05/03/2018, 15.37
VATICANO - CHINA
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Somos escépticos sobre el acuerdo entre China y el Vaticano, pero no estamos ‘contra el Papa’

de Bernardo Cervellera

AsiaNews no es optmista ni pesimista, sino realista. De hecho, ya puede verse que los nombramientos de obispos efectuados “a dedo” conducen a la asfixia de la Iglesia. El “partido del optimismo” hace silencio frente a la destrucción de iglesias, la prohibición a los jóvenes de participar en el culto y el control estricto sobre sacerdotes y fieles. El programa al que apuntar – sin llegar a acuerdos-: favorecer la unidad de la Iglesia china; potenciar la formación de sacerdotes, religiosas y laicos; sostener la evangelización. El modelo de las comunidades protestantes subterráneas. El peligro de considerar a Iglesia católica subterránea como algo que debe ser “descartado”.

Roma (AsiaNews) – ¿Qué piensa AsiaNews del acuerdo entre China y el Vaticano? Es la pregunta que nos plantean algunos lectores frente al tema que actualmente agita a muchos católicos en todo el mundo.  

Como es bien sabido, hay un “partido de los optimistas” que ve este acuerdo –que atañe al nombramiento de los obispos y a nada más que eso: no se refiere a las relaciones diplomáticas entre Beijing y la Santa Sede, como tal vez se crea- como la panacea de todos los problemas de la Iglesia china, creando una mayor unidad, mayor evangelización, mayor inculturación (“sinización”).

También está el “partido de los pesimistas” que concibe que cualquier tratativa con Beijing es inútil, porque su gobierno “no es confiable” y porque el precio que habrá de pagarse por este acuerdo es la entrega de la Iglesia en manos del poder político, el cual continúa haciendo énfasis en “la independencia” de la Iglesia y sigue exigiendo a los obispos chinos que repitan en todo instante el mismo estribillo: “independencia”.

AsiaNews no es optimista, ni pesimista, sino escéptica. Y somos escépticos, por el hecho de ser realistas: porque miramos los hechos que suceden. Precisamente mientras las delegaciones vaticana y china están a punto de reunirse, hay iglesias que están siendo destruidas, jóvenes a quienes se les prohíbe ir a la iglesia, rige la prohibición de reunirse para orar incluso en la propia casa… Si un Partido tiene como programa la asfixia y la erradicación de la fe (de cualquier credo se trate), ¿qué interés podrá tener Beijing en este acuerdo, sino asfixiar, incluso a través del nombramiento “a dedo” de obispos, toda la vitalidad de la Iglesia en China? Ya desde ahora pueden verse señales preocupantes de ello: los sacerdotes no pueden encontrarse con los jóvenes; no pueden realizar campamentos ni retiros con ellos; los obispos que se encuentran en el exterior y en suelo patrio deben seguir al pie de la letra lo que el Partido les indica; las relaciones con los demás católicos no-chinos son controladas, filmadas, y vaciadas de sentido.  

Todos estos hechos que hemos mencionado –y que documentamos casi a diario- no hallan un espacio en los análisis, en las noticias, ni en los artículos de tantos “expertos” en China que militan en el “partido de los optimistas”. La suya es una fe ciega, que a nosotros nos parece una postura preconcebida, una posición ideológica.

Por el contrario, para nosotros la fe va de la mano de la razón y de la libertad religiosa, y un acuerdo que no garantice una mayor libertad religiosa es un mal acuerdo.

Lo más triste es que el “partido de los optimistas” -que considera que cualquier sobresalto del gobierno chino es prometedor- vea una “oscura trama” en las denuncias y noticias que nosotros publicamos, que están fechados y son hechos verificables. Y lo que es más, que tomen los hechos que publicamos como una “conspiración contra el Papa Francisco”  ocultando que precisamente el Papa Francisco siempre ha dicho que él quiere entablar un debate incluso con quien no está de acuerdo. Pero en nuestro caso, se trata justamente de seguir al Papa Francisco, ofreciéndole más factores a tener en cuenta y hechos para decidir, en lugar de ceñirse a lo que una posición ideológica ciega y algo mentirosa pueda ofrecer.  

