24/01/2019, 12.07
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Parlamento europeo: ‘En China, todas las religiones son perseguidas’. El caso de los católicos

de Bernardo Cervellera

En un encuentro centrado sobre la libertad religiosa en China, realizado en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas, se expusieron testimonios de cristianos protestantes, uigures y católicos. Las voces de los budistas tibetanos, de los taoístas y de las sectas. El discurso del director de  AsiaNews.

Bruselas (AsiaNews) – “En China, todas las religiones son perseguidas”: es la conclusión del Dr. Josef Weidenholzer, parlamentario europeo austríaco, en el encuentro celebrado en la tarde de ayer, en la sede del Parlamento europeo en Bruselas, sobre el tema “Libertad religiosa en China”.  La reunión, solicitada por representantes del Partido popular y de los socialistas, congregó a varios testigos, en una sala colmada de gente. Tras una breve introducción de los parlamentarios Bas Belder (holandés) y  Christian Dan Preda (rumano), tomaron la palabra: Bob Fu, fundador y director de China Aid; Kuzzat Altay, un uigur exiliado en los Estados Unidos; Marco Respinti, director de Bitter Winter; Willy Fautré, director de Human Rights without Frontiers y el Padre Bernardo Cervellera, director de AsiaNews. Desde la audiencia surgieron testimonios de budistas tibetanos, taoístas, sectas rotuladas por el régimen como “cultos malignos”. A continuación, transcribimos el contenido del discurso pronunciado por el director de AsiaNews.

 El 14 de enero pasado, AsiaNews publicó un “Diario navideño” escrito por un sacerdote chino, el Padre Estanislao, que relata las dificultades que viven los católicos chinos en una provincia del Noreste. Por motivos de “seguridad”, las misas de Navidad deben ser controladas por la policía; los jóvenes menores de 18 años no pueden participar en ellas; las frases de buenos deseos para el Año Nuevo, que los chinos cuelgan en las puertas de las casas y con los cuales los cristianos desean paz y bendiciones de Dios, no pueden ser vendidos.

En el transcurso de esos días, la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Sra. Hua [Chunying], declaró: “Ustedes no entienden cómo es China. ¿Acaso saben cuántos templos budistas y taoístas, [y cuántas iglesias cristianas] operan legalmente?  ¡Los ciudadanos chinos, según la ley, gozan de una libertad religiosa plena! Hemos tomado medidas preventivas contra los terroristas y extremistas, para permitir que tanta gente común y corriente pueda gozar plenamente de la libertad religiosa!”

Pues será que en China todos los jóvenes católicos menores de 18 años quizás sean considerados “terroristas”, dado que se les prohíbe participar en la misa de Navidad, en la dominical y en la catequesis. Para “hacer que gocen plenamente de la libertad religiosa”, en las escuelas primarias, secundarias y en los institutos de educación superior de varias provincias de China (Anhui, Henan, Mongolia interna), los representantes del ministerio de Educación han prohibido festejar la Navidad (y el nuevo año según los astros) a los alumnos de la escuela y estudiantes, así como intercambiar regalos y participar en ceremonias religiosas. En varias provincias (Hebei, Shaanxi, Yunnan) se prohibieron las celebraciones y adornos navideños en la ciudad: hacer esto es una “agresión a la cultura china”, una sumisión al “envenenamiento espiritual” de Occidente.  

Además del error histórico que supone considerar el cristianismo como “una religión de Occidente” (habiendo nacido Jesús en Asia, y habiendo llegado el cristianismo a China en el siglo XVII, proveniente de Irak), es claro que el Partido comunista chino está actuando una verdadera y auténtica “guerra religiosa” contra el cristianismo y los católicos, en nombre de la “seguridad” y el “patrimonio nacionalista”.

 

En nombre de la seguridad

En nombre de la seguridad, se dividen las actividades religiosas en “normales e “ilegales”, por más de que no haya diferencias de rito o realización entre unas y otras. Lo que vuelve “normal” una actividad religiosa es la sumisión al control de las autoridades políticas: obispos, sacerdotes, lugares de culto son registrados en el ministerio de asuntos religiosos; publicaciones, registradas; planes pastorales, registrados; horarios, registrados. A esto se suman las omnipresentes cámaras de video en las secretarías parroquiales; los permisos que deben solicitarse para poder reunirse con personal católico, ya sea chino o del extranjero; la continua presencia de la policía en los alrededores y dentro de los lugares de culto.

