Al Sabaileh: en Gaza, 'intento de peace-enforcing"; el desarme de Hamás es el problema central

El académico jordano explica a AsiaNews que, después de superar el paso aparentemente más sencillo de devolver los rehenes vivos, han comenzado a plantearse los problemas más críticos. El movimiento se niega a entregar las armas y la creación de una fuerza internacional para supervisar la tregua está paralizada. Es necesario superar la "lógica de conflictos y tensiones regionales" para crear un "futuro de paz" a nivel "cultural y no sólo económico".

por Dario Salvi

Milán (AsiaNews) - Las tensiones de los últimos días en Gaza, con enfrentamientos armados a los que siguieron fuertes ataques del ejército israelí, son "normales", porque "hemos superado la fase más sencilla, la del retorno de los rehenes con vida", y ahora emerge con fuerza "el problema actual: cómo llegar a la fase 2, sobre todo lo que se refiere al desarme de Hamás", explica a AsiaNews el profesor y geopolítico Amer Al Sabaileh - experto en temas de Oriente Medio, seguridad internacional y políticas de procesos de paz en zonas de crisis, colaborador de varios medios, entre ellos The Jordan Times - con respecto a los recientes acontecimientos en la Franja.

En realidad el movimiento, prosigue el académico, ha mostrado "poca intención de hacerlo. Por el contrario, ha creado una situación problemática en términos de seguridad interna y de la devolución de los cadáveres de los rehenes muertos". De esa manera, "aprovechó esta transición entre la primera y la segunda fase" del plan de paz del presidente estadounidense Donald Trump para "imponer su presencia como fuerza preeminente en el escenario palestino". La "presión" ejercida por Washington permitió el regreso de los rehenes vivos, pero, advierte, "tenemos un serio problema para la segunda parte, que nunca se resolverá políticamente mientras Hamás no acepte el desarme por su propia voluntad".

La cuestión de la entrega de armas de Hamás,vinculada a la reciente ola de violencia en Gaza con su carga adicional de muertes — más de un centenar según fuentes de la Franja, muchos de ellos civiles y también niños — sigue siendo fundamental para el futuro. Según una encuesta publicada por el Palestinian Centre for Policy and Survey Research (Pcpsr), que se llevó a cabo entre el 22 y el 25 de octubre y entrevistó a unos 1200 palestinos, de los cuales 760 en Cisjordania y 440 en la Franja, la gran mayoría (alrededor del 70%) está en contra del desarme. Con una diferencia sustancial y significativa: la oposición es más fuerte en los Territorios ocupados, donde alcanza el 80%, mientras que en la Franja —donde la población está bajo el control de Hamás— los contrarios son poco más de la mitad (el 55%). También cabe señalar la decisión del presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen, de establecer el proceso de sucesión en caso de cargo vacante, nombrando "guía temporal" al actual vicepresidente Hussein al-Sheikh.

Volviendo a la situación de frágil tregua en la Franja y al activismo diplomático de Estados Unidos y de los Países del Golfo de las últimas semanas, el académico jordano subraya "la presión ejercida por Qatar, sobre todo después del ataque [israelí], que obligó a Hamás a actuar de manera diferente". "La cuestión de los rehenes vivos —prosigue Amer Al Sabaileh— era la más fácil, ahora el aspecto más problemático es convencer a [los líderes] de que se desarmen o abandonen Gaza. Esto no sucederá fácilmente, por lo que los israelíes permanecerán en el terreno operando [como ocurrió en los últimos días, ndr] según sus necesidades de seguridad, siguiendo la misma línea que en el Líbano, donde se arrogan el derecho de llevar a cabo operaciones, ataques y eliminaciones selectivas".

Al desarme de Hamás se suma también la cuestión de la fuerza internacional destinada a patrullar la Franja, cuya composición y plazos de definición siguen siendo vagos, además de ser un elemento de tensión con Israel, que ha vetado a algunos países, empezando por Turquía. Al respecto, el experto explica que "todavía no estamos en una fase de mantenimiento de la paz (peace-keeping), sino más bien en un intento de 'imposición de la paz' (peace-enforcing) pero no se descarta, como ya ha dicho, que el presidente estadounidense autorice al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu a terminar el trabajo".

"Estamos en una fase en la que se presentan dos escenarios: la intervención militar de Israel cuando lo considere necesario y el surgimiento de milicias palestinas que combatan contra Hamás. Es un momento crítico —advierte— y la falta de medidas para imponer la paz (peace-enforcing) creará cada vez más confusión interna". En cuanto a los países que podrían formar parte de esta "fuerza", observa Al Sabaileh, "creo que todos los países que tienen un pacto de paz con Israel podrían integrarla", aunque el Estado judío no quiere "ni a Turquía ni a Qatar" por una "falta de confianza". En este sentido, afirma, es prematuro pensar en una fuerza al estilo de Unifil en el Líbano, porque hoy el primer objetivo es garantizar que no vuelva a estallar el conflicto tolerando enfrentamientos de baja intensidad o la actividad de milicias que luchan entre sí.

Persiste el problema de una mayor implicación de otros países en un marco de crisis, que también es otro de los objetivos de Trump, quien busca países "de mayoría islámica, incluso no árabes como Indonesia, que es el más grande de mayoría sunita, o Azerbaiyán para los chiitas". Esta implicación también pasa, aunque no necesariamente, por los Acuerdos de Abraham, en los que sigue siendo clave el papel de los Estados del Golfo. "Una normalización —subraya— también podría ser importante en una perspectiva de reconstrucción, de futuras relaciones comerciales, económicas, y de cooperación a nivel geográfico". Un ejemplo es el Imec, el corredor India-Europa (India-Middle East-Europe Economic Corridor), que "pasa precisamente por los Países del Golfo, sobre todo Arabia Saudita que, a diferencia de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), todavía no tiene un proceso de paz con Israel". Por eso, advierte, "siempre será importante no solo poner fin a la guerra y superar este patrón de conflictos y tensiones regionales, sino también crear un futuro de paz tanto a nivel cultural como económico".

Para lograr este objetivo o crear las condiciones para que esto suceda, el académico apoya la posición que ha expresado varias veces recientemente el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, según el cual son necesarios nuevos líderes en ambos frentes. "Estamos a punto de entrar en una nueva fase — explica — en la que se requiere una nueva retórica, una nueva narrativa, nuevas visiones y sobre todo nuevas mentalidades y nuevos líderes. Muchos, hasta ahora, solo han perdido el tiempo y no han logrado imponer una paz — advierte — que no puede ser solo un concepto teórico, sino que debe implantarse con el esfuerzo, con el trabajo, con la dedicación. A muchos les faltó el coraje y ahora pertenecen a una fase que se ha cerrado"; en su lugar deben "emerger caras nuevas, de lo contrario —concluye— no podremos avanzar hacia el desarrollo de relaciones regionales o abrir una nueva fase que ponga fin a los conceptos de milicias, armas y guerra".

 

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