12/10/2018, 19.46
VATICANO
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Sínodo: formación, para hacer frente al fundamentalismo, corrupción y pérdida de las raíces propias

En las intervenciones de los delegados fraternos, se marcó la necesidad de favorecer en los jóvenes –a través de la oración y la ascesis- una relación personal, de amistad, con Cristo en tiempos que se caracterizan por “maestros improvisados que se autoproclaman detentores de la verdad. La llamada que Dios dirige a todos los jóvenes, para que sean mediadores y puentes, con la convicción de que “todos somos hijos amados de Dios”. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Una buena formación como antídoto contra las amenazas que se ciernen sobre los jóvenes, y que van desde el fundamentalismo a la corrupción y la pérdida de las raíces culturales propias. Este es fue uno de los temas recurrentes de esta mañana, en las intervenciones realizadas en el Sínodo de los obispos centrado sobre los jóvenes.

En el discurso de los obispos surgió el interrogante de cómo debe responderse al deseo de justicia inscripto en el corazón de los jóvenes. Ante todo, la idea es actuar apuntando a una buena formación cristiana y humana, pero con un enfoque que no sea exclusivamente “occidental”. Se invita a promover un cambio cultural: se requiere una mayor atención al tema de la migración, la pobreza y la pérdida de las raíces culturales, que aflige a tantos jóvenes en los países del hemisferio sur. Asimismo, es de estos lugares de donde surge el alegre testimonio de la fe: por ejemplo, en algunos países africanos, el hecho de que un joven aspire a la vida consagrada o sacerdotal es una alegría para la familia y la sociedad.

Fue conmovedor el testimonio de un iraquí, que habló de una vida cotidiana signada por amenazas, violaciones asesinatos, huídas, como la de los 120.000 fieles de la Llanura de Nínive, sometidos a la amenaza del ISIS. El mayor temor –confesó- es que, al perder la confianza en el futuro, Irak un día termine vaciándose de cristianos.  

También fueron significativas las intervenciones que hicieron los delegados fraternos. Luego del discurso pronunciado esta mañana por el Rev. Tim Macquiban, director de la Methodist Ecumenical Office, en el cual se puso de manifiesto el valor de los movimientos laicales, por la tarde, tomaron la palabra 6 exponentes de diversas confesiones cristianas. El Metropolita de los Dardanelos en los Estados Unidos, Nikitas Lulias, que participó en representación del Patriarcado Ecuménico, invocó una nueva ola de frescura, un nuevo soplo del Espíritu Santo que ayude a los cristianos a presentar la fe a los jóvenes sin fórmulas rígidas, respetando la verdad del Evangelio.  Por su parte, el obispo Atanasio de Bogdania, delegado de la Iglesia Ortodoxa Rumana, puso de relieve la necesidad de favorecer en los jóvenes –a través de la oración y la ascesis- una relación personal, de amistad con Cristo, en tiempos que se caracterizan por [la presencia de] “maestros improvisados que se autoproclaman detentores de la verdad”.  

En nombre de la Federación Luterana Mundial, la joven alemana Julia Braband recordó que los jóvenes no sólo son el futuro, sino también el presente de la Iglesia, y que por lo tanto deben ser mirados a los ojos, y hay que escucharlos y hacerlos partícipes.  El representante valdense de la Comunión Mundial de las Iglesia Reformadas, Marco Alfredo Fornerone subrayó la “sorprendente cercanía” con el Sínodo, que sintió durante estos días en el Vaticano, e invitó a “atreverse a ir hasta el fondo en la apertura y la escucha”, porque –observó- la realidad es más importante que la idea”. Otra joven presencia femenina, representante del Consejo Mundial de Iglesias,  Martina Viktorie Kopecka enfocó su atención en la atención a la llamada que Dios dirige a todos los jóvenes, pidiendo que sean mediadores y puentes, con la convicción de que “todos somos hijos amados por Dios”. Por último, el obispo anglicano de Nairobi, en Kenia, Joel Waweru Mwangi, expresó su aprecio por la manera en que la Iglesia Católica y el Papa escuchan a los jóvenes. Los efectos de la destrucción de la familia –advirtió- serán catastróficos, a la par de los cambios climáticos- y como cristianos, se nos llama a denunciarlos. La importancia de la familia y de los formadores, raíz que los jóvenes –cual ramos de olivo-  necesitan para crecer, fue un tema que resurgió ampliamente en las palabras pronunciadas por los Padres sinodales. 

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