Sor Meena Barwa: Volverse ‘hermana’ de 10 reclusos

Junto a ella, 19 mujeres fueron a una prisión de Madya Pradesh para celebrar con 89 reclusos la fiesta del Raksha Bandhan -en la cual se festeja el vínculo entre hermano y hermana- y volverse “hermanas” de los presos. “Habitualmente nosotros despreciamos a esta gente que está en prisión, y pensamos que ellos se merecen su castigo”. “Ellos son seres humanos que se han equivocado”. Las edades de los presos van de los 20 a los 50 años.

por Nirmala Carvalho

Bombay (AsiaNews) - Sor Meena Barwa, junto a otras tres monjas y 16 mujeres católicas, ayer fue a una prisión de Madya Pradesh para atar un “rakhi” en la muñeca de varios reclusos, una ceremonia simbólica a través de la cual se vuelven “hermano y hermana”. Sor Meena ató su rakhi a “diez hermanos”.

Sor Meena es una sobreviviente de los hechos de violencia y de las violaciones cometidas durante el pogromo anticristiano llevado a cabo en Kandhamal (Orissa) en 2008. El rito celebrado es el del Raksha Bandhan (en hindi: “el lazo de la protección”). Éste se vincula a la homónima fiesta hindú –que se conmemora hoy- en la cual se celebra el vínculo entre hermanos y hermanas. Durante la fiesta, las hermanas atan un rakhi (un “lazo sagrado”) a la muñeca de sus hermanos. Se ha vuelto común celebrar también todas las relaciones de amistad entre hombre y mujer, aunque no haya un vínculo biológico entre ambos.  

El gesto practicado ayer por las monjas y fieles en la prisión es un modo de difundir la amistad y la dignidad entre los detenidos.

Sor Meena explica a AsiaNews: “Estaba muy emocionada, y también en paz. Me embargó un sentimiento de compasión hacia estas personas. Ellos son seres humanos que se han equivocado y por eso están presos, pero también ellos tienen hermanas, también ellos tienen una familia”.

“Habitualmente nosotros despreciamos a esta gente que está en prisión, y pensamos que ellos se merecen su castigo. Es raro que pensemos algo positivo sobre ellos”.

“Fue la primera vez para mí. Otras tres hermanas, 16 mujeres y yo fuimos a la prisión y atamos el rakhi a 89 detenidos. Programamos esto de un modo muy simple: atar el rakhi, cantar dos canciones, marcar sus frentes con el típico polvo rojo y servir algunos dulces”.  

Tras haber obtenido el permiso, llegamos a la prisión alrededor de las 11 de la mañana. Era un día límpido y luminoso. Los prisioneros que visitamos tienen edades que van de los 20 a los 50 años.

Apenas comenzamos a cantar, los hombres empezaron a llorar y siguieron llorando aún más cuando atamos los rakhi a sus muñecas. Me conmoví, y mi corazón se llenó de compasión y de amor. Muchas de nosotras lloramos con ellos.

En el pasado tuve que estar con los presos –debía identificar a mis acusadores- y en esa oportunidad temía que me atacasen. Esta vez sentí que ellos son seres humanos como nosotros y que tienen nuestros mismos sentimientos. Ahora comprendo más que ellos son mis hermanos. Luego de la visita y del rakhi, están presentes en mi mente y pienso en sus familias, en su futuro, en la posibilidad de que sean nuevamente aceptados en la familia y en la sociedad. Muchos de ellos son jóvenes… ¿qué será de su futuro?”.

“Para mí –concluye sor Meena- ha sido como sanarme del violento trauma que sufrí 9 años atrás, en este mismo mes. Me invadió una gran paz”. 

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