Las actividades religiosas “ilegales” son aquellas que se llevan a cabo con personal y en lugares no controlados. Los católicos que cumplen estas acciones, y que son definidas como “criminales”, reivindican su libertad, garantizada por la Constitución China, pero arriesgan multas, la expropiación de edificios y su destrucción.

En 1994, el enviado de la ONU en materia de libertad religiosa, Abdelfattah Amor, solicitó a China que eliminase esta diferencia entre actividades “normales” e ilícitas”, pero su pedido ha quedado en letra muerta.

Cabe notar que es esta división –inyectada por el gobierno- es lo que ha creado la llamada Iglesia Oficial (la de las actividades “normales”) y la Iglesia subterránea (o no-oficial).

El instrumento [que traza] esta división es la Asociación Patriótica, garante de la “normalidad”, cuyos estatutos violan la integridad de la fe católica porque pretenden edificar una Iglesia “independiente” de la Iglesia universal y de la Santa Sede. Los miembros de la Iglesia oficial aceptan inscribirse como un “mal menor”; los de la Iglesia subterránea se niegan categóricamente a hacerlo. Pero ambas, las dos comunidades, padecen violaciones a la libertad religiosa y corren peligro de ser eliminadas: los fieles de la primera, con un control sofocante; los de la otra, con arrestos, desapariciones, homicidios y destrucción.

La situación devino incluso más radical con la implementación de las Nuevas normativas sobre las actividades religiosas, que entraron en vigor el 1º de febrero de 2018.

Para los nuevos reglamentos, las comunidades oficiales deben someter al control incluso los detalles pertinentes a las dimensiones, colores y posición de las cruces; los mismo vale para la altura y posición de las estatuas e imágenes y para los textos que son posteados en Internet, con la prohibición de transmitir cualquier ceremonia valiéndose del streaming. Las comunidades subterráneas no deben siquiera existir. Es por eso que las actividades que se llevan a cabo en lugares no registrados y con personal no registrado son azotadas con multas elevadísimas: estas van de 100 a 300.00 yuanes en caso de actividades “no autorizadas” (ver artículo 64).

Además de las multas, imponen la clausura de los sitios que hayan alojado actividades “ilegales” y su secuestro y ejecución como bienes del Estado. Desde hace varios meses, la policía y representantes de la Secretaría de Asuntos Religiosos están reuniéndose de manera capilar con obispos, sacerdotes y fieles laicos de las comunidades subterráneas para “beber una taza de té” y “aconsejarles” que se registren en las comunidades oficiales. Esto explica las numerosas “vacaciones obligadas” a las que han sometido al obispo de Wenzhou, Mons. Pedro Shao Zhumin o las lecciones de adoctrinamiento de sacerdotes de Hebei, Henan, Mongolia Interna, etc.

Al menos hemos de nombrar a las víctimas de esta persecución: Mons. Santiago Su Zhimin, obispo de Baoding (Hebei), desaparecido en manos de la policía en 1997, el Pbro. Liu Honggeng de Baoding , desaparecido en 2015; el Pbro. Wei Heping (alias Yu Heping), muerto en 2015 en circunstancias misteriorsas y sospechosas.

También es víctima la Iglesia oficial: Mons. Tadeo Ma Daqin, el obispo de Shanghái, está en aislamiento desde el año 2012, bajo arresto domiciliario, por haberse atrevido a dejar la Asociación Patriótica; el Pbro. Liu Jiangdong, de Zhengzhou (Henan), desde octubre de 2018 fue expulsado de su parroquia, con la prohibición de vivir como sacerdote, por haber osado organizar encuentros con jóvenes menores de 18 años.

Por todo ello, desde febrero de 2018 son muchas las comunidades que han sido clausuradas por la fuerza, destruyendo con excavadoras los conventos y lugares de culto, entre ellos, algunos santuarios ubicados en Shanxi y en Guizhou. Se calcula que a lo largo del 2018 se destruyeron cuando menos 30 iglesias.  

