18/12/2018, 13.58
VATICANO
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Papa: que la política se vuelva realmente instrumento de paz

El mensaje de Francisco por la 52º Día Mundial por la Paz. En los tiempos en que vivimos, “en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño”, la sociedad necesita de “artesanos de la paz, que puedan ser mensajeros y testigos auténticos de Dios Padre, que quiere el bien y la felicidad de la familia humana”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “La buena política está al servicio de la paz” cuando respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son al mismo tiempo deberes recíprocos, cuando alienta a los jóvenes, cuando se expresa en el reconocimiento de los carismas y de las capacidades de todas las personas y cuando se preocupa por la “casa común”, la creación. No lo es cuando tutela los intereses personales o de un grupo, cuando no respeta el derecho, cuando justifica el poder con la razón del Estado, consiente la corrupción y la explotación ilimitada de la Tierra, promueve la xenofobia y el racismo o desprecia a aquellos que se ven forzados al exilio.

Se titula, precisamente, “La buena política está al servicio de la paz” el mensaje del Papa Francisco para la 52º Día Mundial por la Paz, a  celebrarse el 1º de enero de 2019, que fue publicado hoy.

El documento de Francisco parte de la consideración de que “La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

“En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”. Y contribuir a la edificación de “la ciudad universal de Dios” y a “un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa, que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

“A este respecto, merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio:

 

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.

Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.

Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.

Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.

Bienaventurado el político que realiza la unidad.

Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.

Bienaventurado el político que sabe escuchar.

Bienaventurado el político que no tiene miedo”.

“Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común”. Y particularmente en los tiempos en que vivimos, “en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre, que quiere el bien y la felicidad de la familia humana”.

El Papa continúa escribiendo citando el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, que hace cien años destrozó el mundo y que “es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas”.

El otro aniversario que se celebra este año, los 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hacen decir al Papa que la paz “es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:

- la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;

- la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre...; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;

- la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro”. (FP)

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