Con 50.000 armenios en fuga, Erdogan ahora quiere un 'corredor' entre Ankara y Bakú

Nagorno Karabaj ha quedado resuelto y ahora el presidente turco presiona para establecer una conexión con Azerbaiyán que involucra el enclave azerbaiyano de Najicheván. Está en juego la provincia armenia de Syunik y Erdogan también habla de señales "positivas" de Irán. El éxodo armenio de Stepanakert no se detiene: casi la mitad de la población ha abandonado casas y tierras. Denuncian crímenes, abusos, funerales y bodas celebradas apresuradamente.

por Dario Salvi

Estambul (AsiaNews)- Un corredor que conecte Turquía con Azerbaiyán, a través de Armenia. Después de Lachín, este parece ser el nuevo frente de tensión en el Cáucaso, donde se está produciendo un éxodo masivo de armenios de Nagorno-Karabaj, ahora bajo control de Bakú, y en el que Ankara juega un papel cada vez más hegemónico tras la retirada de Moscú, ocupada en el frente ucraniano. El presidente Recep Tayyip Erdogan considera como un hecho consumado una ruta terrestre que una a los dos países aliados y, según dice, incluso Irán, el nuevo actor en este complicado juego geopolítico, considera "positivamente" esa conexión. En realidad Teherán mira con recelo, si no abierta hostilidad, el creciente activismo del antiguo Imperio Otomano.

A su regreso del enclave azerbaiyano de Najicheván, Erdogan reiteró el deseo de su país de crear un corredor a través del cual Ankara pueda fortalecer -con una conexión directa- sus vínculos comerciales con Bakú y Asia Central. “La creación de este corredor - afirmó el presidente - es muy importante para Turquía y Azerbaiyán. Es una cuestión estratégica y se debe concretar". En el pasado, Teherán se ha opuesto al proyecto argumentando que cortaría las rutas de transporte que conectan la República Islámica con Armenia, y que alimentaría las tendencias separatistas de los azerbaiyanos en el norte de Irán. Sin embargo, sin dar más detalles sobre su naturaleza, Erdogan dijo que "es agradable ver señales positivas de Irán sobre este tema".

La cuestión gira en torno al llamado corredor Zangezur, que conectaría el enclave azerbaiyano de Nakhchivan, que confina con Turquía, con el Azerbaiyán continental, a través de la provincia de Syunik, en el sur de Armenia. Najicheván es un enclave que quedó separado del territorio continental azerbaiyano tras la ocupación soviética del Cáucaso meridional en 1920; representa aproximadamente el 6% del territorio de Azerbaiyán y tiene una población de 460.000 habitantes, en su mayoría azerbaiyanos pero también de etnia rusa. Armenia ha cerrado las conexiones de energía, electricidad y transporte - incluidas carreteras y ferrocarriles - con Nakhchivan, dejándolo sin gas durante muchos años. En este momento las únicas conexiones disponibles por tierra pasan a través de Irán o Turquía.

Ereván está en contra del proyecto porque violaría su soberanía, en momentos en que la oposición interna ya protesta por la pérdida de Nagorno-Karabaj. Sin embargo, Erdogan parece tener la solución a mano: “Si Armenia - afirma - no allana el camino [para el corredor], ¿por dónde pasará? Pasará a través de Irán", que "considera positivamente el plan". “De esta menera sería posible - añade - pasar desde Irán hacia Azerbaiyán”.

El presidente turco concluyó prometiendo crear "lo antes posible" el corredor de Zangezur [un territorio de aproximadamente 30 km de ancho, ndr.] Tendremos una conexión ininterrumpida por carretera y ferrocarril - concluyó - con nuestro amigo y hermano Azerbaiyán [de Ilham Aliyev] a través de Najicheván". Una manera de reactivar, con más fuerza si cabe, el famoso eslogan "una nación, dos Estados", mientras en el Cáucaso la lengua y la hegemonía turcas parecen estar sustituyendo a las rusas, en una radical alteración del equilibrio de poder.

La reconquista por parte de Bakú de la región de Nagorno-Karabaj, que en gran medida se consideraban bajo ocupación armenia según varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, ha provocado un incremento de la tensión entre los azeríes y Teherán. Los ayatolás, en efecto, miran con recelo y desconfianza a la minoría azerí del norte, y ya tienen más de una preocupación con los kurdos tras la muerte de Mahsa Amini,  y con los baluchis (sunitas) en el sureste. A esto se suma el viejo enfrentamiento con Azerbaiyán por la explotación de yacimientos en litigio, que corre el riesgo de alimentar las tensiones entre ambos frentes, involucrando precisamente a Turquía.

Mientras tanto, la población civil armenia es la que paga las consecuencias de estos juegos de poder e intereses contrapuestos. Hasta el momento los desplazados de Nagorno-Karabaj han superado los 50.000, casi la mitad de la población que vivía en la región. Algunos de ellos se han refugiado en Armenia en casa de amigos o familiares, mientras que los que todavía no han querido cortar los lazos con una tierra que consideran propia han sido acogidos en el centro de Kornidzor, cerca del corredor de Lachin. En este marco de tensión y desesperanza - en el que la mayoría de los armenios no creen o no aceptan las propuestas de convivencia procedentes de Bakú - se difunden crónicas - miles, según algunas fuentes - de crímenes contra civiles y funerales y bodas apresuradas, para honrar a los difuntos con una última despedida o para escapar juntos hacia un futuro incierto.

«Cualquier agresión contra civiles es inaceptable - denuncia Alistair Dutton, secretario general de Caritas Internationalis -. Los que huyen de esta crisis deben recibir asistencia humanitaria. Se debe garantizar la protección de los desplazados y respetar plenamente sus derechos, incluidos los de paso seguro y libertad de circulación. Las personas también deben tener libertad para permanecer en sus hogares, y los que han huido deben poder regresar si lo desean."

(Imagen tomada de las redes sociales del Ministerio de Defensa turco).

 

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