23/02/2020, 12.36
VATICANO – ITALIA
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Papa: Reconstruir los lazos rotos en esta ‘amada zona del Mediterráneo'

En el encuentro con los obispos participantes en la reunión sobre "El Mediterráneo frontera de paz", el Papa Francisco insta a las Iglesias a proclamar y trabajar por el bien común. "El Mediterráneo sigue siendo una zona estratégica, cuyo equilibrio refleja sus efectos en otras partes del mundo". La guerra "es una verdadera locura". La "gran hipocresía" de los países que predican la paz, pero luego venden armas. Los discursos de los líderes de las nuevas formas de populismo, similares a los de la época del nazismo. Exigir la libertad religiosa para los cristianos perseguidos y valorar la colaboración entre grupos de diferentes religiones.

Bari (AsiaNews) - "Esta es la tarea que el Señor os confía para esta amada zona del Mediterráneo: reconstruir los lazos que se han roto, levantar las ciudades destruidas por la violencia, hacer florecer un jardín donde hoy hay terrenos áridos, infundir esperanza a quienes la han perdido y exhortar a los que están encerrados en sí mismos a no temer a su hermano". Al tratar estos caminos de trabajo y testimonio, el Papa Francisco concluyó así su discurso en la reunión celebrada esta mañana en la Basílica de San Nicolás con los 58 obispos y patriarcas vinculados al Mediterráneo, participantes en el encuentro sobre el tema "El Mediterráneo frontera de paz", que tuvo lugar en Bari del 19 al 23 de febrero. Después de un discurso introductorio de Card. Gualtiero Bassetti, Presidente de la Conferencia de Obispos Italianos y un breve discurso de Mons. Pierbattista Pizzaballa, Administrador Apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, tomando la palabra, el Papa en primer lugar elogió la elección de Bari como lugar del encuentro, siendo la ciudad un importante centro de relaciones "con el Medio Oriente como con el continente africano" y, gracias a la presencia de las reliquias de San Nicolás, veneradas por los cristianos ortodoxos, un lugar donde "el diálogo ecuménico e interreligioso" está vivo.

El "Mare nostrum", dijo Francisco, "obliga a las culturas y a los pueblos costeros a una proximidad constante, invitándolos a hacer memoria de lo que tienen en común y a recordar que sólo viviendo en armonía pueden disfrutar de las oportunidades que ofrece esta región desde el punto de vista de los recursos, de la belleza del territorio y de las diversas tradiciones humanas... El Mediterráneo sigue siendo una zona estratégica, cuyo equilibrio refleja sus efectos en otras partes del mundo. Al mismo tiempo, este mar es "el epicentro de profundas líneas de ruptura y de conflictos económicos, religiosos, confesionales y políticos" en los que los cristianos están "llamados a ofrecer nuestro testimonio de unidad y de paz".

El Papa, en primer lugar, denunció el flagelo de la guerra: "el anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso por el bien común y nos empuja a actuar como perseverantes constructores de la paz. Hoy el área del Mediterráneo está amenazada por muchos focos de inestabilidad y guerra, tanto en Oriente Medio como en varios Estados del norte de África, y también entre diferentes grupos étnicos o grupos religiosos y confesionales. Tampoco podemos olvidar el conflicto, aún sin resolver, entre israelíes y palestinos, con el peligro de soluciones no equitativas y, por lo tanto, amenazantes de nuevas crisis".

La guerra, añadió, "es una verdadera locura, porque es una locura destruir casas, puentes, fábricas, hospitales, matar gente y destruir recursos en lugar de construir relaciones humanas y económicas. Es una locura a la que no podemos resignarnos: la guerra nunca puede ser confundida con la normalidad ni aceptada como una forma ineludible de resolver divergencias e intereses opuestos".

Improvizando, Francisco condenó a los falsos predicadores de la paz: "Quisiera añadir el grave pecado de la hipocresía: en las conferencias internacionales los países hablan de paz, pero luego venden sus armas. Esto se llama la gran hipocresía".

En su compromiso con la paz y el bien común ("que es otro nombre para la paz"), Francisco exalta la aplicación de la justicia, el trabajo voluntario y las obras de caridad. "¿De qué sirve", dijo, "una sociedad que siempre logra nuevos resultados tecnológicos, pero que se vuelve menos solidaria con los necesitados?

Luego volvió al deber de acoger a los migrantes, en el que deben participar no sólo las Iglesias y los gobiernos de Europa, sino también las Iglesias y los gobiernos de los lugares de origen de los migrantes, que "con la partida de tantos jóvenes ven empobrecido su futuro".

El Papa estigmatiza la indiferencia y la clausura: "Se abre paso un sentimiento de miedo que lleva a elevar las defensas frente a lo que se presenta de manera instrumentalizada como una invasión. La retórica del choque de civilizaciones sólo sirve para justificar la violencia y alimentar el odio. El incumplimiento o, en cualquier caso, la debilidad de la política y el sectarismo son causas del radicalismo y del terrorismo. La comunidad internacional se ha quedado en intervenciones militares, mientras que debería construir instituciones que garanticen la igualdad de oportunidades y lugares donde los ciudadanos tengan la posibilidad de asumir el bien común". Y añade: "Me asusta escuchar algunos discursos de algunos líderes de las nuevas formas de populismo y me hace oír discursos que sembraron el miedo y el odio en los años 30", con una clara referencia al nazismo.

"Estar frente al Mediterráneo... representa un potencial extraordinario: no dejemos que una percepción contraria se difunda a causa de un espíritu nacionalista; es decir, que los Estados menos accesibles y geográficamente más aislados sean privilegiados. Sólo el diálogo nos permite encontrarnos, superar prejuicios y estereotipos, hablarnos y conocernos mejor".

Los caminos que el Papa Francisco vislumbra son los del diálogo. En primer lugar, mediante "una acogida no superficial, sino sincera y benévola, practicada por todos y a todos los niveles, tanto en el plano cotidiano de las relaciones interpersonales como en el plano político e institucional, y promovida por quienes hacen la cultura y tienen una mayor responsabilidad ante la opinión pública".

En segundo lugar, está el diálogo interreligioso, al que la Iglesia debe atender con "una teología de la acogida y del diálogo, que reinterprete y vuelva a proponer la enseñanza bíblica", valorando las "semillas de verdad de las que también son depositarios los demás".

Así mismo, Francisco enfatiza la importancia de la libertad religiosa: " Por nuestra parte, hermanos, alcemos la voz para pedir a los gobiernos que defiendan las minorías y la libertad religiosa. La persecución, cuyas víctimas son sobre todo —pero no sólo— las comunidades cristianas, es una herida que nos desgarra el corazón y no puede dejarnos indiferentes".

Recordando entonces el Documento sobre la Fraternidad Humana, firmado en Abu Dabi, mira sobre todo a la posibilidad de una colaboración común "entre grupos religiosos y comunidades diferentes, de modo que el diálogo esté animado por propósitos comunes y acompañado por un compromiso activo. Los que juntos se ensucian las manos para construir la paz y la acogida, ya no podrán combatir por razones de fe, sino que recorrerán los caminos del diálogo respetuoso, de la solidaridad mutua y de la búsqueda de la unidad".

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