31/12/2019, 19.44
VATICANO
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Papa: superemos las contraposiciones y las barreras en las ciudades y en la Iglesia

En la celebración del “Te Deum” de fin de año, Francisco afirma que “se nos llama a ir al encuentro de los demás y a tener los oídos abiertos a sus vidas y a su grito de ayuda. ¡El hecho mismo de escuchar es un acto de amor! Tener tiempo para los demás, dialogar, reconocer, con una mirada contemplativa, la presencia y la acción de Dios en sus vidas, testimoniar la vida nueva del Evangelio con los hechos más que con las palabras, eso es realmente un servicio de amor que cambia la realidad”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Testimoniar” con hechos la vida nueva del Evangelio, para que en Iglesia también circulen “aires nuevos”, la voluntad de superar las viejas lógicas de contraposición y las barreras, a fin de colaborar juntos, edificando una ciudad más justa y fraterna. Son las primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios y el solemne “Te Deum” que marcan la conclusión del año civil, y para el Papa, una ocasión para hablar de Roma, “su” diócesis, y por tanto, para dirigirse a todos sus fieles.  

El pensamiento de Francisco resalta la decisión de Dios, que “cuando quiere hacer nuevas todas las cosas por medio de su Hijo”, no elige la gran ciudad de Jerusalén, sino la pequeña y marginal Nazaret, y el vientre de “una mujer pequeña y pobre de su Pueblo”. Y “Dios no nos elige por nuestra “genialidad”, sino justamente porque somos y nos sentimos pequeños”. 

“La decisión de Dios es clara: para revelar su amor, Él elige la ciudad pequeña y la ciudad despreciada, y cuando llega a Jerusalén se une al pueblo de los pecadores y de los descartados. Ninguno de los habitantes de la ciudad se da cuenta de que el Hijo de Dios hecho hombre está caminando por sus calles, probablemente tampoco sus discípulos, que solo  con la Resurrección comprenderán plenamente el Misterio presente en Jesús”.

“En las afueras de la ciudad, Jesús será crucificado, en lo alto del Gólgota, para ser condenado por la mirada de todos los habitantes y convertirse en blanco de sus burlas y comentarios sarcásticos. Sin embargo, desde allí, desde la cruz, nuevo árbol de la vida, el poder de Dios atraerá a todos hacia sí. Y la Madre de Dios, que al pie de la cruz es la Dolorosa, está por extender a todos los hombre su maternidad. La Madre de Dios es la Madre de la Iglesia, y su ternura maternal alcanza a todos los hombres. En la ciudad, Dios ha colocado su tienda…, y jamás se alejó de allí!”.

“Su presencia en la ciudad, incluso en nuestra ciudad de Roma, «no debe ser inventada, sino descubierta, develada» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 71). Somos nosotros los que debemos pedir a Dios la gracia de tener ojos nuevos, capaces de «una mirada contemplativa, es decir, de una mirada de fe que descubra a Dios, que vive en sus hogares, en sus calles, en sus plazas» (ibid., 71)”.

“Por medio de su Espíritu, que pronuncia su Palabra en cada corazón humano, Dios bendice a sus hijos y los impulsa a trabajar por la paz en la ciudad. Esta noche, quisiera que nuestra mirada sobre la ciudad de Roma adquiriera el punto de vista de la mirada de Dios. El Señor se alegra al ver cuántas obras buenas se realizan todos los días, cuántos esfuerzos y cuánta dedicación puesta en promover la fraternidad y la solidaridad”. 

“Realmente Dios jamás ha dejado de cambiar la historia y el rostro de nuestra ciudad a través del pueblo de los pequeños y de los pobres que viven en ella: Él los elige, los inspira, los motiva a la acción, los vuelve solidarios, los empuja a activar redes, a crear lazos virtuosos, a construir puentes y no muros. Es precisamente a través de estos miles de chorritos de agua viva del Espíritu Santo que la Palabra de Dios fecunda la ciudad estéril hasta volverla una “alegre madre de sus hijos» (Sal 113,9). ¿Y qué pide el Señor a la ciudad de Roma? Nos confía su Palabra y nos impulsa a ponernos en juego con toda nuestra persona, a participar en el encuentro y en la relación con los habitantes de la ciudad para que “su mensaje circule veloz”. Se nos llama a ir al encuentro de los demás y a tener los oídos abiertos a sus vidas y a su grito de ayuda. ¡El hecho mismo de escuchar es un acto de amor! Tener tiempo para los demás, dialogar, reconocer, con una mirada contemplativa, la presencia y la acción de Dios en sus vidas, testimoniar la vida nueva del Evangelio con los hechos más que con las palabras, eso es realmente un servicio de amor que cambia la realidad. Al hacer esto, en la ciudad, y también en la Iglesia, circulan aires nuevos, las ganas de ponerse nuevamente en camino, de superar las viejas lógicas de contraposición y las barreras, para colaborar juntos, edificando una ciudad más justa y fraterna. No debemos tener miedo o sentirnos inadecuados para una misión tan importante. Recordémoslo: Dios no nos elige por nuestra “genialidad”, sino precisamente porque somos y nos sentimos pequeños. Le agradecemos por su Gracia, que nos ha sostenido en este año, y con alegría, elevamos a Él un canto de alabanza”. 

Al término de la celebración, el Papa Francisco se dirigió a Plaza San Pedro, para realizar  una visita al pesebre alistado allí.

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