05/01/2021, 15.21
CHINA-VATICANO
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Siping, la vida de monseñor Han Jingtao contada por él mismo

Monseñor Andrés Han Jingtao falleció el 30 de diciembre pasado a los 99 años. Se lo considera un "gigante de la cultura y de la fe" de la Iglesia clandestina. Algunas personas cercanas a él pusieron por escrito estas notas biográficas que habían escuchado de su propia voz. La fundación de una congregación masculina y otra femenina. El compromiso de evangelizar en medio de encarcelamientos, controles policiales, expropiaciones y clausura de comunidades.

 

Siping (AsiaNews) - Monseñor Andrés Han Jingtao falleció el pasado 30 de diciembre. Pocos días después, AsiaNews recibió este importante documento: un esbozo de su biografía, con muchas partes relatadas por él mismo. Según algunos sacerdotes chinos, el texto fue redactado por personas cercanas al obispo que pusieron por escrito lo que habían escuchado directamente de él mismo, al que se considera un "gigante de la cultura y de la fe" de la Iglesia clandestina.

 

Del relato se desprende que Mons. Han no sólo fundó una congregación femenina sino también una de varones, lo que es algo muy raro en China. Otro aspecto que resulta evidente es la profunda libertad con la que utilizaba incluso su casa en la universidad (estatal) para celebrar encuentros de catequesis y litúrgicos. De todo ello se desprende la gran resistencia de estas comunidades no oficiales que, a pesar de las circunstancias de la cárcel y el secuestro de casas y comunidades, han sido capaces de vivir su vocación y su compromiso de evangelizar China.

 

Monseñor Han Jingtao nació en 1921 en una devota familia católica de Shan Wanzi en el condado de Weichang (Hebei). Su abuelo Han Guotai tenía seis hijos; su padre se llamaba Han Chaojun, su madre era de la familia Zhao. Sus padres y su abuelo eran todos fieles cristianos muy devotos, originarios de Corea. El obispo provenía de una familia adinerada y también era el hijo mayor de la familia. Desde los 8 años vivió en el pueblo de Da Yingzi y estudió en el colegio fundado por una congregación misionera canadiense. A los 14 años, cuando terminaron las vacaciones de verano, decidió partir junto con otros alumnos en el tren que los llevó al seminario menor de Siping, iniciando así el camino de su vocación.

Los estudios, en estrecho contacto con el rector del seminario menor, duraron 8 años. El futuro obispo había decidido dedicarse por completo al estudio. Mientras los demás salían a jugar, él siempre iba a estudiar a la biblioteca del seminario, incluso a altas horas de la noche, y cuando no podía dormir, repasaba lo que había aprendido ese día. Se sentía infinitamente gratificado por esta vida y sus notas superaban las de todos los demás estudiantes.

Cuando finalizaron sus estudios, el rector les hizo una última recomendación que quedó grabada en la memoria del obispo. En el momento de despedirlos, el rector les dijo: "Vayan donde vayan, deben cumplir bien su ministerio sagrado y eso es lo que los mantendrá firmes e impedirá que caigan en el secularismo". Esta frase, a lo largo años, siempre estuvo presente en la mente del obispo. Él mismo afirmaba que “es precisamente gracias a esta idea y a la perseverancia en el ministerio, que mi vocación ha podido mantenerse firme hasta ahora, en medio de tantos sufrimientos y vicisitudes”.

En base a su experiencia, el obispo también nos enseñaba a nosotros esta idea y este comportamiento: nosotros a su vez debemos caminar con valentía, según las enseñanzas y el modelo del obispo, hacia la meta que el Salvador nos ha señalado, hasta el día de la llegada del Señor.

El obispo Shi [monseñor Louis Lapierre, misionero de Quebec], también dispuso que durante los años que pasó en el seminario mayor de Changchun, el futuro obispo Han estuviera a cargo de la biblioteca del seminario. Esa también fue una gracia especial que Dios le dio, porque amaba el estudio. En efecto, apenas tenía un poco de tiempo, acudía a la biblioteca para leer y estudiar, ampliando sus conocimientos y descubriendo cosas nuevas.

Hacia 1942, acompañó a su padre para consultar a un médico, quien confirmó que tenía cáncer de esófago. El obispo Han nunca regresó a su casa hasta que  murió su padre a la edad de 42 años. Mons. Han recuerda: "Aquella vez que llevé a mi padre a casa y después me fui, fue la última vez que pude verlo".

