Los uigures conmemoran el 15º aniversario de la masacre de Urumqi

El WUC organizó manifestaciones para rendir homenaje a las víctimas de la represión más violenta de Beijing contra la minoría musulmana. Un activista denuncia "políticas" que "dan lugar a crímenes contra la humanidad y genocidio". Ningún musulmán de Xinjiang pudo participar en el Hajj. Campos de “sinización” y “reeducación” durante las fiesta del Eid.

por Dario Salvi

Urumqi (AsiaNews)- En el 15º aniversario de la masacre, el Congreso Mundial Uigur (WUC) organizó una conmemoración de las víctimas de la violenta represión llevada a cabo por Beijing contra miles de manifestantes pacíficos en Urumqi. La población local había organizado una marcha hacia la Plaza del Pueblo, en el centro de la ciudad, para manifestarse contra la forma en que el gobierno chino había actuado en los incidentes ocurridos previamente en Shaoguan que habían dejado un saldo de viarios uigures muertos, a manos de una multitud de trabajadores chinos, durante una disputa. En un comunicado, el presidente del WUC, Dolkun Isa, afirmó que la "masacre" ha sido uno de los "episodios más oscuros de la historia del pueblo uigur". “La dura represión del gobierno a la protesta - dijo - ha marcado un punto de inflexión fundamental e intensificó la represión contra el pueblo uigur que trajo como consecuencia el actual genocidio”.

Para conmemorar la masacre de Urumqi y pedir que terminen las actuales violaciones de los derechos humanos, las comunidades de toda la diáspora uigur en el mundo organizaron una serie de protestas el 5 de julio. El WUC exhortó a la población a unirse a las manifestaciones como señal de solidaridad con la causa de la minoría étnico-religiosa del noroeste de China, subrayando la responsabilidad directa de Beijing en las persecuciones. El Congreso sostiene que el fracaso de la comunidad internacional a la hora de poner límites al gobierno chino es lo que le permite continuar con "actividades políticas" que dan lugar a "crímenes contra la humanidad y genocidio en el Turkestán Oriental". Esa inercia también se ha puesto de manifiesto en las últimas horas, cuando China ha rechazado con indignación las recomendaciones de Occidente en materia de derechos humanos tras la revisión rutinaria de las Naciones Unidas, afirmando que dichas condenas no se basan en derechos sino en "motivaciones políticas".

La etnia uigur vive en la región autónoma de Xinjiang, al norte de China, es de lengua túrquica y religión musulmana, y denuncia una fuerte represión lingüística, cultural y religiosa por parte del gobierno central chino. A lo largo de los años se han producido numerosos enfrentamientos violentos. Beijing afirma que en la zona viven extremistas islámicos que tienen objetivos independentistas; los activistas locales acusan a las autoridades chinas de provocar deliberadamente tensiones étnicas con un control excesivo y políticas "racistas" contra la comunidad.

El episodio más grave ocurrió el 5 de julio de 2009, y desencadenó, en las semanas y meses siguientes, una durísima ola de represión por parte de las autoridades centrales chinas, que incluso recurrieron a la pena de muerte contra los presuntos responsables. En esa fecha, hace 15 años, algunas manifestaciones pacíficas de protesta en Urumqi degeneraron en enfrentamientos étnicos entre musulmanes y chinos han. En respuesta, la policía y el ejército sofocaron las tensiones efectuando miles de arrestos. Los uigures acusan a los han de haberlos colonizado, ocupando todos los puestos clave en el comercio y la administración pública. Ese levantamiento fue el más violento registrado en la historia de la región occidental de China.

Beijing aprovechó los enfrentamientos, que dejaron más de 200 muertos y 1.700 heridos, para reforzar el control militar en la zona. En las semanas siguientes las autoridades informaron que se habían efectuado cerca de 1.400 arrestos entre la población uigur, a los que consideraba responsables de las protestas. En realidad, la población local denunció un número mucho mayor de arrestos, al menos 20.000, y que la policía detenía a los transeúntes por el mero hecho de estar en la calle, sin dar ninguna explicación.

Una de las figuras más activas en aquel momento en la denuncia de la violencia era Rebiya Kadeer, líder uigur encarcelada durante años en China por crímenes de opinión y obligada a exiliarse en Estados Unidos, quien negó el carácter terrorista y armado de la protesta, insistiendo en la naturaleza “pacífica” de la disidencia. “China - declaró entonces - no tiene derecho a hablar de 'ataques terroristas' mientras no permita a sus ciudadanos la libertad de expresión y de reunión. Además, China debe poner fin a los arrestos arbitrarios, las ejecuciones injustas y la tortura en las cárceles".

Por último, la persecución de la que son víctimas tiene también un componente confesional, confirmado por la ausencia de musulmanes uigures en el Hajj, la gran peregrinación a La Meca que concluyó recientemente. Así lo informaron la Islamic Association of China y numerosos expatriados, según los cuales Beijing no ha concedido permisos para participar en uno de los cinco pilares del Islam, mientras que 769 peregrinos de Gansu y 284 de Yunnan recibieron luz verde para ir a Arabia Saudita. La última vez que un uigur pudo participar en la gran peregrinación fue en 2016. Finalmente, el mes pasado, con motivo de la festividad musulmana de Eid al-Adha (Fiesta del Sacrificio), la policía y las fuerzas de seguridad de la región establecieron campos de "reeducación" donde “proyectaban a la población películas de “ideología comunista” y allanaron viviendas para reprimir las actividades religiosas. Beijing está tratando de debilitar la identidad étnica y religiosa de los uigures y forjar su lealtad al Estado chino y al Partido Comunista. “Pareciera que están intentando sinicizar el Eid”, afirmó Erkin Ekrem, profesor de la Universidad Hacettepe de Ankara, Turquía, y vicepresidente del Congreso Mundial Uigur.

 

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