El Papa Francisco «centinela» de los valores de unidad y diversidad en el Líbano

Líderes civiles y religiosos rindieron homenaje a la memoria del pontífice argentino. Bajo su liderazgo, la Iglesia ha completado los esfuerzos iniciados por sus predecesores para acercar el islam y el cristianismo frente a la escalada del fundamentalismo. De la crisis bancaria a la explosión del puerto de Beirut, la cercanía del Papa frente a las grandes tragedias de la historia reciente del país.

por Fady Noun

Beirut (AsiaNews) - Sorprendidos por su repentina muerte, los responsables civiles y eclesiásticos del Líbano rindieron homenaje, al unísono, a la memoria del Papa Francisco, fallecido el lunes de Pascua. Con este motivo se proclamaron tres días de luto nacional. El Presidente Joseph Aoun, cuya elección en enero de 2025 fue acogida con satisfacción por el Vaticano, viajará a Roma para asistir al funeral previsto para el sábado 26 de abril. «Nunca olvidaremos sus repetidos llamamientos a proteger Líbano y preservar su identidad y diversidad», escribió el presidente Aoun en X (ex Twitter). El presidente del Parlamento, Nabih Berry, lamentó que Francisco se haya ido «en un momento en que la humanidad necesita urgentemente la palabra que une». El líder chií también elogió «su profundo sentido de la justicia». Al mismo tiempo, los libaneses apreciaron especialmente los repetidos llamamientos del pontífice para poner fin a la guerra en Gaza.

Para defender la diversidad en Líbano y la armonía asociada a la coexistencia de cristianos y musulmanes, el Vaticano y el propio Papa Francisco han seguido una política inaugurada por Juan Pablo II. En el plano eclesial interno, el pontífice ha hecho todo lo posible para ayudar a las Iglesias orientales a salir de su aislamiento pastoral. Con este fin, llegó a invitar a los Patriarcas orientales al Vaticano para una jornada de recogimiento y oración el 2 de julio de 2021. Durante el encuentro, el Papa lamentó «las oportunidades perdidas en el camino hacia la fraternidad, la reconciliación y la plena unidad» de los cristianos orientales. «El futuro será pacífico sólo si es común», prosiguió Francisco, lanzando también una advertencia a la clase política que antepone sus propios intereses al bien común.

En 2023, sus problemas de rodilla sirvieron en parte de pretexto para cancelar una visita al Líbano. De hecho, el ambiente de fin de reinado -incluido el final del mandato presidencial de Michel Aoun- había agriado las relaciones entre las fuerzas políticas cristianas, hasta el punto de disuadir al Vaticano de realizar una visita que habría sido vista -o explotada- como una victoria de un bando sobre el otro. Estas divisiones persistieron durante el viaje al País de los Cedros del Secretario de Estado vaticano, Card. Pietro Parolin, en 2024 y han impedido que los líderes políticos cristianos se reúnan todos juntos en la sede patriarcal maronita de Bkerké.

Desde 2013 en la cabecera del Líbano

A nivel pastoral, el Papa Francisco ha mostrado su preocupación personal por el Líbano desde su elección en 2013. Uno de los signos más tangibles de esta preocupación fue cuando confió las meditaciones del primer Vía Crucis de su pontificado a un grupo de jóvenes libaneses bajo la dirección del card. Béshara Raï, cabeza de la Iglesia maronita.

Los mensajes dirigidos al País de los Cedros se multiplicaron a medida que la nación atravesaba crisis; en particular desde 2019, fecha del colapso bancario que privaría a los ciudadanos de a pie y a las instituciones de sus fondos y ahorros, sumiendo a cientos de miles de libaneses en la penuria o la pobreza. 

Un mes después de la dramática explosión en el puerto de Beirut, el 4 de agosto de 2020, el Papa pidió «una jornada universal de oración y ayuno por el Líbano» y envió al Card. Parolin a visitar el Líbano. Y durante la guerra total lanzada por Israel contra Hezbolá en octubre y noviembre de 2024, el pontífice pidió regularmente a su representante en el Líbano, el nuncio apostólico monseñor Paolo Borgia, que estuviera presente entre las poblaciones cristianas afectadas del sur del Líbano.

En la estela de sus predecesores

En el plano teológico y diplomático, bajo el papa Francisco la Iglesia católica ha completado los esfuerzos iniciados por sus predecesores para acercar el islam y el cristianismo en un momento de creciente fundamentalismo. En particular, el pontífice logró reunirse con las dos grandes autoridades religiosas del islam suní y chií: el imán de Al-Azhar, Ahmad el-Tayyeb (en 2016), y el gran ayatolá Ali al-Sistani en marzo de 2021, con ocasión de su viaje apostólico a Irak.

Esta labor fue iniciada en 1995 por el Papa Juan Pablo II, con la convocatoria de una asamblea especial del Sínodo de los Obispos dedicada al Líbano. Al elaborar la exhortación apostólica postsinodal, el gran pontífice polaco puso la primera piedra de un modelo de sociedad multicultural ofrecido tanto a Oriente como a Occidente. Desgraciadamente, la «satelización» del Líbano por Siria, luego Irán, y la ocupación por Israel de una parte de su territorio, frustrarían más tarde todos los esfuerzos de cooperación islámico-cristiana para reconstruir un Líbano amigo dañado por la guerra civil.

La exhortación apostólica «Una nueva esperanza para el Líbano» (1997) fue seguida de una segunda asamblea. Ésta tuvo lugar bajo el pontificado de Benedicto XVI y estuvo dedicada a todo Oriente Medio. Una vez más, se eligió el Líbano para lanzar la exhortación postsinodal. Los llamamientos a la unidad de los cristianos y a la fraternidad islamo-cristiana fueron más fervientes que nunca. Sin embargo, llegaron tarde: la sinergia de las Iglesias orientales tardaba en surgir y se avecinaba un gran cambio geopolítico: la «Primavera de Damasco» pronto comenzaría a ahogarse en sangre, marcando el inicio de una larga guerra civil (2013); al mismo tiempo, en agosto del año siguiente, el grupo yihadista radical Estado Islámico (EI, antes Isis) se disponía a establecer un califato en gran parte del territorio iraquí y sirio, provocando la expulsión o el éxodo voluntario de casi 120.000 cristianos de la llanura de Nínive.

Sin embargo, Francisco nunca se ha mostrado derrotado ante estas adversidades. Al contrario, el pontífice lanzó un potente contraataque visitando Israel, los Territorios Palestinos Ocupados (Cisjordania) y Jordania en mayo de 2014. Su pontificado estuvo marcado entonces por un acercamiento sin precedentes a al-Azhar, coronado en abril de 2017 por una visita a El Cairo en la que surgieron varias resoluciones significativas: entre otras, la que pedía la abolición de la «dhimmitud», neologismo para designar la actitud de sumisión de los no musulmanes a los fieles del islam; y de nuevo, la introducción del principio de igualdad civil entre cristianos y musulmanes en las sociedades islámicas.

En febrero de 2019, el papa Francisco eligió un país islámico, Abu Dabi, símbolo de la apertura a la modernidad de los Estados del Golfo, para lanzar con el imán de Al-Azhar el «Documento sobre la fraternidad humana», texto fundador de las relaciones entre musulmanes y cristianos. Sin embargo, la recepción de esta Declaración, seguida de una encíclica en el mismo sentido, Hermanos todos, sigue siendo lenta y trabajosa. No por ello se considera en vano y muchos esperan que inspire la nueva Constitución, actualmente en curso de redacción en Siria.

 

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