abierto".

Esta parábola, subraya otra vez Francisco, "nos alienta a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no enterrar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en la relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que se pone en crisis, que purifica, que renueva. Igual el perdón que el Señor nos dona, especialmente en el Sacramento de le Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejemos que libere su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga hacer el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo allí donde no hay más comunicación... Hacer que estos talentos crezcan para los otros, den frutos con nuestro testimonio".

El Señor, concluye el Papa. "no da a todos las mismas cosas y en el mismo modo: nos conoce personalmente y nos confía lo que es justo para nosotros; pero en todos pone la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros; Dios tiene esperanza en nosotros. No lo deludamos! ¡No nos hagamos engañar por el miedo, ¡Sino recambiemos la confianza con confianza! La Virgen maría encarna esta actitud en el modo más bello y más pleno. Ella recibió y acogió el don más sublime: Jesús en persona, y a su vez lo ofreció a la humanidad con un corazón generoso. A ella pidámosle que nos ayude a ser "siervos buenos y fieles", para participar "a la gloria de Nuestro Señor".

Después de la plegaria mariana, el Papa se dirige a las autoridades de la capital italiana: "En estos días en Roma hubieron muchas tensiones, más bien fuertes entre residentes y emigrantes. Son hechos que suceden en diversas ciudades europeas, especialmente en los barrios periféricos marcados por otros descontentos. Invito a la Instituciones, de todos los niveles, a sumir como prioridad aquella que ya constituye una emergencia social y que, si no se la enfrenta lo más rápido posible y en modo adecuado, arriesga de degenerar siempre más. La comunidad cristiana se compromete en modo concreto para que no haya enfrentamientos, sino un encuentro. Ciudadanos e inmigrantes, con los representantes de la Instituciones, pueden encontrarse, también en una sala de la parroquia, a hablar juntos sobre la situación. Lo importante es no ceder a la tentación del enfrentamiento, rechazar toda violencia. Es posible dialogar, escucharse, proyectar juntos, y de este modo superar la sospecha y el prejuicio y construir una convivencia siempre más segura, pacífica e incluyente".

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