16/02/2017, 13.15
VATICANO
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Papa: debemos custodiar la paz, pero no es fácil, porque la guerra comienza en el corazón del hombre

“Dentro de nosotros está esa semilla, ese pecado original, el espíritu de Caín, que por envidia, celos, codicia y voluntad de dominación, hace la guerra”. “Que el Señor –concluyó- nos de la gracia de poder decir: ‘Terminó la guerra’, y decirlo llorando. ‘Terminó la guerra en mi corazón, terminó la guerra en mi familia, terminó la guerra en mi barrio, terminó la guerra en mi lugar de trabajo, terminó la guerra en el mundo’. Así será más fuerte la paloma, el arcoíris y la alianza”. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Dios hace la paz con nosotros, pero custodiar la paz no es algo fácil”, porque la guerra comienza en el corazón del hombre, en casa, en las familias, y luego se proyecta más allá, a todo el mundo, “porque los grandes, los poderosos, quieren un pedazo más de tierra, quieren un poco más poder, y quieren ganar un poco más con el tráfico de las armas”. Es lo que dijo el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, tomando como punto de partida el Libro del Génesis, donde se narra que Noé libera a la paloma después del diluvio”.

El arcoíris y la paloma, que regresa con la rama de olivo, son “el signo de aquello que Dios quería tras el diluvio: paz, que todos los hombres estuviesen en paz”.  “La paloma y el arcoíris –reveló el Papa-  son frágiles”.  “El arcoíris es bonito después de la tempestad, pero luego viene una nube y desaparece". La paloma también es frágil. El Papa recordó, a propósito de esto, cuando, dos años atrás, en el Angelus del domingo, una gaviota mató a dos palomas que él había liberado junto a dos niños, desde la ventana del Palacio Apostólico.

“La alianza que Dios hace es fuerte –retomó- pero como somos nosotros quienes la recibimos, como nosotros la aceptamos, también es con debilidad. Dios hace la paz con nosotros, pero no es fácil custodiar la paz”. “Es un trabajo de todos los días, porque dentro de nosotros todavía está esa semilla, aquél pecado original, el espíritu de Caín, que por envidia, celos, codicia y voluntad de dominación, hace la guerra”.

Francisco luego observó que, al hablar de la alianza entre Dios y los hombres, se hace referencia a la “sangre”·: “Pediré cuentas de vuestra sangre y vida –se lee en la Primera Lectura-, se las pediré a cualquier animal;  y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano”. Nosotros, observó el Papa, “somos custodios de los hermanos y cuando hay derramamiento de sangre hay pecado y Dios nos pedirá cuentas”. “Hoy en el mundo hay derramamiento de sangre. Hoy el mundo está en guerra. Muchos hermanos y hermanas mueren, incluso inocentes, porque los grandes, los poderosos, quieren un pedazo más de tierra, quieren un poco más de poder o quieren ganar un poco más con el tráfico de armas. Y la Palabra del Señor es clara: Pediré cuentas de vuestra sangre, es decir, de vuestra vida, se las pediré a cualquier animal;  y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano’. Incluso a nosotros, que pareciese que estamos en paz, aquí, el Señor nos pedirá cuentas por la sangre de nuestros hermanos y hermanas que sufren la guerra”.

“¿Cómo cuido a la paloma?”, se preguntó entonces Francisco, “¿Qué hago para que el arcoíris sea siempre una guía?, ¿qué hago para que no sea derramada más sangre en el mundo?”. Todos nosotros, reiteró, “estamos involucrados en esto”. La oración por la paz “no es una formalidad, el trabajo por la paz no es una formalidad”. “La guerra –agregó- comienza en el corazón del hombre, comienza en casa, en las familias, entre amigos, y luego se proyecta más allá, a todo el mundo”. ¿Qué hago yo “cuando siento que viene a mi corazón algo que quiere destruir la paz?”. “La guerra comienza aquí y termina allá. Las noticias que vemos en los periódicos y en los noticieros de la televisión… Hoy muere tanta gente, y esa semilla de guerra -que es la envidia, los celos, la codicia en mi corazón- es la misma, que ha crecido, se ha convertido en árbol –de la bomba que cae sobre un hospital, sobre una escuela, y mata a niños. Es lo mismo. La declaración de guerra comienza aquí, en cada uno de nosotros. Por eso, la pregunta ‘¿Cómo custodio la paz en mi corazón, en mi ámbito íntimo, en mi familia?’. Custodiar la paz, no sólo cuidarla: hacerla con las manos, artesanalmente, todos los días. Y así, lograremos la paz en el mundo entero”

 “La sangre de Cristo es lo que hace surgir la paz, y no la sangre que yo provoco con mi hermano” –evidenció- “o la que provocan los traficantes de armas o los poderosos de la tierra en las grandes guerras”.

Luego Francisco contó una anécdota de cuando él era niño: “Recuerdo que comenzó a sonar la sirena de los bomberos, luego la de los periódicos y en la ciudad… Esto se hacía para llamar la atención sobre un hecho, una tragedia u otra cosa. De inmediato, oí a la vecina que llamaba a mi mamá: “¡Señora Regina, venga, venga, venga! Y mi mamá salió un poco asustada: ‘¿Qué pasó?’. Y esa mujer, desde el otro lado del jardín, le decía: ‘¡Terminó la guerra!’ y lloraba”. Las dos mujeres se abrazaron y lloraron de alegría. “Que el Señor –concluyó- nos de la gracia de poder decir: ‘Terminó la guerra’, y decirlo llorando. ‘Terminó la guerra en mi corazón, terminó la guerra en mi familia, terminó la guerra en mi barrio, terminó la guerra en mi lugar de trabajo, terminó la guerra en el mundo’. Así será más fuerte la paloma, el arcoíris y la alianza”.

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