18/05/2017, 14.28
IRAN - EEUU

Rouhani se enfrenta contra todos los poderes fuertes, incluso los Estados Unidos

de Bernardo Cervellera

El presidente saliente tornó más distendidas las relaciones con la comunidad internacional, ha mejorado la economía, pero la desocupación sigue siendo elevada. El desafiante  Ebrahim Raisi, un religioso conservador, es sostenido por Khamenei y por los Pasdaran. Los jóvenes de las ciudades están con Rouhani. El viaje de Trump a Arabia saudita, un apoyo del exterior a favor de los conservadores. 

Roma (AsiaNews) – En las elecciones presidenciales que se celebran mañana en Irán, el presidente saliente, Hassan Rouhani, se presenta como candidato, compitiendo contra Ebrahim Raisi. El primero, pragmático y moderado, ha conducido a la firma del acuerdo en materia nuclear iraní, que ha permitido un mejoramiento de las relaciones internacionales e incluso de la economía, si bien no en la medida que se esperaba. Ha logrado detener la inflación, ha reabierto muchos canales comerciales, pero la tasa de desocupación sigue en niveles del 12%. El segundo candidato, conservador, quiere una mayor presencia de la religión en la sociedad y una relación menos conflictiva con Occidente. Tal como hizo en el pasado el populista Mahmoud Ahmadinejad, ha prometido que si triunfa, otorgará un subsidio a todos los desocupados.

Por cuanto nos dicen los amigos iraníes, Rohuani sigue siendo la esperanza –quizás algo  marchita- para los jóvenes y la población cosmopolita de las ciudades. Ellos reconocen que el actual presidente ha hecho un gran esfuerzo para que Irán sea aceptado en el concierto de las naciones.  También aprecian la mayor libertad que se vive en la ciudades: los muchachos y muchachas van juntos; se puede entablar diálogos y debates sin censura; los compromisos internacionales en el ámbito cultural; la vestimenta es más liberal; hay un mayor apoyo hacia las figuras femeninas. Por estos impulsos liberales, Rouhani ha recibido el sostén de dos grandes personalidades: el ex  presidente Mohammed Kathami y el líder de la oposición Mir Hossein Musavi. Ambos fueron obligados a permanecer bajo arresto domiciliario durante el régimen a raíz del apoyo brindado a la Ola Verde, el movimiento democrático suprimido en el período 2009-2010, luego de las elecciones (fraudulentas) en las que salió victorioso Ahmadinejad. Su apoyo a Rouhani se dio a través de un mensaje publicado en las redes sociales.

Pero Raisi tiene el sostén de los poderes fuertes del país. Ante todo, aquél no oficial del gran ayatolá Alì Khamenei, que en diversas oportunidades ha criticado a Rouhani. Khamenei y el mundo de los ayatolás temen el crecimiento de una sensibilidad liberal, sobre todo entre los jóvenes, quienes los tildan de “parásitos”, dado que el clero chiita y los seminarios son costeados en su totalidad a través de los impuestos que cobra el Estado. Al mismo tiempo, los jóvenes rechazan la injerencia sofocante de las reglas islámicas en su vida privada.  

Raisi también puede contar con el apoyo de los Pasdaran, los antiguos Guardianes de la revolución, que ya han penetrado el ejército y tienen en sus manos la economía del país. Según muchos iraníes, son precisamente los Pasdaran quienes más provecho han sacado del embargo de todos estos años, habiendo creado un florecientísimo mercado de contrabando. Por otro lado, dada su alianza con los ayatolás más conservadores, ellos pueden –en nombre de la “religión”- requisar terrenos, obligar a dar “ofrendas”, manejar contratos y reivindicar monopolios.

Los iraníes viven con amargura esta candidatura fuerte. “Todos recuerdan que cuando Raisi se desempeñó como juez islámico de la Revolución, condenó a muerte a muchas personas”, dice un señor que participó de la revolución con Khomeini. Según los datos que han surgido en los últimos días, Raisi, que en los años ’80 era miembro del Comité de la Muerte, decretó la ejecución de más de 4.000 prisioneros políticos.

Pero hay otro aliado previsto/imprevisto de Raisi: los Estados Unidos. La decisión de Donald Trump de mantener, en tan sólo unos días, una reunión en los países árabes para “combatir el terrorismo” y armar un frente común contra Irán, aparece como una confirmación externa de la validez de la visión conservadora de Raisi y de Khamenei, dispuestos a la “resistencia”.

Según revelaciones semioficiales, el verdadero objetivo del viaje de Trump a Riad es la firma de un contrato para la venta de armas a Arabia Saudita por un valor que gira entre los 98 y los 128 millardos de dólares, y que en 10 años podría rondar la suma de 350 millardos. Este aspecto tampoco ayuda a la política tolerante y dialógica de Rouhani.

Y tampoco ayuda a los cristianos, de los cuales el presidente Trump a menudo dice ser el paladín contra su persecución. Sin embargo, en Irán, las comunidades cristianas (y judías) logran vivir de manera tranquila, con sus iglesias, ritos e incluso escuelas. Si bien está prohibido el “proselitismo” esto es no es nada en comparación a la prohibición del culto, incluso privado, que rige en Arabia Saudita.

Es cierto que justamente ayer, la Casa Blanca ha reconfirmado el aligeramiento de las sanciones vinculadas al acuerdo nuclear. Durante su campaña electoral, Trump –con una posición muy similar a la de Israel- había calificado dicho acuerdo como “el peor que se haya firmado jamás”, no obstante la comunidad internacional haya confirmado, en reiteradas oportunidades, que Teherán está obedeciendo a los acuerdos.  

El problema es que los Estados Unidos siguen imponiendo, desde hace décadas, una sanción unilateral, que es la prohibición de utilizar dólares en las transacciones financieras que se realicen con Irán. Este límite es la razón por la cual los acuerdos en materia nuclear no han traído todos los beneficios que se esperaban. Cientos de contratos internacionales han quedado en suspenso por el temor a que los Estado Unidos decrete multas y penas contra quien se atreva a suscribir contratos usando dólares. Como comentan algunos amigos iraníes, “el mejor aliado de Khamenei y de los conservadores es, precisamente, Estados Unidos”. 

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