08/12/2013, 00.00
VATICANO
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Papa: Permanezcamos siempre unidos a María, nos enseña a vivir el Adviento en la espera del Señor

En el Ángelus dominical, en ocasión de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Papa recuerda a María: "que viene de un pueblito, enfrenta tantas dificultades pero permanece fiel al designio de amor de Dios". Hoy el homenaje a la Virgen en la plaza España- para ofrecerle "Roma, la Iglesia y la humanidad entera"- y un momento a Santa María la Mayor para rezar delante del ícono de María Salus populi romani.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- La humanidad "está unida a María, madre de Dios. No se necesita pensar que ella está lejos y nosotros aquí:¡No!, Dios la preservó del pecado original pero llama cada uno de nosotros con nombre y apellido a vivir una vida de santidad". Lo dijo el Papa Francisco en el Ángelus recitado en el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Hoy, "siguiendo una antigua tradición", el pontífice irá donde está la estatua de la Virgen en Plaza de España "para confiarle Roma, la Iglesia y la humanidad entera"

La figura de María explica Francisco, antes de la oración mariana, atrae nuestra mirada: "Con gran alegría la Iglesia la contempla "llena de gracia" (Lc. 1,28). Saludémosla todos juntos "Llena de Gracias". Digamos tres veces ( la plaza invoca tres veces  a María, ndr) Es así como Dios la ha mirado desde el primer instante de su designio de amor, la ha mirado bella, llena de gracia. ¡qué bella nuestra Madre!, María nos sostiene en nuestro camino hacia la Navidad, porque nos enseña cómo vivir este tiempo de Adviento en la espera del Señor. Porque este tiempo de Adviento es una espera del Señor, que nos visitará a todos, en la fiesta, pero también a cad uno en nuestro corazón, el Señor viene, esperémoslo"

El Evangelio de San Lucas, continúa el Papa, nos presenta a la Virgen como a una "muchacha de Nazaret, pequeña localidad de Galilea, en la periferia del imperio romano y también en la periferia de Israel. Un pueblito. Sin embargo sobre ella, aquella jovencita de aquel pueblito lejano, sobre ella se posó la mirada del Señor, que la preservó para ser la madre de su Hijo. En vista de aquella maternidad maría fue preservada del pecado original, o sea de aquella fractura en la comunión con Dios, con los otros y con lo creado que hiere en profundidad todo ser humano. Pero esta fractura fue sanada en anticipo en la Madre de Aquel que vino a liberarnos de la esclavitud del pecado. La Inmaculada está inscripta en el designio de Dios; es fruto del amor de Dios que salva al mundo"

La Virgen no se alejó nunca de aquel amor: "Toda su vida, todo su ser es un "sí" a aquel amor, es un "sí" a Dios. Pero, ¡no fue ciertamente fácil para ella! Cuando el Ángel la llama "llena de gracia" (LC. 1,28), ella permanece "muy turbada", porque en su humildad se siente una nada delante de Dios. Y he aquí, concebirás un  hijo... y lo llamarás Jesús (v.30)  este anuncio la turba aún más, porque no está aún casada con José; pero el Ángel agrega: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti ... por esto el que nacerá de ti será santo y será llamado Hijo de Dios" (v 35). María escucha  y obedece interiormente y responde: "He aquí a la esclava del Señor: que suceda en mí según tu palabra" (v. 38)

Francisco quiere subrayar cómo el misterio de esta muchacha de Nazaret no nos es extraño: "No está ella allá y nosotros aquí: no, estamos siempre unidos. De hecho Dios posa su mirada de amor sobre ¡cada hombre y sobre cada mujer! Con nombre y apellido, su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros. El Apóstol Pablo afirma que Dios "nos ha elegido antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados" (Ef.1,4). También nosotros, desde siempre fuimos elegidos por Dios para vivir una vida santa, libre del pecado. Es un proyecto de amor que renueva cada vez que nosotros nos acercamos a Él, especialmente en los sacramentos. En esta fiesta, entonces, contemplando a nuestra Madre Inmaculada, bella, reconocemos también nuestro destino más verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor. Ser transformados por la belleza de Dios. Miremos a ella y dejémonos transformar por el amor. Ser transformados por la belleza de Dios. Miremos a ella, y dejémonos mirar por ella, porque es nuestra madre y nos ama tanto. Dejémonos mirar por ella, para aprender a ser humildes  también para tener más coraje en seguir la Palabra de dios; para acoger el tierno abrazo de su Hijo Jesús, un abrazo que nos da vida, esperanza y paz".

Después de recitar el Ángelus y saludar a los grupos presentes- un pensamiento particular para la Iglesia de Canadá que festeja el aniversario de la primer parroquia y por la Acción católica italiana- el Papa anuncia que esta tarde "siguiendo una antigua tradición, me dirigiré a la Plaza de España, para rezar a los pies del monumento de la Inmaculada. Les pido que se unan a mí, espiritualmente en esta peregrinación, que es un acto de devoción filial a María, para confiarle y ofrecerle la ciudad de Roma, la Iglesia y la humanidad entera. Volviendo permaneceré un momento en santa María la Mayor, para saludar con la oración a la Salus populi romani. A todos les deseo buen domingo y buena fiesta de nuestra Madre. Buen almuerzo y hasta pronto".

 

 

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