El 14 de diciembre de 1947 fue ordenado sacerdote y a partir de ese momento se dedicó a la educación de las religiosas. A finales de 1949, con el consentimiento del obispo Shi, fue a los franciscanos de Tianjin para hacer un retiro espiritual de 30 días. Apenas terminó el retiro, un fiel de Shanghai pidió hablar con él para entregarle un mensaje. “El obispo Zhao - recuerda Mons. Han - de la diócesis de Lindong, me pidió que fuera a Shanghai porque quería verme”. Viajó a Shanghai y se encontró con el obispo Zhao Yumin (el nombre que había adoptado cuando llegó a China). Él le describió la crisis que enfrentaba la Iglesia en China en ese momento. En efecto, el padre Wang Liangzhuo de Sichuan había comenzado el Movimiento de las Tres Autonomías para la reforma de la Iglesia, abogando por "la autopropagación, la autosuficiencia y el autogobierno", para desembarazarse de la interferencia del Papa y expulsar a los misioneros extranjeros

La misión en un mundo secularizado

“En ese momento - cuenta monseñor Han - me di cuenta de que la Iglesia se enfrentaba a un gran desafío y necesitaba una fuerte capacidad de resistencia, de lo contrario, la Iglesia no podría mantenerse en pie. Por eso decidí fundar una congregación religiosa, para luchar  junto con la Iglesia contra ese poder negativo”.

“El 1 de enero de 1950 recibí el manual de la Legión de María. El enviado especial del Papa, el padre Chen Zhemin, lo había llevado a Siping. Con el consentimiento del obispo Shi, y gracias a su ayuda, fundé la congregación religiosa y difundí las Legiones de María en la diócesis de Siping. A las personas que querían ingresar a la congregación, les decía que ellos eran soldados de Cristo, alentándolos a la oración y al canto de los salmos, enseñándoles a orar de rodillas y a caminar con la cabeza en alto, y comunicándoles el vínculo de la paz. A los jóvenes les decía que ellos eran los combatientes de Jesús. Estas personas fueron después los primeros miembros de la congregación, aunque todavía no habían asumido plenamente la forma de instituto religioso sino que era más bien una asociación de caridad”.

“En 1952, el obispo Shi de la Diócesis de Siping murió por una enfermedad. Antes de morir, entregó la administración de la diócesis al padre Chang Zhenguo, nombrándolo administrador de la diócesis y sucesor del obispo. A mí me confió el encargo de vice párroco para ayudar al padre Chang en la gestión de los asuntos de la diócesis. Antes de la persecución, todos los días animábamos a nuestros fieles con la palabra, acompañándolos y fortaleciéndolos en la fe, para que pudieran afrontar la prueba que estaba por llegar. En la primavera de 1953 me detuvo la policía con el pretexto de que era sacerdote-educador de las Legiones de María. A partir de ese momento comenzó mi vida de cautiverio que duró 27 años. Debido a ello, la nueva comunidad juvenil se desintegró. A principios de la década de 1980, China comenzó la Reforma económica y la Apertura; Deng Xiaoping, el presidente del país, puso en marcha una reforma institucional para que se usara el idioma inglés. Entonces, las mismas autoridades penitenciarias hicieron que me asumieran como profesor de inglés en la Universidad Normal de Changchun. Dos meses después fui contratado como profesor asociado en el Instituto de Historia de la Civilización Clásica de la Universidad Normal del Nordeste. Me especialicé en la docencia de estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado. Introduje a muchos chinos en el estudio de las lenguas y culturas clásicas, latín y griego. Durante las vacaciones corría a Siping, en primer lugar para visitar a las monjas ancianas de la Congregación del Rosario que pertenecían a la diócesis. Supe que todos los miembros de la comunidad juvenil se habían casado, así que comencé el trabajo de reconstrucción pensando unificar a las religiosas ancianas con la nueva comunidad. Desafortunadamente, debido a su avanzada edad, se sentían sin fuerzas para emprender la reconstrucción de la congregación. Por eso tuve que empezar todo de cero, seleccionando jóvenes con vocación para la vida consagrada y comenzando las primeras obras de la actual congregación”.

Obispo y profesor

“El 5 de mayo de 1982 fui ordenado obispo auxiliar de la diócesis de Siping. Quería dedicarme por entero a trabajar en la diócesis, pero lamentablemente ya me habían contratado como profesor titular de la universidad. Esto me impedía un compromiso de tiempo completo en la diócesis, pero gracias a la misericordiosa y sabia Providencia de Dios, como era empleado de la universidad, ésta me proporcionó un lugar permanente para vivir. Entonces usé mi casa como lugar público de oración, lo que también ayudó a que se difundiera la congregación. Cada vez más vocaciones jóvenes se unieron a la congregación, y en el Adviento de 1990 anuncié oficialmente la refundación de la congregación, comenzando así la formación de novicios para afrontar los numerosos desafíos lanzados por el poder maligno del secularismo. En ese momento había 5 novicios y 8 novicias, y para 1991 la congregación ya había adquirido cierta importancia. Mientras tanto, también crecía el número de personas que querían ser cristianas y entrar en la Iglesia. Los funcionarios del gobierno detectaron esta obra de evangelización tan audaz y me llevaron para interrogarme. Presenté mi defensa y me dejaron en libertad. En ese momento había casi 10 novicios y 20 novicias. Ese mismo año, dos novicias concluyeron su noviciado gracias a la formación de las monjas diocesanas de la diócesis de Yixian, e hicieron su primera profesión el 22 de agosto de 1991, en la fiesta de la Santísima Virgen María Reina. Fueron las primeras hermanas de la congregación después de la reinstalación de la diócesis. Entre marzo, julio y septiembre de 1992, otras 6 hermanas hicieron su Profesión y fundaron la primera guardería infantil. De esa manera, las hermanas comenzaron a dedicarse a la educación de los niños, y la congregación femenina realmente se orientó en el camino correcto. En septiembre del mismo año, el desarrollo de la diócesis procedía junto con  los programas de la congregación: había 4 novicias, y una monja que ya había hecho su profesión fue enviada a estudiar medicina. Así comenzó otra obra de la congregación.

