07/05/2018, 10.42
RUSIA - UCRANIA
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Patriarcado de Kiev, el riesgo de un nuevo cisma en Europa

de Vladimir Rozanskij

El presidente, el parlamento ucraniano y el patriarca Filaret de Kiev han solicitado a Bartolomé la concesión de la auto-cefalia. El metropolita Hilario de Moscú advierte sobre el peligro de que se produzca un cisma. Los ortodoxos de Kiev serían –según Filaret- “europeos”, distintos de los “rusos”. Además de producirse un cisma, regiría una nueva y más fuerte división en Europa.

Moscú (AsiaNews) – En caso de que el patriarca de Constantinopla conceda la auto-cefalia a la Iglesia ucraniana (Patriarcado de Kiev), se correría el riesgo de un cisma no menos grave que aquél que se produjo entre Roma y Constantinopla en 1054: la Iglesia Ortodoxa se vería dividida en su cuerpo principal, el eslavo-oriental. Es cuanto fue declarado el 3 de mayo pasado por el metropolita Hilario (Alféyev), jefe del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, según informa la agencia Interfax.

En efecto, hay grandes probabilidades de que el pedido presentado hace algunas semanas al patriarca Bartolomé (Archontonis), por parte del presidente y del parlamento ucraniano sea acogido, si bien es cierto que el Patriarcado ecuménico aún no ha brindado una confirmación ni ha desmentido nada al respecto.

Esta esperanza no sólo es alimentada por la opinión de los políticos de Kiev, sino también por gran parte de la opinión pública ucraniana: la historia misma del Patriarcado de Moscú -aprobado en 1589- enseña que Constantinopla siempre ha mirado a Kiev como un posible contrapeso de Moscú, para limitar una excesiva injerencia en el mundo ortodoxo.

Luego de la toma de Constantinopla con la invasión de Mehmet en 1453, el reino ruso se mantuvo como el único país ortodoxo libre y autónomo, en tanto todos los demás fueron controlados por la Sublime Puerta. Una parte considerable de los ortodoxos rusos que habitaban los territorios de la actual Ucrania constituían una importante minoría del reino de Polonia y Lituania.  Fue precisamente a ellos a quienes, el patriarca Jeremías II de Constantinopla, a su regreso de Moscú,  les propuso formar el Patriarcado de Kiev.  Finalmente, en 1596, a través del Sínodo de  Brest-Litovsk, la intervención del rey polaco Segismundo III condujo, en 1596, a la proclamación de la Unión de los ortodoxos ucranianos, en comunión con la Iglesia de Roma, como una suerte de respuesta al patriarcado “imperial” de los rusos.

Por decenios, rusos y polacos, con la vacilante alianza de los cosacos, se disputaron las tierras ubicadas a ambas márgenes del río Dniéper, que fueron llamadas de varias maneras: Galitzia, Volynia, la Pequeña Rusia, y también los territorios ucranianos, es decir aquellos situados “en los confines”. En 1689, Moscú retomó la jurisdicción sobre los ortodoxos de Kiev. Siempre con la bendición “forzada” de Constantinopla; permanecieron unidos a Roma los territorios occidentales, donde actualmente residen la mayoría de los “uniatos” greco-católicos. En realidad, los grecos siempre han querido imponerse a Moscú en calidad de jerarquía patriarcal, siendo que Moscú –dicen ellos- no es más que una “hija” de Constantinopla, y una hija menor en relación a la misma Kiev, “madre de todas las ciudades rusas”. En realidad, esto es lo que los rusos jamás han podido digerir.

Las disputas de los últimos años no han hecho más que reiterar los antiguos conflictos, tratando de llegar a un ajuste de cuentas. Quien tiene plena conciencia de ello es el casi nonagenario patriarca Filaret (Denisenko), quien se auto-proclamó primado de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania a partir de 1992, cuando perdió la elección como patriarca de Moscú, contra su adversario Alejo (Ridiger), el predecesor del actual patriarca, Kirill (Gundjaev). En diciembre de 2017 Filaret desorientó a los rusos, reunidos en el gran Sínodo jubilar por los cien años de la restauración del Patriarcado, al presentarles un llamamiento a la reconciliación.

Los rusos no tomaron con mayor seriedad la iniciativa del anciano patriarca (o para ser más precisos, del ex metropolita, por ellos excomulgado), a pesar de estar al tanto de su audacia y su capacidad de transformismo, puesto que en la era soviética solía ser un jerarca muy respetado. En efecto, la cabeza de los ortodoxos autonomistas ucranianos es también uno de los mayores inspiradores del pedido de auto-cefalia dirigido al patriarca de Constantinopla, tal como fue confirmado en una conferencia celebrada en Bruselas el 3 de mayo pasado.     

Al intervenir en el parlamento europeo, Denisenko explicó los motivos que fundamentan la afirmación de que “Ucrania es Europa… Hace más de 1000 años, nuestros pueblos optaron por una civilización: eligieron la civilización cristiana europea, se unieron a la comunidad de las naciones europeas”. Al referirse a la importancia de construir Europa “sobre roca, y no sobre arena”, Filaret invocó la legalidad contra la corrupción, la solidaridad contra la exclusión, solicitando a los políticos europeos sostener las aspiraciones de los ucranianos, que claman por una verdadera autonomía, incluso eclesiástica.  

Luego de haber recordado que Ucrania lleva cuatro años defendiéndose “de la agresión rusa”, el patriarca agradeció a los europeos por haber apoyado las sanciones contra Putin, incluso a costas de sacrificios económicos, para impedir a los rusos “el restablecimiento del sistema que regía antes de la conferencia de Yalta, es decir, el sistema de un mundo dividido y de una Europa dividida”. Él mismo recordó el pedido del Tomos de auto-cefalia, necesaria para que “Ucrania permaneciera como un solo país, con una población prevalentemente ortodoxa, que carece de una Iglesia local reconocida, si bien ha intentado obtener dicho reconocimiento desde la recuperación de su independencia”. Según Filaret, la Iglesia fiel a Moscú goza del apoyo de un 12% de la población, en tanto la Iglesia ucraniana autónoma cuenta con casi el 40%.

En la conferencia del prelado ucraniano también resonó una acusación contra el Kremlin: usar al Patriarcado de Moscú como un “instrumento para la difusión de la ideología de la ‘medida rusa’ –la ideología que fundamente la agresión a Ucrania, a Georgia y a Moldavia”, y se solicita al parlamento europeo el apoyo a los líderes ortodoxos que se oponen a esta ideología,  empezando por Bartolomé mismo.  El Patriarca ecuménico, según Filaret, “es un verdadero líder de la Ortodoxia europea; la ortodoxia no es hostil a Europa, como suele interpretar Moscú, sino que constituye la cimentación cristiana de Europa, junto al catolicismo y al protestantismo”.  

Por lo tanto, los ucranianos, los “confines” orientales de Europa, vuelven a proponer una cuestión de identidad civil y religiosa, para evitar que un cisma se produzca en la conciencia de todos los cristianos, y de todos los europeos.

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