14/10/2018, 13.52
VATICANO
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Papa: Pablo VI, Oscar Romero y los otros santos, ‘han traducido con su vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculo’

En la misa de canonización de 7 nuevos santos, el Papa Francisco propone imitarlos. Pablo VI “timonel” del concilio; Mons. Romero “con el corazón atraído por Jesús y por los hermanos”. Nunzio Sulprizio, “joven, valiente, humilde que supo amar a Jesús con todo su ser”. No “a las medias medidas”; no a un Iglesia que “solamente predica los buenos preceptos” y no “se lanza en el amor”. La “monotonía de una vida cristiana sin ímpetu”, llena de narcisismo y de tristeza. El saludo a Rowan Williams y a los jefes de Estado. La audiencia privada al vice-presidente Chen Chien.jen de Taiwán.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Los santos que el Papa Francisco canonizó hoy, “han traducido con sus vidas la Palabra de hoy, sin tibieza, con el ardor de arriesgar y dejar. Que el señor nos ayude a imitar sus ejemplos”. Así el pontífice concluyó la homilía durante la celebración solemne en la plaza de S. Pedro, junto a centenares de miles de fieles venidos de todo el mundo.
 

Los nuevos santos

Los beatos ofrecidos a la devoción de toda la Iglesia provienen de diversos contextos”: el Papa Pablo VI (Juan Bautista Montini, 1987-1978), que guió a la Iglesia después del Concilio Vaticano II, Mons. Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador (1917/1980), asesinado mientras celebraba la misa; Francisco Spinelli (1853-1913), sacerdote diocesano milanés, fundador de las hermanas Adoratrices del santísimo Sacramento y de las Sacramentinas de Bérgamo; Vincenzo Romano (1751-1831), sacerdote diocesano de Torre del Greco (Nápoles) famoso por su compromiso de evangelización hacia los jóvenes, los pobres y los malvivientes; María Caterina Kasper (!820-1898), virgen, alemana, fundadora de Instituto de las pobres esclavas de Jesucristo, que vivió un apostolados por los pobres, los ancianos y los niños, los huérfanos; Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús (en el siglo; Nazaria Ignacia March Mesa, 1889-1943), virgen fundadora de la congregación de las Hermanas Misioneras Cruzadas de la iglesia. De origen española, que trabajó también en Argentina para la promoción de las mujeres y al servicio de los pobres; Nunzio Sulprizio (1817-1836), un joven obrero enamorado de Jesús, muerto cuando tenía apenas 19 años, considerado protector de los inválidos y de las víctimas del trabajo.

En la homilía Francisco recordó en particular a Pablo VI, que “gastó la vida por el Evangelio de cristo, atravesando nuevos confines y haciéndose su testigo en el anuncio y en el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y se ocupa de los pobres. Pablo VI, también en la fatiga y en medio de las incomprensiones, fue testigo en modo apasionado de la belleza y la alegría de seguir a Jesús totalmente. Hoy no exhorta junto al Concilio del cual fue sabio timonel, a vivir nuestra común vocación: la vocación universal de la santidad. No a las medias medidas, sino a la santidad”.

Dijo también algunas palabras para el mártir mons. Romero: “que dejó las seguridades del mundo, hasta la propia seguridad, para dar vida la vida según el Evangelio, cerca de los pobres y a su gente, con el corazón atraído por Jesús y por los hermanos”.

Saliéndose del texto escrito, él también dedicó algunas palabras a nunzio Sulprizio, “nuestro joven, valiente y humilde, que supo amar a Jesús con todo su ser”.

De la observancia de las leyes al don de sí

La homilía es toda una invitación a cumplir el mismo camino de los santos, tomando como punto de partida el Evangelio de hoy (28° domingo del año “B”, Marcos 10,17-30, el del joven rico que se niega a seguir a Jesús.
El joven “pide la vida para siempre, la vida en plenitud: ¿Quién no la querría? Pero, notamos, la pide como una herencia para poseer, como un bien que hay que obtener, que conquistar con sus fuerzas”.
Y en cambio, “Jesú lo propone una historia de amor. Le pide de pasar de la observancia de las leyes al don de sí, del hacer para sí el estar con Él. Y le hace una propuesta de vida “cortante”: “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres [...] “¡y luego ven! ¡Y Sígueme!”. (v.21).

“Jesús es radical. Él da todo y pide todo; da un amor total y pide un corazón no dividido. también hoy se da a nosotros como Pan vivo; ¿le podemos dar las migajas? A Él héchose hombre, nuestro siervo hasta subir a la cruz por nosotros, no podemos responder sólo con la observancia de algún precepto. A Él, que nos ofrece la vida eterna, no podemos dar solo un poco de tiempo. A Jesús no le basta un “porcentaje de amor”: no podemos amarlo al 20, al 50 o al 60%. O todo o nada”.  

Auto-complacimiento egocéntrico

El Papa propone un examen de conciencia. “Preguntémonos a qué punto estamos en nuestra historia de amor con dios. ¿Nos basta con algún precepto o seguimos a Jesús como enamorados, realmente dispuestos a dejar todo por Él? Jesús nos interroga a cada uno de nosotros y todos nosotros como Iglesia en camino; ¿somos una Iglesia que solo predica buenos preceptos o una Iglesia-esposa, que por su Señor se lanza en el amor? ¿Lo seguimos realmente o volvemos sobre nuestros pasos del mundo como ese tal? En concreto, ¿nos basta Jesús o buscamos entre las seguridades de este mundo? Pidamos la gracia de saber dejar por amor del Señor: dejar las riquezas, las nostalgias de roles o poderes, las estructuras no más adecuadas al anuncio del Evangelio, los pesos que detienen o frenan la misión, los lazos que nos atan al mundo. Sin un salto en adelante en el amor nuestra vida y nuestra Iglesia se enferman de “auto-complacimiento narcisista” (Exhort. ap. “Evangelii gaudium, 95): se busca la alegría en cualquier placer pasajero, no encerramos en charlatanería estéril, nos descansamos en la monotonía de una vida cristiana sin perspectivas, donde un poco de narcisismo cubre la tristeza de quedarnos sin completarnos”

Las riquezas y la tristeza

Fuera de este ímpetu queda solo el apego a las riquezas y a la tristeza:

“Si el corazón está lleno de bienes-dijo- no habrá espacio para el Señor, que se convertirá en una cosa entre las otras. Por esto la riqueza es peligrosa y- dice Jesús. se vuelve difícil hasta salvarse. No porque Dios sea severo, ¡No! El problema está en nuestra parte; nuestro demasiado poseer, nuestro demasiado desear nos sofocan el corazón y nos hacen incapaces de amar”

“La tristeza es la prueba del amor incompleto. Es el signo de un corazón tibio. En cambio, un corazón aliviado de los bienes, que libremente ama al Señor, difunde la alegría, aquella alegría de la cual joy tanto necesitamos”

Antes de la oración del Ángelus y como conclusión de la misa, Francisco saludó a todos los presentes, en particular a Rowan Williams y la delegación del arzobispo Canterbury. Entre las personalidades políticas, él saludó a la “reina Sofía (de españa), al presidente de la República italiana, al presidente de Chile y al de El Salvador y de Panamá”. En la ceremonia participó también el vice-presidente de la República de China (Taiwán), el católico Chen Chien-jen, que tuvo una audiencia personal con el pontífice.

 

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