Al mismo tiempo, la diócesis empezó otra obra evangelizadora, la de organizar a los fieles, animarlos y orientarlos en las actividades de evangelización en la diócesis, y eso produjo grandes resultados: un gran número de no creyentes querían recibir el bautismo. Entre 1991 y 1992, el número de conversos llegó a casi 1.000 personas. A fines de 1991, había 20 novicios y un centenar de novicias”.

“En 1993 se fundaron el primer centro de salud y la primera residencia de ancianos. Como no había hermanas de la congregación disponibles, los mismos fieles asumieron el trabajo de los médicos. Con el aumento de los fieles y gracias a la influencia de las obras de caridad en la universidad y en la sociedad, ya no teníamos que escondernos como antes, nos abríamos al público y también aumentaban las vocaciones. La casa cedida por la universidad se había convertido ahora en un centro de evangelización; los fieles venían todos los días a misa; las monjas daban clases de catequesis, prestaban servicios a los fieles, etc.”

Fecundos en la persecución

“En 1993, todos los novicios varones abandonaron sin previo aviso. Profundamente dolorido, oraba incesantemente ante el Santísimo Sacramento, y recibí una gran fuerza para seguir adelante. Poco tiempo después, hubo progresos: en 1994 el número de novicios llegó a ser más de 10. También invité a incorporarse a otros sacerdotes diocesanos. Poco antes de la Navidad de 1995, un sacerdote proveniente de otra diócesis pidió unirse a la congregación, que por fin tenía sus propios miembros. Al poco tiempo, ese sacerdote fue arrestado y encarcelado. Lo dejaron en libertad tres meses después, pero continuaron los controles policiales. El 23 de diciembre de 1996 acudí a un compromiso y cuando volví encontré mi casa allanada por la policía y ya no fue posible utilizar la casa como centro de evangelización. El 16 de enero de 1997, la casa madre de las hermanas también fue rodeada por más de 10 coches de policía y la congregación de las hermanas fue disuelta por primera vez. A partir de ese momento, la orden femenina comenzó una larga "peregrinación". Estaba comenzando un nuevo plan de Dios: dejar de ocuparme de la labor educativa en la universidad y dedicarme personalmente a la formación de los seminaristas. En septiembre de 1999 fueron ordenados sacerdotes los dos primeros seminaristas: veía en ellos la luz de una nueva fuerza diocesana. En 2000 y 2002, se ordenaron progresivamente otros 9 seminaristas, consolidando aún más la nueva fuerza de la diócesis”.

En la segunda quincena de abril de 2003, confiscaron la sede de los seminaristas y se llevaron la Eucaristía. Después de numerosas vicisitudes, con la misericordiosa ayuda de Dios, el Cuerpo de Cristo fue devuelto sin ser profanado.

En mayo de 2005, las autoridades policiales descubrieron de nuevo la sede de la congregación en Shenyang: casi 40 religiosas fueron expulsadas e incautaron la sede. En julio de 2008, durante los Juegos Olímpicos en China, otra pequeña comunidad en Shenyang fue allanada, detuvieron a 4 religiosas y las liberaron recién al día siguiente. La policía secuestró cerca de 20 paquetes de libros, cartas y documentos de todo tipo. Pero en 2011 la mayoría de las hermanas pudieron regresar a la casa madre.

A principios de 2014 se instituyó una versión provisoria de las reglas de la congregación.

"Como mi domicilio particular fue descubierto y estoy controlado por la policía desde noviembre de 2017, ya no he podido actuar con libertad y me vi obligado a abandonar todos mis asuntos, sin poder administrarlos públicamente".

“A principios de 2018 disolvieron nuevamente la comunidad de hermanas. Todavía no han conseguido reunirse en una gran comunidad y solo pueden vivir juntas en pequeñas comunidades. Sin embargo, damos gracias a Dios por habernos acompañado hasta hoy”

 

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