Además, hasta ahora, nuestro papa siempre ha dicho que la Carta de Benedicto XVI a los católicos de China (del año 2007) “sigue siendo válida”. Y en esa Carta se dice que el principio de “independencia” de la Iglesia china “no es conciliable con la doctrina católica”. Esto significa que los obispos, e incluso aquellos reconocidos por el régimen, si quieren ser obispos de la Iglesia católica, no pueden proclamarla  [esta independencia] como algo obvio, digno de elogios. Y en la misma Carta, se dice que no se puede vivir en “permanente conflicto con las Autoridades civiles legítimas”, pero que “al mismo tiempo, sin embargo, no es aceptable una docilidad a las mismas cuando interfieran indebidamente en materias que conciernen a la fe y la disciplina de la Iglesia”.

 

Me pregunto quién está “en contra del Papa Francisco”.

 

Se entiende con claridad que una estación de distensión con el gobierno chino podría permitir que más estudiantes chinos pudiesen viajar a Italia para estudiar en las universidades pontificias u otras; que millones de turistas chinos podrían invadir la Capilla Sixtina; que hasta el IOR podría hallar la manera de colaborar con la segunda (y pronto primera) economía mundial. Sin embargo, todo esto no es sino una posibilidad remota. En cambio, hoy, frente a nuestros ojos, tenemos a cristianos, tanto oficiales como subterráneos, que sufren controles y represión, como si su religión fuese una peste de la cual el Partido tuviera que liberarse (cuando, por el contrario, es justamente lo que China necesita, estando en la cumbre de un desarrollo material, pero carente de alma).

¿Cuál es la propuesta de AsiaNews, en caso de no llegar al “histórico” acuerdo? Se propone esperar tiempos mejores, prosiguiendo en la “histórica” tarea de la reconciliación entre las dos comunidades de China, reforzando la formación y la evangelización. La reconciliación entre las comunidades oficiales y subterráneas es aquello que pedían Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y esto, sin que hubiese ningún acuerdo con el gobierno: la reconciliación y la unidad provienen de la íntima necesidad de la fe católica. Y los dos papas lograron llegar a ella, llevando a una reconciliación de casi todos los obispos, tanto con el pontífice como entre ellos. Algo que olvida el “partido de los optimistas” es que justamente esta unidad lograda, de casi el 90%, asustó a la Asociación Patriótica (AP), que retomó las ordenaciones ilícitas, sin mandato papal, obligando a los obispos en comunión con el Papa a participar en tales ordenaciones incluso con el uso de la fuerza policial, creando confusión y escándalo entre los fieles, mientras la AP se refregaba las manos, al ver renacer las divisiones.

Otra tarea es la formación de los sacerdotes, religiosas y laicos. Para esto, AsiaNews halla oportunidades de becas de estudio destinadas a jóvenes sacerdotes chinos, difunde los discursos del Papa en chino, así como publicaciones que refuerzan la espiritualidad de los fieles. Como nosotros, en el mundo hay muchas comunidades católicas que se dedican a este campo.

Por último, la evangelización. En esto, debemos aprender de los protestantes en China: sin que haya ningún acuerdo, los cristianos protestantes se propagan como un incendio. Y se propagan, sobre todo, las comunidades no reconocidas por el gobierno: las que son consideradas como parte del Movimiento de las Tres Autonomías (las comunidades oficiales) son cerca de 20 millones, pero hay 50 millones e incluso más que se reúnen en iglesias domésticas, abren seminarios, difunden publicaciones. Y esto aunque sean perseguidos, arrestados y sus iglesias sean arrasadas. Pero la evangelización no se detiene, y ellos tienen el consuelo, la ayuda y el sostén de muchas comunidades protestantes de todo el mundo… igual de hermoso sería que los católicos también tuviesen [esta misma ayuda] de la Iglesia universal.   

A propósito del “histórico” acuerdo, siempre se habla del “modelo de Vietnam”. Pero es necesario recordar que el gobierno de Hanói se rebajó a hacer pactos con el Vaticano, no por benevolencia, sino cuando vio que algunos obispos amenazaban con crear y hacer crecer las iglesias domésticas, los seminarios subterráneos y los obispos no oficiales.  

Mi tristeza es que en el diálogo entre China y el Vaticano, las razones y la vida de la Iglesia subterránea jamás han sido tomadas en cuenta, ni escuchadas: ésta se ha convertido en algo parecido al “descarte”, ese mismo contra el cual a menudo se descarga nuestro Papa Francisco. Y sin embargo, de ella forma parte la mayoría de los fieles en China. De 12 millones de fieles en total, según las estadísticas oficiales, 5 millones están en la Iglesia oficial; los otros 7 millones pertenecen a la Iglesia subterránea, un “descarte”, ante el cual uno no puede permanecer callado.

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