05/04/2018, 14.04
IRAK
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Patriarca de Bagdad: los mártires caldeos, fuente de paz y unidad

de Louis Raphael Sako*

Para la jornada de conmemoración de mañana, mar Sako subraya que la sangre derramada es “fuente de inspiración” que brinda esperanza. Superar todas las formas de terrorismo, para conquistar una “renovada estabilidad”. La tarea de preservar la presencia cristiana en el país y en el Oriente Medio y “disipar de esta tierra la oscuridad”  

Bagdad (AsiaNews) – La sangre de los mártires iraquíes es una “fuente de inspiración” capaz de ofrecer valores espirituales que “llenan nuestra vida de esperanza, de dignidad humana, de tolerancia y paz”. Es cuanto subraya el primado caldeo mar Louis Raphael Sako, en un mensaje dirigido a los fieles, que fue enviado a AsiaNews para su conocimiento, en ocasión de la Jornada de los mártires caldeos, que se celebra el 6 de abril. El prelado compara los hechos de violencia que han afectado a la Iglesia caldea con los años oscuros que están marcando al país, y su deseo a futuro es que la nación pueda resurgir “de todas las formas de terrorismo” para beneficiarse con una “renovada estabilidad”.

Al recorrer la larga estela de sangre que caracteriza la vida de la Iglesia local –desde los primeros mártires hasta Mons. Rahho, pasando por el genocidio de 1915 -, mar Sako invita a apresurarse a poner manos a la obra para la reconstrucción de los pueblos y ciudades que han quedado destruidos por el conflicto, de modo de facilitar el regreso de los desplazados. “Para que, en un momento tan particular de nuestra historia –concluye- podamos lograr preservar el número de cristianos que han permanecido  […] y disipar de esta tierra la oscuridad”.

A continuación, transcribimos el mensaje que el Patriarca caldeo ha dirigido a la comunidad caldea, el cual fue enviado a AsiaNews.

 

Todos los años, la conmemoración de los mártires de nuestra Iglesia se lleva a cabo el viernes después de la Pascua, lo cual significa que ésta forma parte de las celebraciones de la Pascua de resurrección de nuestro Señor Jesucristo.   

A nivel histórico, nuestra Iglesia ha sido sumamente generosa al derramar sangre por amor a la fe, como lo testimonian mar Shimon Barssaba’i y sus compañeros, en los primeros siglos, seguidos por numerosos obispos: Adday Sher, Jacob Abraham, Thomas Audo y otros cientos. Lo mismo puede decirse del nunca olvidado genocidio [armenio y caldeo] de 1915 y de las víctimas más recientes. En 2008, el arzobispo [de Mosul] Mons. Paul Faraj Rahho, el Pbro. Ragheed Ganni, y sus compañeros fueron asesinados por mano de grupos extremistas [islámicos] vinculados a al-Qaeda.

 

La resurrección y la sangre de los mártires son una fuente de inspiración y brindan valores espirituales que llenan nuestra vida de esperanza, de dignidad humana, de tolerancia y paz. Nuestra nación resurgirá de sus propias cenizas y logrará vencer todas las formas de terrorismo, homicidio, destrucción y desplazamiento. Y un día, ella podrá beneficiarse de una renovada seguridad, estabilidad, y de una prosperidad económica y social.

Para nosotros, el hecho de recordar a nuestros mártires en tiempo de Pascua es fuente inagotable de esperanza, de renovación de nuestra confianza en la vida, para conseguir que nuestros deseos se realicen.

En este momento, en la cúpula de la Iglesia del Oriente Medio hay una mayor conciencia de que la fuerza deriva de nuestra unidad; lo mismo vale para los cristianos de esta región en general. Por eso, ellos ven con buenos ojos el hecho de que haya una mayor interacción entre los dirigentes mismos de las instituciones eclesiásticas, y más aún, en este momento crítico.  

Es por eso que, mientras esperamos que el clero y los fieles sean bien conscientes de los desafíos y de las amenazas que nos aguardan, al mismo tiempo los alentemos a llevar adelante sus responsabilidades para que podamos trabajar como un mismo equipo. Porque su existencia y su fuerza se basan, precisamente, en su unidad, que es el único camino para lograr un cambio. Simultáneamente, los cristianos son llamados a defender su patria, que es “sagrada”, creyendo realmente que en última instancia, las buenas acciones, el amor y la paz serán capaces de superar cualquier injusticia.

Uniéndome al Papa Francisco, quisiera subrayar cuán universal es el mensaje espiritual, humano y social de la Iglesia. Y afirmando que nuestra misión es servir y amar, siguiendo el ejemplo de Cristo. Debemos hallar el modo de garantizar a las personas un mayor consuelo, estabilidad y bienestar, después de todos los sufrimientos que han tenido que atravesar a causa del terrorismo y de la devastación. Uno modo de hacerlo es reconstruir los pueblos y ciudades que quedaron destruidos por el conflicto, para permitir que los desplazados internos puedan regresar a sus hogares.

Nuestro deseo es que esta ocasión especial pueda brindar una nueva visión para la misión de la Iglesia. Para que en un momento tan particular de nuestra historia, podamos lograr preservar el número de cristianos que han permanecido en Irak, y generar mayores lazos e interacciones entre el clero y los fieles de un lado, y entre estos últimos y sus conciudadanos de otras religiones del otro, para disipar la oscuridad de esta tierra, que otrora supo ser un ejemplo de civilización.  

*Patriarca caldeo de Bagdad y presidente de la Conferencia episcopal iraquí

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