11/03/2018, 12.49
VATICANO
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Papa: quien rechaza a Dios, a veces puede ser víctima de la droga, de supersticiones y magia

Es bueno conocer los propios límites, pero no para desesperarnos, sino para ofrecerlos al Señor, que jamás nos deja solos, nos toma de la mano, y por eso no alegramos”. “No debemos desanimarnos cuando vemos nuestros límites, nuestras debilidades”, pero “Dios es más grande que nuestras debilidades, que nuestros pecados”. “Miremos la cruz y sigamos adelante”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El cristianismo otorga la esperanza en Dios Padre, rico en misericordia, mientras que tantas personas terminan en la droga o son víctimas de supersticiones o de magia porque, queriendo prescindir de Dios, pueden ser tomadas por la inquietud ante el futuro, la enfermedad y la muerte”. Es el comentario que hizo el Papa Francisco antes del rezo del Ángelus, recordando que hoy es el Cuarto Domingo de Cuaresma, conocido como del “laetare” (alégrense), o “de la alegría”.

“La antífona de entrada de la liturgia eucarística –agregó- nos invita a la alegría: «Alégrate Jerusalén […]. Exulta y alégrate, tú que estabas en la tristeza». Así comienza la misa. ¿Cuál es el motivo de esta alegría? Es el gran amor de Dios por la humanidad, tal como nos indica el Evangelio de hoy: «En efecto, Dios amó tanto al mundo que llegó a entregar a su Hijo Unigénito, para que quien crea en Él no se pierda, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16). Estas palabras, pronunciadas por Jesús durante el diálogo con Nicodemo, sintetizan un tema central del anuncio cristiano: incluso cuando la situación parezca desesperante, Dios interviene, ofreciendo al hombre la salvación y la alegría. En efecto, Dios no se queda de brazos cruzados, sino que entra en la historia de la humanidad, para animarla con su gracia y salvarla”.  

“Somos llamados a escuchar este anuncio  – siguió diciendo, dirigiéndose a las 40.000 personas presentes en la plaza San Pedro-, rechazando la tentación de considerarnos seguros de nosotros mismos, de querer prescindir de Dios, reivindicando ser absolutamente libres de Él y de su Palabra. Cuando recuperamos la valentía de reconocernos por lo que somos -se necesita coraje para esto- nos percatamos de que somos personas llamadas a lidiar con nuestras fragilidades y nuestros límites. Entonces puede pasar que seamos tomados por la angustia, por la inquietud por el mañana, por el miedo a la enfermedad y a la muerte. Esto explica por qué, tantas personas, buscando una salida, deciden tomar peligrosos atajos como, por ejemplo, el túnel de la droga, el de las supersticiones o el de los ruinosos rituales de magia. Es bueno conocer los propios límites, pero no para desesperarnos, sino para ofrecérselos al Señor, que jamás nos deja solos, sino que nos toma de la mano, y por eso nos alegramos”. “No debemos desanimarnos cuando veamos nuestros límites, nuestras debilidades”, sin embargo “Dios es más grande que nuestras debilidades, que nuestros pecados”. “Miremos la cruz y sigamos adelante”.

“Que María, Madre de misericordia, nos infunda en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Que esté cerca en los momentos en que nos sintamos solos, cuando somos tentados  para que nos rindamos ante las dificultades de la vida. Que nos comunique los sentimientos de su Hijo Jesús, para que nuestro camino cuaresmal se vuelva experiencia de perdón, de acogida y de caridad”.  

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