11/06/2019, 12.11
RUSIA-VATICANO
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Putin hablará con el Papa sobre Ucrania

de Vladimir Rozanskij

Los observadores también mencionan posibles diálogos sobre Siria y el Oriente Medio, incluida Jerusalén, y quizás también sobre Venezuela. El Vaticano es la única puerta de Occidente que se muestra realmente abierta para recibir a Putin. Una “Santa Alianza” entre la Iglesia católica y Rusia, contra la “degradación moral” de la sociedad contemporánea. Sin embargo, aún no se ha confirmado un viaje del pontífice a Moscú. Preocupaciones por el Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana.

Moscú (AsiaNews) -  Días atrás, la Oficina de Prensa vaticana difundió un comunicado oficial de la visita “de Estado” del presidente ruso Vladimir Putin al Papa Francisco, el próximo 4 de julio. Dado que se atraviesa una etapa muy delicada en las relaciones entre Oriente y Occidente y entre las Iglesias Ortodoxas, la opinión pública se interroga acerca de los contenidos del encuentro.  

Se tratará de la tercera visita de Putin al Papa Bergoglio en estos seis años de su pontificado, y la primera después del encuentro del 2016 en La Habana, entre el Papa de Roma y el patriarca de Moscú, Kirill (Gundjaev), que dio inicio a una nueva fase de gran sintonía entre la cúpula de la Iglesia Católica y la Rusa.

Entre los temas de la orden del día para el coloquio que reunirá a Putin y Francisco, muchos observadores consideran que es altamente probable que se hable sobre la situación de Ucrania, además de la de Siria y la del Oriente Medio, incluida Jerusalén, y que quizás se aborde el tema Venezuela. El presidente ruso en más de una ocasión ha manifestado su alta consideración por el Papa Bergoglio, a quien ve como uno de los personajes más influyentes en el escenario internacional, por su gran autoridad moral y también por la disponibilidad manifestada por el Vaticano en relación a Rusia, en tiempos hostiles de cerrazones, sanciones y amenazas recíprocas.

El presidente ruso ni siquiera fue invitado a las recientes celebraciones por el aniversario del desembarco en Normandía, aquél Día D que vio alinearse en Europa a los adversarios occidentales del nazismo, de los cuales la Rusia soviética fue el principal aliado en Oriente. En los días posteriores, los principales líderes políticos de Occidente desdeñaron el gran Forum económico de San Petersburgo, agudizando aún más el sentimiento de marginación de Putin, que un año atrás inauguró solemnemente el mundial de fútbol en Rusia, esperando relanzar así su imagen internacional.  El Vaticano parece ser la única puerta realmente abierta y dispuesta a recibir a Putin en Occidente.

Rusia propone desde hace tiempo, por boca de su patriarca Kirill y con el respaldo de la clase política empezando por el mismo Putin, una “Santa Alianza” entre la Iglesia católica y la Rusa, contra la “degradación moral” de la sociedad contemporánea, para salvar a Europa y sus raíces cristianas. Además, a partir del encuentro de Cuba, católicos y ortodoxos colaboran activamente en intercambios culturales y en la acción humanitaria en favor de los cristianos y refugiados de la guerra en el Oriente Medio, principalmente en Siria, una nación atormentada cuyo control ha sido dejado en manos de los rusos, con la bendición del Papa. Como ya sucedió cada vez que se ha dado un contacto entre el Papa y los presidentes rusos desde los tiempos de Yeltsin, volvió a relucir cuestión de un posible viaje del Papa a Rusia, que fue negada de inmediato por las declaraciones automáticas del patriarcado de Moscú, afirmando que “los tiempos no están maduros”, declaraciones que tuvieron un eco en las análogas declaraciones vaticanas, desmintiendo la versión. Por otro lado, los recientes viajes de Francisco a las tierras ortodoxas de Bulgaria y Rumania, con manifestaciones de gran afecto y atención a los problemas de aquellos pueblos y aquellas Iglesias, muy cercanas a la rusa, dan fe de un “proceso de maduración” y también de un posible viaje a Moscú. A la última visita de Putin a Roma, en el 2015, le siguió el histórico encuentro de La Habana, y por tanto, también podría surgir alguna sorpresa esta vez.

En La Habana hubo un llamamiento conjunto de Francisco y Kirill por la paz en Ucrania, sin señalar culpables ni defender víctimas, sino invitando a los ucranianos mismos a “superar las divisiones”. La historia reciente, con el cisma causado por la autocefalia de la Iglesia de Kiev, pone a prueba la sintonía de la declaración cubana. No cabe duda de que Putin querrá asegurarse de que el Papa no ceda al reconocimiento de la nueva Iglesia, a pesar de los impulsos favorables de los mismos greco-católicos ucranianos, mucho más cercanos a Epifanio de Kiev que a Kirill de Moscú; y Putin sabe que este año se celebrará en Roma, a principios de septiembre, el Sínodo Greco-católico ucraniano. En Rumania, al canonizar a los mártires católicos del comunismo, el Papa ha pedido a los greco-católicos locales que se aboquen a ayudar y acercar los dos mundos del cristianismo oriental y occidental, una tarea que es aún más apremiante en suelo ucraniano.

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