25/01/2019, 14.42
VATICANO
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Papa: la red social complementa un encuentro de carne y hueso

En el Mensaje por la 53er Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, el Papa Francisco subraya los valores, pero también los problemas, que nacen de la red; esta es “fuente de personas conocidas”, pero basada en “lazos débiles”; se afirma la identidad contraponiéndose al otro, rotulándolo como “enemigo”. Es preciso “custodiar la verdad” y “considerar incluso a los enemigos como personas”. Seguir el modelo de la Trinidad.  

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “El uso de las redes sociales es complementario al encuentro de carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro.”: es lo que subraya el Papa Francisco en su Mensaje por el 53er Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, que fue difundido ayer, en la fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. La jornada es festejada en la solemnidad de la Ascensión, que este año cae el 2 de junio.

En el texto, que se titula “«Somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana”, Francisco vuelve a alentar el uso de la web como un “recurso” que abre a la “prolongación” de una relación real, en la búsqueda del “bien, en el redescubrimiento de aquello que nos une”.

Para este paso es importante comprender el carácter ambiguo de la red. “La red – dice él - es un recurso de nuestro tiempo. Constituye una fuente de conocimientos y de relaciones hasta hace poco inimaginable.”. Al mismo tiempo, esta ha revelado ser “uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a menudo asumen la forma del descrédito”.

“En el mejor de los casos – continúa - las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición (…): este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo”.

 

La red corre el riesgo de satisfacer sólo en un sentido virtual el deseo de ir al encuentro de los otros, haciendo surgir los llamados “’eremitas sociales’ con el consiguiente riesgo de apartarse completamente de la sociedad”.

Partiendo de una frase de San Pablo (“Somos miembros unos de los otros”- Ef 4,25), el Papa esboza una antropología que pueda corregir los desajustes de la web.

Ante todo, diciendo la verdad: “Custodiar la verdad nace de la exigencia de no desmentir la recíproca relación de comunión. (…) En cambio, la mentira es el rechazo egoísta del reconocimiento de la propia pertenencia al cuerpo; es el no querer donarse a los demás, perdiendo así la única vía para encontrarse a uno mismo”.

En segundo lugar, considerando al otro como parte de mi identidad: “Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas. Ya no hay necesidad del adversario para autodefinirse…”.

“El contexto actual nos llama a todos a invertir en las relaciones, a afirmar también en la red y mediante la red el carácter interpersonal de nuestra humanidad. (…) El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje”.

El Papa cita a la Trinidad,  como modelo de esta relación: “Esta capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas humanas tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro.”.

Y concluyendo, reafirma que se precisa abrir “el camino al diálogo, al encuentro, a la sonrisa, a la caricia... Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás”.

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