Pero también hay iglesias (oficiales) que son destruidas en nombre de la urbanística –es el caso de las de Qianwang y Liangwang (Shandong) – y cuyos terrenos son secuestrados, sin ninguna compensación a cambio, para el desarrollo de proyectos edilicios.

 

En nombre del patriotismo nacionalista

Otro método de sumisión y eliminación de los católicos es el patriotismo nacionalista o “sinización”. Según los dictámenes de Xi Jinping, la Iglesia no solamente debe asimilar la cultura china y expresar su credo con categorías chinas, sino que debe además crear teologías, historia, obras de arte que estén de acuerdo con la cultura china. Quien se ocupa de verificar esta obra es, siempre, la Asociación Patriótica. Pero el impulso en pos de la inculturación se ha convertido en iconoclasia y destrucción de obras de arte del pasado (“demasiado occidentales”), decoraciones externas e internas de las iglesias, eliminación de las cruces de los campanarios, destrucción de cúpulas y fachadas por “no ser de estilo chino”. El patriotismo obliga  a las comunidades a izar la bandera de china en todos los edificios religiosos, y a cantar himnos patrióticos antes de las funciones religiosas además de tener que exponer el retrato de Xi Jinping, incluso sobre los altares.  

El acuerdo provisorio entre China y la Santa Sede, firmado el 22 de septiembre de 2019, no ha cambiado esta situación. Es cierto que en cierto modo el acuerdo es una conquista, dado que por primera vez en la historia de China moderna, el Papa es reconocido como cabeza de la Iglesia Católica, incluso en la misma China.

Sin embargo, en diciembre pasado, Wang Zuoan, el vicedirector del Frente Unido y ex director de la Administración estatal de asuntos religiosos, subrayó una vez más que los principios de independencia y autogestión no serán eliminados “en ningún momento y bajo ninguna circunstancia”.

Según habría dicho el Papa a un obispo subterráneo, si no se firmaba el acuerdo, China amenazaba con ordenar a 45 obispos ilícitos e “independientes” de la Santa Sede, creando las bases para un auténtico cisma. El acuerdo fue, por tanto, una lisa y llana extorsión.

Como si esto fuera poco, inmediatamente después de la firma del acuerdo, en muchas regiones de China, el Frente Unido y la Asociación Patriótica llevaron a cabo reuniones para sacerdotes y obispos en las cuales se les explicaba que “a pesar del acuerdo”, ellos debían trabajar a favor de la actuación de una Iglesia independiente”. La destrucción de cruces, iglesias, las sesiones de adoctrinamiento y los arrestos continuaron tal y como sucedía antes del acuerdo.  

 

Cuatro conclusiones

  1. Es evidente que el gobierno y el Partido comunista chino están abocados a desplegar una auténtica guerra religiosa para destronar al Dios de los cristianos y sustituirlo por el dios-Xi Jinping, que implica una sumisión total al Partido comunista, condición incluida en las Nuevas normativas para mantener una religión en China. En nombre de la sinización y de la sumisión, se llega incluso a desnaturalizar una religión, convirtiéndola en un simple instrumento de apoyo colateral al Partido.
  2. Lo que le sucede a los católicos, ocurre también en la sociedad civil y en el mundo de los negocios. En estos años, ha crecido el control ejercido sobre los medios, las redes sociales, la población, las ONG,… hasta en el mundo de los negocios se exige la sumisión al Partido, con la pena de sufrir secuestros, arrestos y condenas.
  3. China camina impávida pisoteando los derechos religiosos, los de la sociedad civil y del comercio gracias a la indiferencia de la comunidad internacional o bien con el servilismo de muchos Estados que, en vista de las posibles y veloces ganancias con el mercado chino, hacen silencio frente a tales violaciones.
  4. La comunidad internacional y el gobierno chino sufren de miopía: no se percatan de que las religiones –y no me refiero solo a católicos y protestantes- se difunden cada vez más a la par que disminuye la estima por la política del Partido, dando pie al desmoronamiento de la sociedad china, con una necesidad imperiosa de reformas políticas y económicas. Garantizar la libertad religiosa a las comunidades cristianas y a los demás credos podría ayudar a China a lograr una mayor cohesión, salvándola del caos. 
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